Ernesto Rodríguez III, investigar para contarlo

A un año de su fallecimiento, recordamos y homenajeamos a Ernesto Rodríguez III. Una persona fundamental para lectores, colegas y amigos. Escribe Esteban Bedriñán.

“…Hoy no me vengan con que son cosas que pasan, que el destino, que somos piezas minúsculas que el cosmos lleva y trae, que a lo mejor Dios necesitaba otro ángel en el cielo (…) El tipo era joven, noble, vital hasta los tuétanos y le encantaba merecer, como merecía, estar por aquí abajo, así de vigoroso, de deseoso y de dichoso… El tipo amaba a su familia, a su mujer, a sus hijos, a su padre y a la dinastía de los Ernesto Rodríguez y por eso guay que no aclararan que él era el III. El tipo amaba a sus amigos, amaba al periodismo, amaba la docencia, amaba a sus alumnos, amaba investigar, amaba la justicia, amaba amar, el tipo…”

Walter Vargas 13/09/2019

En la madrugada del 13 de septiembre de 2019, producto de un AVC, falleció Ernesto Rodríguez III a los 50 años de edad, tras descomponerse más temprano mientras daba una clase en la escuela de comunicación ETER. Gran esposo y compañero de Agustina, padre amoroso y dedicado de dos hijxs, su partida dejó un hueco imposible de llenar no solo en su familia sino en el periodismo argentino.

Se describía a sí mismo como “experto en boxeo y deportes a los que casi nadie les da pelota.” Esto decía en la portada de su cuenta en Twitter, fuente de consulta permanente para colegas que aprendían allí lo que era el periodismo de investigación. La cuenta de Ernesto informaba y educaba a la vez.  Su página web “Planeta Boxing” también era un lugar obligado cuando se necesitaba algún dato, por mínimo que fuera, sobre el deporte de los guantes. Ernesto Rodríguez fue un tipo muy querido por todos sus colegas. Antes de dedicarse al periodismo freelance en sus webs y redes sociales pasó por las redacciones de los diarios Olé y La Nación y fue editor general de las revistas “Sport Business” y “Polo & polistas”. También estuvo a cargo de la producción periodística de las transmisiones de vóleibol en ESPN Sur y TyC Sports y fue coordinador de producción de los Juegos Olímpicos Barcelona ‘92 en América TV.

Su web Ephecto Sport fue su trinchera desde donde se les plantó a los poderosos: contó con lujo de detalles a lo largo de nueve artículos, que abarcaban distintos aspectos relacionados con los JJ. OO. de la Juventud del 2018 y el manejo que hizo de los mismos el gobierno de la ciudad de Buenos Aires. Demostró que el monto prácticamente igualó lo que tenía presupuestado la administración pública de la ciudad de Buenos Aires en salud para todo el año 2019. También denunció en esas notas a las empresas que ganaron las licitaciones para las obras y concesiones del evento; la realidad del complejo habitacional en el que debió convertirse la Villa Olímpica y la decadente actualidad del Parque Olímpico que se proyectaba como reemplazo del CeNARD; la falta de becas y las deudas para con los deportistas argentinos que participaron de los juegos; el costo de los insumos deportivos que fueron comprados y el destino que les dieron; el lobby para obtener la sede; el costo de los eventos culturales relacionados con el evento y la procedencia del personal contratado en todas las áreas. Además, cerró con un informe final donde resaltó el costo total de esos Juegos de la Juventud.

Es para destacar por lo tragicómico del hecho, la nota sobre los peluches “Pandi,” mascota de esos Juegos, quienes fueron rotulados como guirnaldas para pagar un arancel distinto al de un juguete, pero cuyo stock de 5000 unidades fueron retenidos en la Aduana. Para cerrar al mejor estilo de un cuento de Soriano, la investigación demuestra que la empresa ganadora de la licitación lo había hecho presentando un presupuesto 35% mayor a lo estipulado y que el nombre de la misma era “Quiero ver guita.”

