Algunas ideas para analizar tristezas e ilusiones pero, sobre todo, para empezar a pensar el porvenir. Escribe Santiago Núñez.

1- En un deporte apasionado que late al ritmo frenético y efímero de las comunidades digitales, hoy a River lo envuelve la frustración. No es para menos: una derrota insólita de la final del fútbol argentino, en un partido en el que no solamente era superior al rival, sino que además lo tuvo dos veces arriba en el marcador. Esa desazón se sumó a sinsabores previos: tres años sin títulos de verdad, un mal paso de uno de los mejores entrenadores de su historia, un equipo que (con un nuevo DT) estuvo lejos de brillar, un sinfín de malestares con jugadores que no rindieron y con dirigentes que ejecutaron maniobras, de mínima, sospechosas. No obstante, sin menospreciar las críticas, es igual de cierto que en la segunda parte del semestre River encontró algunos elementos para un rumbo potencialmente prometedor. Y el humor generado a partir de la primera parte del año influirá decididamente en si ese camino es tomado o no de forma correcta. Por ganas de analizar, pero más por amor, van algunas líneas.

2- Aunque hoy cueste coordinar la mente con la almohada, vale decir que el periplo de menos de cuatro meses de Eduardo Coudet como técnico de River está lejos de ser malo. Lo agarró décimo en la tabla anual y hoy está cuarto (si le hubiera ganado a Atlético Tucumán en la última fecha de la primera rueda, estaría segundo). Llegó a la final del fútbol argentino. Clasificó primero invicto en la Copa Sudamericana, segundo en la tabla general del certamen. Ganó 12 de 18 partidos (13 si se considera como victoria el encuentro contra San Lorenzo), con casi un 72 % de efectividad, algo que se hace más grande si se considera que el ciclo Gallardo venía de 13 derrotas en los últimos 20 partidos. Por supuesto que las derrotas en los partidos importantes (Boca y Belgrano) condicionan la estadística. Pero, si los malos resultados nos determinan por completo, estaríamos entrando en un sinfín de frases hechas que no sirven para nada. Los insultos luego de la derrota en Córdoba tienen la misma envergadura que si River hubiera perdido contra San Lorenzo o Gimnasia. Ahí está lo peor: no puede valer lo mismo perder después que antes. Estamos ante un problema si los hechos cambian y las calificaciones no. River, las palabras y las cosas.

3- Beltrán, Silva, Meza, Freitas, Pereyra, González, Giménez. Sumado a Galván, Rivero, Montiel y Martínez Quarta, Subiabre. River terminó usufructuando a los pibes del club, al compás de su historia. Como si el destino les recomendara a los dirigentes actuales y a los anteriores que la próxima utilicen los 50 millones de dólares para que, por lo menos, a los pibes del básquet no les entre agua al gimnasio cuando llueve. Una patada en el pecho de la realidad, con refuerzos que no funcionaron (Galarza Fonda, Portillo, Salas) y con algunos que se encuentran lejísimos del nivel por el que fueron adquiridos sus servicios (Bustos, Galoppo). Ambición, pero también falta de planificación: Beltrán era cuarto arquero y Freitas no hizo pretemporada: hoy los dos se van con Scaloni. Así, River terminó con poco recambio en el sprint final.

4- Lejos del dramatismo y las visiones esotéricas, Coudet mejoró el juego del equipo. No se dio solamente una diferencia entre ganar y perder. El problema desde algunas discusiones de escuelas futbolísticas es que este concepto se tergiversa: River debería ser juzgado si no llega 10 veces con claridad en cada partido. Mejorar no es brillar, al menos no siempre. Coudet logró un equipo más intenso, recuperando la presión de tres cuartos de cancha hacia adelante. Logró uno de los mejores tándems del fútbol argentino: Aníbal Moreno metiéndose entre los centrales para salir y llegando a la puerta del área, y Fausto Vera como una suerte de falso enganche, construyendo un semicírculo alrededor, por delante y a los costados. Hizo 30 goles en 18 partidos, convirtiendo en 16 de ellos. Recibió solo 11 tantos en su contra. Coudet logró mayor solidez defensiva, no solamente en las manos de su arquero sino también en la primera línea defensiva de juego, aunque es evidente que en la zaga central le falta sumar un lugar de experiencia. Recuperó jugadores: los dos laterales (el nivel de Acuña, apuntado en el final del ciclo Gallardo, resultó magnífico) y los dos delanteros: Colidio, volviendo a los días demichelistas sin off, y Driussi mostrando una faceta distintiva. Si no fuera por sus lesiones podría ser considerado uno de los mejores delanteros del fútbol argentino. Por último, como ya se dijo, Coudet potenció a los pibes, principalmente a Freitas y a Silva (Beltrán ya mostraba un grandísimo nivel). Hoy suena difícil decirlo, pero el DT también mejoró la versión de Rivero, aunque el seis de River haya quedado marcado en el partido contra Boca y contra Belgrano. Esto bajo ningún punto de vista lo convierte en un jugador descartable, ni mucho menos. El equipo de Coudet no llegó, y vale decirlo, a tener un volúmen de juego adecuado. 

