Sigue la preventa de nuestro nuevo libro: “Messi, sentimentalmente nuestro”. 12 relatos que atraviesan la carrera de Messi en la selección. Les compartimos como adelanto el prólogo de Octavio Gencarelli.
“Quedarse es tan triste como irse, el que tiene una certeza solo sabe equivocarse” dice “Convalescencia en Valencia” (2004), poesía del rock nacional argentino post crisis. La canción retrata la ola migratoria de ese principio de siglo en el país. Mientras los medios y la política debatían como repatriar la fuga de cerebros y talento, un pibe gritaba desde Barcelona. En silencio representó el éxodo masivo, cruzó el charco para resolver los problemas que acá que no le supieron/quisieron solucionar, solo apenas un año antes del estallido.
Lo conocimos en su dimensión tempranamente, yo tenía nueve años en 2005 cuando se ganó la titularidad en el mundial juvenil de Holanda. El entusiasmo fue instantáneo. Consolidé mis deseos en la adolescencia cuando en Barcelona le tiraban balones de oro por la cabeza, y me rompí en llanto, a los dieciocho, cuando Alemania y Götze parecían ajenos a la poesía argentina.

Esas eliminaciones y esas finales se empezaron a sumar, y en el fútbol es muy fácil confundir derrotas con fracasos. De pronto esa palabra titulaba los diarios de todo el mundo, cuando Messi se ponía nuestra pilcha.
Y es que es llamativo el tramposo ejercicio de quitarle la camiseta argentina a la carrera de Messi, casi no hay tropiezos ni deseos postergados, todo marcha en orden, es todo color de rosa como la casaca que viste en Miami.
Pero eso no pasó, ni va a pasar, porque él se encargó de que lo veamos. y nosotros lo vimos. Su andar, su tono, su acento, y su zurda eran de acá: “Porque una voz querida cruza el mar y toca fibras íntimas”, anticipa el estribillo. Aunque Barcelona no sea Valencia, esos retornos eran tan geniales como crueles, y en ese ambiguo y profundo sentimiento se forjó su historia, nuestra historia.

Fue un cruce generacional entre ex compañeros devenidos en técnicos, históricos acompañantes de ruta y pibes que crecieron con él, los que lo ayudaron a lograrlo. Cuando se decía que no había país que le rinda culto al fútbol como Argentina, Messi fue quien se encargó de evidenciarlo, porque el festejo de su máxima conquista duró días y sacó a millones a las calles. Un exagerado como yo diría que unió a un pueblo y solamente recordarlo y escribirlo me emociona.
Lo bueno pasa rápido dicen, y cada tanto el arte se anima a frenar el tiempo. “Sentir que es un soplo la vida, que veinte años no es nada”, expresa «Volver» (1935). “Vivir con el alma aferrada a un dulce recuerdo que lloro otra vez”, remata sin piedad.
Tanto una convalescencia del rock post crisis, como un tango casi centenario, habitan precisos el mismo universo emocional que Messi, sería justo pensar que solo la poesía argentina puede anticipar y explicar lo Sentimentalmente nuestro, y quizás las siguientes lecturas también.
Octavio Gencarelli
Twitter: (@OctaGencarelli)
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