Estos informes le valieron que el Comité Organizador le denegara inicialmente su acreditación. Ernesto se las ingenió para seguir trabajando y a su vez peleando por ella, con ayuda de colegas nacionales y extranjeros. Ante tanta presión, la credencial plena finalmente llegó y el propio Ernesto lo festejó como un triunfo colectivo por que así siempre vivió al ejercicio del periodismo. La foto de él, credencial en mano y con una sonrisa de oreja a oreja, es una imagen icónica sobre su tenacidad y su esfuerzo.

Otro de los temas que lo tenía feliz por septiembre de 2019 era la invitación que había recibido para disertar en el “Congreso Play The Game” en Colorado Spring, Estados Unidos por sus investigaciones sobre esos Juegos. Para sumar mayor orgullo, viajaría acompañado de su admirado Ezequiel Fernández Moores. En su columna del 29/10/2019 el columnista de La Nación escribió sobre el tema que “Play the Game es una tribuna generosa para periodistas que investigan. Una presentación de la primera jornada dio minucioso detalle (nombres, cifras, documentos, 1500 licitaciones, 143 convenios) sobre el costo total récord de casi 1100 millones de dólares de los Juegos Olímpicos de la Juventud de Buenos Aires 2018, mucho, muchísimo más, que el presupuesto original presentado en 2013 al COI. Gran negocio, estableció el informe, para 65 empresas que embolsaron 774.507.265 millones de dólares. Cuarenta y dos de ellas “se beneficiaron con sobreprecios en los contratos”, muchas son “habituales proveedores del Estado” y, dos de cada tres, tienen “vínculos directos” (familiares del gobierno en su directorio o fueron aportantes de Cambiemos en campañas electorales).”

“Periodistas, académicos y especialistas escucharon asombrados la presentación de Federico Teijeiro. El colega fue colaborador principal de Ernesto Rodríguez III, quien, tras dos años de trabajo paciente, publicó los resultados de su investigación en julio pasado en su blog Ephectosport. Es un informe devastador. Ernesto murió de un ACV apenas semanas antes de viajar a Colorado Springs. Su investigación tuvo aquí poca repercusión, pero sí interesó a Play the Game, que le había asegurado avión y hotel para escucharlo.”

Entre tantos amigos que hizo a lo largo de su carrera, con quien trabó una fuerte amistad fue con el por entonces periodista de La Voz del Interior de Córdoba, Gabriel Rosenbaun. Hasta días antes de su fallecimiento, estaban trabajando juntos en un libro sobre la vida de Julio Velasco, el exitoso entrenador de vóley argentino.

Cuenta Rosenbaun que, en un viaje de él a Buenos Aires en agosto de 2019, el día que se desarrollaban las elecciones primarias, pactaron una video llamada con el entrenador, que se encontraba viviendo en Italia. En el bar donde fueron a realizar la nota ese domingo, se les cayó la conexión a internet. Mail mediante, le solicitaron unos minutos a Velasco para arreglar el problema y mientras tanto se dirigieron a casa de un familiar del periodista cordobés, a 10 cuadras de allí. En el camino, sin ningún tipo de apuro, Ernesto, que iba bicicleta en mano, porque la bici era su medio de locomoción predilecto, tuvo tiempo de pararse a aplaudir a la cooperadora escolar de un colegio del barrio de Caballito que vendía comida para recaudar dinero, habló sobre la arquitectura barrial y las tradiciones ferroviarias de la zona, de tangos, de la demografía de la ciudad, de unos amigos que había heredado de un noviazgo de la adolescencia y que lo eran hasta entonces y cerró con esas reflexiones hermosas sobre la amistad que solo un tipo como él podía hacer. Rosenbaun, que apenas podía seguirle el hilo ya que su cabeza estaba puesta en llegar y poder entrevistar a Velasco, no podía dejar de maravillarse por los conocimientos y la calidez con que Ernesto abordó cada uno de esos temas.

