Hace 30 años, un 3 de diciembre, se jugó uno de los mejores partidos de la década del 90. Diez goles, una elección que sería crucial para el futuro de la patria, la ilusión del pueblo racinguista, Diego como un ave fénix, las mil bengalas en la tribuna visitante, el aliento xeneize, los relatos de Araujo y un puntero agradecido. Señoras y señores, con ustedes Boca-Racing del Apertura 1995. Escribe Federico Cavalli.
Desde temprano el clima estaba tenso en La Boca. Las elecciones para presidente del club de La Ribera eran importantísimas para determinar el rumbo del club. De un lado la dupla Alegre-Heller que gobernaba hacía diez años con austeridad pero con pocos títulos y del otro un Macri: no el que todos conocían sino Mauricio, el hijo, el heredero.
Al mismo tiempo, a las 18.30 la AFA programó el clásico de la fecha entre Boca y Racing en la Bombonera. Ambos tenían grandes equipos y posibilidades de campeonar, aunque el local tenía las mejores opciones.
Al momento de comenzar el partido ya se sabía que la punta había caído en manos de Vélez, que en el Bajo Flores había vencido a San Lorenzo por dos a cero. Boca quedaba un punto abajo. Los Xeneixes venían de empatar con River en el clásico del abrazo entre Enzo y Diego, un cero a cero que sobre el final casi se lo lleva Boca.
Racing venía en levantada, con dos triunfos en fila (Lanús y Newell´s) de la mano de su nuevo técnico Miguel Brindisi, tras la salida de Pedro Marchetta, de diferencias claras con Lalín, gerente de fútbol del club de Avellaneda.
El partido
Javier Castrilli es el árbitro, Barrientos y Ratalino sus jueces. Diego sale con las nenas, la gente canta “que de la mano de Maradona todos la vuelta vamos a dar”. Fue su primer partido sin la barba candado que lucía desde la vuelta con Colón el 7 de octubre. Diego busca a Titi Fernández y le habla de su momento.
“Tenemos que jugar por esta gente. Estoy muy bien, con las contracturas de siempre, por eso no arriesgué en los entrenamientos, pero listo para dar todo en la cancha”, le dice el Diez y se va. Peralta estaba desgarrado por eso Pico ocupaba un lugar en el banco de suplentes. El Mono Navarro Montoya llega con un récord infernal: 666 minutos de valla invicta, tras el gol de McAllister en contra en Jujuy, en la primera fecha.

Elio Rossi lo encara a Carlos “El Negro” Galván y le pregunta si le gusta el desafío de marcar a Maradona: “lo más hermoso que me puede pasar en la vida”, contesta el defensor.
En la primera jugada del partido, tras el saque del medio, Racing se mete adentro del área de Boca. Rápidamente quiere sorprender la Academia. En los primeros minutos se notan dos cosas: la idea de salir con los rapiditos de arriba (Chelo Delgado y Piojo López) y que Maradona tenga encima a Galván. A los 4 minutos llega el primer cimbronazo. Capria agarra una pelota picando dentro del área y le mete un zurdazo inatajable para el Mono. El invicto llega a 670 minutos. Elio Rossi dice en la transmisión que Brindisi le habló de la tranquilidad de Racing jugando de contra, mientras que cortaba con faltas el juego xeneize.
A los 11 vino el segundo temblor: Chelo de tres dedos, marca registrada, embocaba otro. “Quiere liquidar el partido”, decía Araujo mientras corría hacia la pelota. Racing había tocado tres veces la pelota después de mitad de cancha para marcar. Rápido y furioso.

