Tras ganarle por penales a Quilmes, Barracas Central, el equipo de Claudio «Chiqui» Tapia, ascendió a Primera División. Para la televisión el gran protagonista de la noche fue su técnico, el relator Rodolfo De Paoli. Sus colegas decidieron darle más espacio a él que los futbolistas o a la memoria de Lucas González. Escribe Juan Stanisci.

El tipo hunde su cara en las manos. Llora. O al menos eso parece. Levanta una pechera color amarilla y se seca las lágrimas. A su lado un hombre con un micrófono lo mira. Está esperando el momento exacto para que, el tipo que llora, le cuente sus “sensaciones”. Baja la pechera color amarilla y ofrece la cara descubierta a las preguntas del otro. No lo busca, solo se insinúa. Hay un código en común entre ambos. A diferencia de la mayoría de las ocasiones en que se desarrolla esta escena, ahora los dos tipos, el del micrófono y el que llora, comparten profesión. Los une un lenguaje. “El fútbol es mi vida”, arranca el tipo de la pechera naranja.

Hace pocos minutos su equipo ganó el segundo ascenso a primera división. Los jugadores corren, saltan, se abrazan y van a la tribuna donde se ubican sus hinchas. Él no. Va hacia el banco de suplentes. Parece una manera de correrse del centro de la escena y dejar a los futbolistas festejar. Los entrenadores suelen decir que los logros siempre son de ellos. Pero no. Incluso, si uno fuera un poco mal pensado, diría que está todo guionado.

Rodolfo De Paoli, ex futbolista, relator y actual director técnico de Barracas Central (ordenelo como a usted le parezca mejor), decide quedarse solo en el banco de suplentes. Por televisión su cara aparece más seguido que la de Fernando Valenzuela, el mejor jugador de la categoría, Maximiliano Gagliardo, el arquero, o Iván Tapia, el hombre de los ascensos. Las cámaras se van con él. El periodista del campo de juego se sienta a su lado. Su victoria, o al menos la de su equipo, no es solo suya. Parece ser la de toda una corporación. Como si detrás del ascenso de Barracas Central, el periodismo deportivo argentino dijera “nosotros también podemos”.

A pesar del nudo en la garganta original, ese que le impidió decir con fluidez “el fútbol es mi vida”, De Paoli habla. Cuenta sus orígenes y el día en que lo dejaron libre en Nueva Chicago. Dice que es un obsesivo del fútbol. Se lo dedica a su familia. De espaldas a la cámara están la cancha, los jugadores y los hinchas. Pero el director elige un primer plano del director técnico. “El fútbol me salvó”, dice casi temblando. Nombra a los jugadores, es cierto, pero la entrevista es más una reivindicación de sí mismo como ex futbolista, que el testimonio del conductor de un grupo que logró un objetivo.

Ahora sí es el turno de los futbolistas. Primero Iván Tapia, hermano de Matías Tapia, presidente de Barracas Central, e hijo de Claudio Tapia, presidente de la AFA. Le sigue Fernando Valenzuela, el crack que salió de Racing, jugó en la selección juvenil estando en el ascenso y volvió para ascender con Barracas. Por último es el turno de Maximiliano Gagliardo, el arquero que llegó con la idea de subir de categoría. Los tres reciben la misma pregunta retórica: “¿Cómo es Rodo de Paoli? ¿Un loco bárbaro no?”.

El relator se despide. El comentarista vuelve a felicitar a su colega triunfador. Lo hizo durante toda la transmisión. Viene uno de los típicos programas de debate. Sin dejar de mostrar al Cilindro de Avellaneda, se escucha la voz de Hugo Balassone, panelista de alguno de los “gritemos de fútbol” que transmite TyC Sports. “Pensé que venía el programa de Souto”, pienso. Imagino que estará de vacaciones y que Balassone conduce su programa. Me equivoco. La voz de Balassone es acompañada ahora por su imagen. No está en un estudio televisivo, está en la cancha, sobre una tarima, sentado en una banqueta alta. La idea de montar un estudio provisorio dentro de los campos de juego es bastante nueva. Empezaron a hacerlo, principalmente en los superclásicos, los canales dueños de los derechos televisivos. Otra forma de mostrarle al televidente la cercanía del periodismo para con su objeto de deseo. De qué manera el periodista de televisión es un protagonista.