Obviamente que, al llegar, subir al departamento y prender las computadoras, el entrenador les había mandado un mensaje diciéndoles que no podía esperarlos más. Rosenbaun estaba abatido y al bajar nuevamente, en la puerta del edificio Ernesto le dice: “Tranquilo Barusa, al libro lo tenemos.” Rosenbaun, risueño, aclara que a esa altura no tenían absolutamente nada, pero que era una típica salida optimista que Ernesto utilizaba siempre. Lo abrazó, le dijo un “te quiero” y se fue a almorzar con su familia. Esa sería la última vez que Ernesto y Gabo (Barusa y Barusa como se llamaban entre sí) se verían personalmente.

Otro periodista con quien lo unió una gran amistad es Andrés Mooney, alma mater del programa “A la vera del ring.” En un sentido homenaje con el que abrió su programa después del fallecimiento de Ernesto, recordaba la ocasión en que éste le insistió para que subiera a un avión rumbo a Las Vegas para cubrir una pelea de boxeo, aunque no tuviera acreditación ni alojamiento. Como el diario Olé (donde Ernesto trabajaba entonces) le pagaba hotel y viáticos, Andrés no tendría que poner ni un peso en eso. Al llegar, el propio Ernesto dejó por un rato sus tareas y al cabo de unas horas volvió con la acreditación. También destaca en ese recuerdo que a poco de entrar a trabajar a La Voz del Interior fue la generosa agenda de Ernesto la que le abrió las puertas, pues al tiempo había logrado entrevistar a los entrenadores de los seleccionados argentinos de rugby y de hockey como a un sinfín de ex campeones de boxeo. Su agenda, decía él, no le pertenecía, sino que estaba para ser compartida por todos y hasta avisaba previamente al protagonista que sería llamado por alguien de parte suya. Porque así entendía y ejercía la profesión.

El propio Mooney recuerda también la anécdota con Floyd Mayweather. Luego de la primera pelea con el Chino Maidana en mayo de 2014, Ernesto le hace una pregunta al estadounidense y le comenta el dato estadístico de Box Stats que marcaba que Maidana fue el boxeador que más le había pegado en toda su carrera. La respuesta soberbia de Mayweather, diciéndole que fueron golpes ilegales y codazos, llevó a Ernesto a elevar la voz y que se armara una discusión a los gritos con el pugilista, la cual tuvo que ser aplacada por Sebastián Contursi, del team Maidana.  Un Ernesto en estado puro.

LAS VEGAS, NV – MARCH 8: WBC welterweight champion Floyd Mayweather speaks at the press conference announcing his fight against Marcos Maidana (not shown) at the MGM Grand Garden – Studio A&B on March 8, 2014 in Las Vegas, Nevada. (Photo by Ed Mulholland/Golden Boy/Golden Boy via Getty Images) *** Local Caption ***Floyd Mayweather

 “Creo que para ejercer el periodismo, ante todo, hay que ser un buen hombre, o una buena mujer: buenos seres humanos. Las malas personas no pueden ser buenos periodistas. Si se es una buena persona se puede intentar comprender a los demás, sus intenciones, su fe, sus intereses, sus dificultades, sus tragedias. Y convertirse, inmediatamente, desde el primer momento, en parte de su destino. Es una cualidad que en psicología se denomina «empatía». Mediante la empatía, se puede comprender el carácter del propio interlocutor y compartir de forma natural y sincera el destino y los problemas de los demás”. La frase, escrita por el polaco Ryszard Kapuscinsky en su libro de ensayo “Los cínicos no sirven para este oficio” ha sido utilizada innumerables veces y casi que se ha transformado en un lugar común a la hora de hablar de periodistas. En el caso de Ernesto Rodríguez III, calza de maravilla: fue un excelente periodista y un inolvidable ser humano.

A un año de su muerte, el periodismo todo lo extraña y lo recuerda. Y su legado es inolvidable.

Era un estudiante conmovedor, alguien que renovaba la confianza en que la educación es un acto en el que todos y todas aprenden de todas y de todos, alguien que justificaba las ganas de sacarle la lengua a las fulerías del presente porque, con gente así, con gente que era gente del modo en que él se revelaba como gente, el futuro sería una belleza.”

Ariel Scher 13/09/2019

FUENTES: Twitter, Atletas.info, Ephecto Sport, La Nación Deportes, La Izquierda Diario, Infocielo, Olé, Facebook.

Esteban Bedriñán

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