Dos minutos después, el tercer movimiento tectónico: Medero duerme, Fabbri no llega y el Piojo festeja con su juventud a cuestas. La gente de Racing se ríe de boca cantándoles que la camiseta “se tiene que transpirar”. Después del gol hay silbidos para Medero y un “Maradoooo” para levantar al diez cada vez que la toca. Se lo nota fastidioso y algo cansado.
A los 21 Sergio Zanetti se va expulsado por ir fuerte contra el Larry Saldaña (que sale reemplazado por el camerunés Tchami). Racing se rearma: Pompei va de tres y Capria tirado de volante por izquierda. Tres minutos después el primer tiro de Boca al arco: Kily desde afuera. Marcico desde el banco le traduce las órdenes del técnico a Tchami en francés. En la primera que tiene patea y gana un córner.
La Bombonera ruge: “Movete Boca, movete”. Los jugadores empujan. Pompei rechaza para adentro y Kily se la tira a Diego. El Diez con un centro bárbaro, en la primera que le sale se la pone en la cabeza a McAllister que descuenta. Empuja Diego con centros que Nacho González descuelga tranquilamente. Racing no ataca.
A los 35 del primer tiempo Manteca Martínez se acuerda que está en cancha y patea, Nacho ataja y en el rebote Giunta le va duro al Piojo y Castrilli compensa con roja por doble amarilla. Los dos con diez. Respira Brindisi.
En los últimos 10 minutos El Piojo cae tres veces en offside. Diego se para de cinco y, por pedido de Marzolini, lanza para Tchami desde 30 metros. En una jugada cerca al área, el Diez habilita con un toque al africano, que cae ante una barrida de Capria. Penal. Diego contra Nacho. Ex técnico versus arquero. Abajo, a la izquierda, suave, inatajable. Gol. Entre ellos había una apuesta desde que era técnico el astro mundial: su reloj si el arquero le atajaba un penal. Esa tarde no pudo. Ocho meses después, en Avellaneda, el uno le arrebatará el reloj.

Termina el primer tiempo y Diego es interceptado por Titi. “Estos son los partidos que Boca tiene que ganar para ser campeón. Nos pegamos una siesta infernal, les regalamos tres goles pero Boca va a reaccionar”, lanza el Diez. Y recuerda el partido del Metropolitano 1975, donde Racing ganaba 3 a 0 y Boca lo dio vuelta con goles del correntino Hugo Paulino Sanchez: “Hoy va a pasar lo mismo”.
En el entretiempo alguien le dice a Macri que estaban ganando en la mesa de vitalicios. Eso era el puntapié para sentirse ganador. Detrás de su campaña estaba Coti Nosiglia, armador radical quien le prestó la agrupación “Por un Boca mejor» y le dio su apoyo, aunque al principio no estaba convencido porque lo veía “un nene de papa encaprichado con Boca” y que su poca identificación con lo popular, en contramano con el club, ahuyente a los socios.
Mientras Boca espera Diego se pone a imitar los movimientos de aquel calentamiento en Napoli con la canción “Live is Life” de Opus. La gente empieza a cantar con fuerza que “a Boca lo llevo en el alma”. Emocionante despliegue, la cámara no suelta a Maradona, lo sigue por donde se mueve
A los dos minutos del segundo tiempo, el Piojo la tira por arriba dentro del área. Diego sigue de lanzador y Galvan ahora va con Tchami. Un minuto después Capria pone el cuarto. Pico entra por Chiche Soñora y De Vicente por Delgado. Brindisi le pide a Capria que agarre a Pico.
A los 15 minutos una hermosa jugada que lleva los toques de Capria-De Vicente-Piojo-De Vicente termina con el Mago empujándola de cabeza. De Vicente se saca la camiseta y se la muestra a las bandejas académicas. Castrilli, frío como el invierno, lo amonesta.
Boca insiste a pesar de la diferencia. Diego es puro corazón, pero en Racing Costas es puro huevo, rechaza todo lo que llega al área. Chacoma entra por Quiroz que está fundido.
De golpe aparecen bengalas en la popular local. La gente revolea la camiseta. Era una idea de los Racing Stones, iluminar la tribuna. Para eso, en la semana, El Chino Acosta y Marcelo Stone se metieron en la tribuna visitante con la excusa de ser chicos del interior que querían conocer la Bombonera y metieron las bengalas bien envueltas en las mochilas de los baños. Al salir estaban excitados, en la esquina nomás estaba La 12 comiendo un asado. “Esa fue la mayor satisfacción que tuve en una tribuna”, confesaría Marcelo en el libro “Academia Carajo” de Alejandro Wall.

