Al Galgo Dezotti italiano le decían Toto porque el verdadero nombre se transformó en adjetivo. «Salvatore» se llamaba y así lo calificaban los matutinos italianos cuando en esa primera ronda de Italia 90 entró de suplente, hizo un gol a los cuatro minutos y terminó haciendo seis en siete partidos.
Solo en dos partidos se sentó en el banco. Bota de oro por goleador y balón de oro por mejor jugador del Mundial, por encima de Maradona y Matthaus. Tenía algo de Diego: proveniente de Sicilia, era realista del sur. El astro lo eliminó en las semifinales de Nápoles y unos meses después le ganó 5 a 1 en la Supercopa de Italia, con Schillaci jugando en Juventus.
Italia 90, aleph de los muertos pobres. Mundial del under donde la pasión de Goycochea fue más fina que la Mano de Dios. En donde la magia de Baggio no terminaba de nacer y la de Diego no terminaba de morir. En el que la potencia de Brehme fue más que el talento de Mathaus. Donde Roger Milla y Schillaci brillaron por sobre Lineker y Klinsman. Todo y nada de lo que podía pasar, pasó. La Copa de los comunes.

A diferencia de la canción de los Tekis, Schillaci vino y se fue. Punto. ¿De dónde salió? Entre 1983 y 1989 jugó en el Messina, en la B y la C del Calcio. Un año y medio antes del Mundial jugaba en segunda y lo compró la Juventus, donde ganó la Copa Italia y la UEFA. Tras un paso por el Inter de Milán, terminó su carrera en Japón. No estuvo en ninguna otra cita mundialista. En la selección jugó siete partidos más y convirtió solo un tanto: lo de él era lo importante. A su autobiografía la tituló “El gol es todo”.
No se le podría preguntar nada: falleció en 2024 luego de un cáncer de colón que lo persiguió por dos años. Pero supongamos que la presencia física es un detalle para los participantes de la eternidad.
A Toto no le podrían preguntar ni qué es ser una estrella, ni de qué forma se gambetea al viento, ni cómo se cambia de frente. Se lo podría abordar por algo mucho más complejo: cómo hacer para que el tiempo nunca te venga a buscar.
Y que un mes dure para toda la vida.
Santiago Núñez
Twitter: @SantiNunez
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