Balassone no está solo. Lo acompañan dos hombres vestidos de traje y uno con ropa deportiva. Los cuatro son compañeros en el canal. A la izquierda de Balassone se ubica Nicolás Cambiasso, ex arquero, presidente de All Boys y panelista de algunos programas del canal. En la otra punta está sentado Rodolfo Cingolani, el Gringo. Entre él y Balassone está, nuevamente, De Paoli.

Vuelven sobre sus orígenes. De Paoli cuenta cuando le preguntó a la Virgen por qué tenía que dejar de jugar al fútbol profesionalmente. Del grupo poco. Sí se acuerda de los rivales. Remarca que no fueron el equipo con más penales a favor. O al menos no el único. Compartió ese mérito con Quilmes y Tigre, el otro finalista y el primer ascendido.

– Quizás sea muy pronto para preguntarte, pero, a partir de hoy ¿el técnico le gana definitivamente al relator? – pregunta Cingolani.

A esta altura quizás sea redundante aclarar que los jugadores siguen festejando a sus espaldas. Están colgados del travesaño de uno de los arcos mientras los y las hinchas saltan y celebran con ellos. En el centro de la cancha hay un escenario montado con una copa. Generalmente las finales de los reducidos, o por segundo ascenso, no otorgan un trofeo ni medallas para su ganador. Sin ir más lejos, el 31 de enero de este año, en Rosario, Platense le ganó un partido equivalente al de anoche a Estudiantes de Río Cuarto y no hubo premiación ni periodistas haciendo su programa en la cancha. Más acá en el tiempo, en la final entre Tigre y Barracas, que sí otorgaba el título de campeón, tampoco hubo un panel televisivo montado sobre el campo de juego. Los festejos los siguieron desde el estudio. El programa se hizo en el estudio.

Cuando la entrevista al técnico de Barracas termina vuelven a pasar los mismos tres jugadores que habían reporteado antes. El de pasado en selección, el que jugó en primera y el hermano del presidente o hijo del presidente, como usted prefiera. Otra vez la pregunta retórica.

– ¿Cómo es Rodo? ¿Les muestra muchos videos? Seguro de la liga inglesa o la holandesa. Él es fanático del Brasil del 82.

A los tres futbolistas les hacen el mismo comentario. A ninguno le dan espacio para la respuesta, los propios periodistas comentan los gustos futbolísticos del técnico.

Remarcar la carrera, los métodos o el logro de De Paoli, por parte de sus colegas y compañeros, quizás no solo tenga que ver con una cuestión de cercanía. De conocerse durante años. Quizás, para algunos periodistas, sea una reivindicación. Gracias a De Paoli ahora el periodismo es definitivamente protagonista. Cruzó la barrera de la cámara. Es filmado en primer plano. Es el centro de la escena. El hecho central de la noticia. Aunque sea un pedacito de esa victoria les pertenece. Rodo lo hizo. El día de mañana, cuando les digan que solo comentan con trajes y micrófonos, ellos, llevaran su nombre como bandera del periodismo depordivo a la victoria.  

La transmisión de TyC Sports, en su ansia por rendir tributo a De Paoli, omitió nombrar a alguien que estuvo presente en la memoria en forma de banderas y remeras. Mientras entrevistaban al técnico de Barracas Central, los futbolistas daban la vuelta olímpica con un trapo. Decía simplemente: «Justicia por Lucas González».

PD: Gracias a Walter Vargas por patentar en un libro a esta nueva banda trajeada y maquillada llamada «Periodistas depordivos».

Juan Stanisci
Twitter: @juanstanisci

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