Volvamos al partido. Viqueira entra por Reinoso y Racing agota cambios. La gente de Racing silba a Diego, su salida del club fue extraña pero su estadía no fue más clara. Mucha emoción y esperanza pero también muchos faltazos. Fren se hacía cargo. El Diez va a buscar la pelota entre los centrales. Lo intenta, se lo nota cansado. Desde 60 metros le pone la pelota en el pie al Manteca, que descuenta.
Boca entra en desesperación. Diego, McAllister y Fabbri empujan al equipo. Marcico entra por Medero. El Mono se adelanta y pasa la mitad de la cancha después de una pelota parada. El campeonato se les escapa. Racing flota en la cancha, solo le falta ser fino para liquidar.
Un fotógrafo ayuda a McAllister a elongar y el Mono lo arrastra para poder sacar del arco. De ahí, rechaza Viqueira, toca Chacoma y El Piojo corre hasta el borde del área, desde donde patea y clava el sexto. Media docena. Misma cantidad que en 91 y 93 Racing había recibido por duplicado en esa cancha. Revanchas que da la vida.
Al toque el Mono salva ante el Piojo y Capria. A este último lo encara mientras está en el piso. De las bandejas visitantes cantan “Siete, que te parece”, algo infantil pero efectivo. En la jugada siguiente Scotto, con pase del Manteca, en su mejor intervención, le gana a Galván y encuentra un hueco en el primer palo de Nacho. Grito de gol seco desde la tribuna local. Boca busca descontar desesperado y Racing aguanta. Castrilli lo termina.
“Fue un espectáculo y hay que reconocer a los dos equipos porque no es normal en el fútbol de hoy ver diez goles”, analiza Brindisi desde adentro del campo. Marcelo Araujo desde la transmisión clasifica el triunfo de Racing como victoria histórica. Los jugadores se acercan a las bandejas visitantes a festejar. “Se lo dedico a esta gente que es maravillosa”, lanza Tito Pompei y sonríe.
“Un saludo a mi viejo y a la gente de Río Tercero que está sin casa que lo lamento muchísimo”, confiesa el Piojo. Un mes antes se produjo la voladura de la Fábrica Militar de Río Tercero, de donde es oriundo el delantero cordobés. Siete personas fallecieron y hubo más de 300 heridos, importantes daños y el dolor eterno de saber que hubo intención de que ocurriera para poder encubrir el tráfico de armas hacia Croacia y Ecuador.

Cuando pasó el temblor
Macri cosechó siete mil de los once mil votos, lo que fue un récord para ese momento del fútbol argentino. A la semana siguiente Boca perdió con Estudiantes dos a uno en la vieja Doble Visera. Un partido que terminó jugando con 8 hombres. Racing, en cambio, le ganó dos a cero a Gimnasia y estiró su ilusión hasta la última fecha, pero no alcanzó.
Diego no pudo ser campeón local otra vez como se lo había prometido a las nenas y jugar la Copa Libertadores. Fue el final de Marzolini como técnico de Boca, Bilardo lo reemplazaría para el 96. Fue el principio del Macrismo, una carrera que pasaría por el Gobierno de la Ciudad y la Presidencia de la Nación. Como dijo Ezequiel Fernández Moores, en el programa radial “La Zurda Mágica” (Radio Sur 88.3), un día después de que Macri gane el ballotage 2015: “Boca transformó un Macri en Mauricio”.
Federico Cavalli
Twitter: @willycavalli
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