5- Ninguna de las consideraciones positivas tiene que ser enterrada por una final, pero todas ellas se encuentran negativamente influidas por el último partido del torneo. Es inevitable que así sea. No simplemente por un resultado, sino incluso por el desarrollo. River, con limitaciones varias, había hecho un trabajo correcto en ochenta minutos. ¿Pero cómo? Es River, ¿cómo que no iba ganando 4 a 0? El mundo es bastante más complejo de lo que se piensa. Igual es cierto: River no logró superar a Belgrano, pero tenía cierto control del partido, que se quiebra con una jugada puntual visible, pero cambia antes de forma invisible: Zielinski pone al “Mudo” Vázquez en el minuto 63, minutos después del 2 a 1 de Galván, y eso a Coudet no le sugirió ninguna necesidad. River jugó igual empatando y con Belgrano sin tener al ex enganche de la selección italiana en cancha que ganando y con una de las figuras del equipo rival dentro del campo de juego. Eran Silva y Quintero, por lo menos, por Moreno y Meza, o incluso con la exclusión de algún delantero. Hay pocos peores pecados que la inacción. Uno de ellos es traicionarse a sí mismo: suena incomprensible que River haya terminado casi con línea de 6 en Río Cuarto con el último de la tabla y que no haya modificado su alineación en el medio de una final. Saliendo del foco en Coudet, al equipo le faltó mucha inteligencia: lo de Rivero en el penal puede pasar, pero River no pudo leer que incluso en el 2 a 2 era el equipo que más chances tenía de ganar el partido en la adición o en el alargue. Es posible que el bombardeo de indicaciones de Coudet a veces no ayude. River puede suplirlo con la consolidación de referentes y con algunos refuerzos de personalidad, pero el problema está y tiene mucho peso. Es algo a revisar.

6- Más allá de las lecturas, River fue derrotado por un señor equipo. Es más, encontró poéticamente un obstáculo en las raíces del balompié criollo: la gloriosa clase obrera del fútbol argentino, cuna de cracks e ídolos invisibles. Ricardo “el Ruso” Zielinski. Lucas “el Chino” Zelarrayán. Franco “el Mudo” Vázquez. Nicolás “Uvita” Fernández. Las calles no olvidan.

7- Si la realidad es el scrolleo, en un reel un equipo o un jugador pueden estar bien y en diez más, o sea en un minuto, pueden coquetear con el desastre. El fútbol baila al ritmo de las comunidades digitales y, sumado a un torneo que construye pasiones y desencantos permanentes, el cóctel estalló en una situación insólita: seis días exactos separaron al grito de “que se vayan todos” con la emoción de llegar a una final . El club hace tres años que no gana nada relevante y es muy probable que eso pese, pero igual de cierto es que muchos de esos hinchas están formados como hinchas en una comida que tiene entrada y postre: ya son ocho veces desde la década del 20 que River tiene ese trayecto temporal sin obtener un título, siendo el que más décadas reinó en el fútbol argentino. La cercanía con el período 2014-2019 opera negativamente en ese sentido. 

8- River necesitaría un central de jerarquía (podría ser Otamendi), un volante que pueda ser recambio y un jugador creativo. Podría ser un delantero más. Pero con un concepto: valor o inferiores. Traducido al castellano: para traer un buen delantero que no sea descollante, que juegue Freitas. Sobre las salidas es difícil pronunciarse, son demasiado evidentes y excluyen total y permanentemente a Quintero, referente del club, grandísimo jugador, cuya potencial salida tiene que ser por un anhelo personal: si fuera por decisión del club o del técnico, se estaría cometiendo un error. 

9- Un semestre digno sin coronar: pecado capital. Si se toma el fragmento de Coudet, la primera parte del año puede ser tranquilamente calificada como buena. Desde esa noche en la que Tigre casi nos hace seis goles, con dos delanteros que fueron tapa de todos los diarios, a la final del fútbol argentino y a estar segundo en la tabla de primeros de la Copa Sudamericana. Un certamen de menor valor, es cierto, pero el técnico no puede tener la culpa de eso. Si lo malo es sobredimensionado, puede condicionar de forma negativa. Si no es observado, podemos darnos la cabeza contra la pared.

10- Es parte de la evaluación que se logre lo que a veces es lo más difícil: volver a empezar. Se fue el semestre. Es el fútbol. Será la vida. 

Santiago Núñez
Twitter: @SantiNunez

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