Alemania no pudo ganarle a Paraguay. Se quedó afuera. Cuesta creer que esta selección cuatro veces campeona del mundo no juegue una fase de eliminación en Mundiales hace 12 años, pero cuando los ves jugar, te lo creés. Nagelsmann intentó devolverle la mística copera con un 7 a 1 en el debut, pero las cosas han cambiado. De esa temible Alemania a hoy cambió al delantero, cambió los extremos, cambió el mediocampo, pero lo que no cambió son los escalofríos que me genera cuando los veo pasar de ronda. Ver a esta selección alemana es como conversar con el monstruo de abajo de tu cama o el fantasma reflejado en el espejo. Le tenías un miedo terrible, un odio grotesco y una envidia insoportable. Hoy no creo en ellos. Pero por las dudas sigo mirando de reojo antes de irme a acostar.

Me quedo con la espina porque nunca más nos volvimos a encontrar. Alemania es el bully de la primaria que vuelve para pedirte trabajo. Scaloni y Aimar se lo darían, como Rocky con Apollo Creed. Yo no. Porque Alemania es exactamente la cicatriz que todos preferiríamos no tener aunque nos quede tan sexy. Al final, todos le ganan menos yo. Eran las 22:22 en Berlín cuando Orlando Gill le atajó el penal a Woltemade. 6 minutos después quedaron afuera con el gol de José Canale, defensor de Lanús. Nagelsmann, ya no sos igual: tuviste que mandarle Nmecha para ganarle con poco a Costa de Marfil, y te salvó Undav dos días después del cumpleaños de la Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV).

Es como si los grandes rivales hubieran sido hechizados con el encantamiento del profesor Lupin: Riddikulus. Qué lindo fue ver a Neuer comiéndose el gol de Gonzalo Plata contra Ecuador y repetir el error contra el paraguayo Enciso. Han cambiado mucho las cosas: recuerdo cuando el fútbol era un deporte de once contra once en el que siempre ganaba Alemania. Los pibes de 12 años no tienen ni idea de dónde salió esa frase y Alfaro no tiene ni idea de cómo hizo para llevarse este partido. Y yo tampoco. Quizás Alfaro tenía razón. Quizás, Alemania era solamente la sombra de un enano.

Miguel Freidenberg
Twitter: @miguefrei

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