Dos meses antes del asesinato de John Fitzerald Kennedy, en septiembre de 1963, apareció el primer número de X-Men. La creación de Jack Kirby y Stan Lee, narraba la historia de dos grupos de mutantes enfrentados entre sí. Los de Charles Xavier buscaban integrarse a la humanidad, los de Magnetto creían que su destino evolutivo era reemplazarla. Los X-Men -un grupo de pibes con capacidades bastante distintas que tenían que aprender a dominar- eran formados en la escuela de Xavier, el Profesor X.
La imaginación de Kirby y Lee llevaba a los mutantes a utilizar sus habilidades para cuestiones bastante simples como rescatar personas o salvar el mundo. Ignacio Ezequiel Agustín Fernández Carballo, más conocido como Equi(s) Fernández, el Hombre X, utiliza sus poderes mutantes para cosas más complejas: gambetear, robar pelotas imposibles, hacer golazos y tirar caños.
Una de sus habilidades es el engaño. Su andar cansino da la sensación de que no va a llegar a una pelota, que le van a ganar la espalda o que lo van a anticipar. Como si pudiera teletransportarse o detener el mundo para moverse, él siempre llega. Otra de sus capacidades es poco común en el fútbol: juega igual con las dos piernas. Ataca y defiende, siempre con el tranco de aquel que no tiene apuro. Equi(s) es el metrónomo de los equipos, cuando juegan a su ritmo las melodías suenan lentas pero hacen bailar como una cumbia de Mario Luis.

Desde que debutó en los Juegos Olímpicos (entró en el segundo tiempo del partido contra Marruecos), el rumbo argentino cambió. Como si tuviera la brújula de Jack Sparrow, Equi(s) conduce a la felicidad. En tiempos de extractivismo futbolístico, los petrodólares árabes quieren sus poderes mutantes. Ojalá algún Profesor X le ordene el rumbo y le aconseje ir a un fútbol mejor. Si elige bien, parece no tener techo.
El golazo a Irak fue su carta de presentación frente al mundo. La culminación de una jugada que fue una obra de arte. La página de la FIFA sugirió mandarlo al lugar donde descansan las obras de muchos mutantes, el tweet decía: “El gol de Equi, al Louvre”.
Juan Stanisci
Twitter: @juanstanisci
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