El escenario de la inauguración del Mundial representa, por razones varias, un espacio legendario para la historia del fútbol. Una de ellas es Maradona, un atrevido que se lo apropió para siempre. Escribe Máximo Randrup, desde México.

“¿Ha entrado usted, alguna vez, a un estadio vacío? Haga la prueba. Párese en el medio de la cancha y escuche. No hay nada menos vacío que un estadio vacío. No hay nada menos mudo que las gradas sin nadie”, sentencia Eduardo Galeano en El fútbol a sol y sombra (¡qué hermoso libro!). Lo que enuncia el escritor uruguayo es verdad. Cuando uno se aproxima al Azteca –por estas horas, el epicentro del fútbol–, oye el relato de Víctor Hugo. Se escucha clarito, eh: “Ahí la tiene Maradona, lo marcan dos…”. Algunas canchas hablan, otras apenas susurran y unas pocas poseen la fuerza para gritar. El escenario de la inauguración del Mundial 2026 pertenece al tercer grupo.

Galeano, por ejemplo, menciona apenas un puñado de estadios míticos (como Wembley, el Centenario de Montevideo y el Maracaná) y entre ese conjunto selecto aparece el Azteca. ¿Es para tanto? ¿No es un exceso colocarlo a la par de semejantes recintos, si a uno lo denominan “la catedral del fútbol”, otro fue sede de la primera final mundialista y el restante atesora la mayor hazaña de la Copa del Mundo? ¿No resulta una exageración poner a esa altura al escenario mexicano? ¡No!

¿Dónde se disputó el que –casi por unanimidad– es considerado el mejor partido del siglo XX, aquella semifinal en la que Italia superó 4-3 al seleccionado alemán y tuvo cinco goles en el suplementario? ¡En el Azteca!

¿En qué lugar alcanzó la gloria la mejor selección de todos los tiempos, esa que ganó todos sus partidos de Eliminatorias y de la Copa del Mundo, con doce triunfos sobre doce juegos, con 42 goles a favor y 9 en contra? ¡En el Azteca! 

¿Existe algún campo de juego que haya sido elegido tres veces para llevar a cabo el encuentro bautismal de un Mundial? ¡Sí, el del Azteca! 

¿Cuál es el único estadio del planeta en el que se consagraron campeones del mundo tanto Pelé como Diego Maradona? ¡El Azteca!

¿Hay algún potrero con tribunas para decenas de miles de personas? ¡Sí, está en el Azteca! Ese terreno de juego supo ser profesional hasta que Diego lo desarmó hasta convertirlo en la cancha de un picado: el de los dos trucos de magia contra los ingleses, pero también el de su asistencia más gloriosa. No hay que olvidar, nunca, el pase que destrabó la final contra Alemania porque cuando Maradona eligió el momento “más sublime” de su carrera no vaciló: “29 de junio de 1986, estadio Azteca, México; esa fecha y ese lugar están marcados en mi piel”, expresa en su autobiografía Yo soy el Diego.

En un segmento anterior del mismo libro, cuando Maradona habla del fútbol de su infancia y de los potreros en los que jugaba, asevera: “En cualquier picado que me ponían, lo resolvía; lo ganaba yo siempre”. Eso hizo, con sueños de niño, con el césped del Azteca: lo transformó en canchita y resolvió el partido. Y desde ese día, Diego se apropió del estadio para siempre. A tal punto se lo adueñó que durante casi cinco años –desde 2021 y hasta hace unos meses– contó con un colorido y gran mural suyo en pleno ingreso. 

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Lo que sucedió con esa obra, de quince metros de alto, no debe naturalizarse; no puede tomarse como un homenaje más. Argentina se tornó el principal obstáculo de México en su ilusión mundialista (su verdugo en tres de las últimas cinco Copas del Mundo) y Diego, atrevido, se les coló en el patio de su casa con la celeste y blanca… y con ese trofeo que ellos aún no consiguieron. ¿Se imaginan a un ídolo de Alemania o Chile –los países que más hicieron sufrir al seleccionado argentino por estos tiempos–, con la camiseta de su selección, en la puerta de la Bombonera o del Monumental? Parece inviable. ¿Y que permanezca allí por años? Imposible. Pensar en esa quimera ayuda a comprender la fuerza de Maradona. Un irreverente poderoso.

“Me contactaron de la Embajada Argentina aquí en México para hacer un homenaje en el Azteca porque se cumplían 35 años del histórico partido contra los ingleses, y la verdad que fue increíble porque hasta pude recorrer la trayectoria que había hecho Diego en la cancha durante el gol del siglo. Hacer un mural suyo y en ese lugar, para mí fue muy significativo por lo que representa Maradona y por lo que hizo en ese estadio. Fue una experiencia sumamente interesante y emotiva”, le confiesa Jorge Alderete a Lástima a nadie, maestro. Si bien el mural ya no está, la huella de Maradona permanece indeleble en cada recoveco del Azteca.

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Los que saben de construcciones manifiestan que este recinto cuenta con una de las mejores acústicas del mundo. ¿Mérito de sus arquitectos, Pedro Ramírez Vázquez y Rafael Mijares Alcérreca? Una parte del logro es de ellos, quienes planearon un imponente diseño de concreto y dispusieron el campo de juego diez metros por debajo del nivel de la calle. Sin embargo, no hay que dejar de lado la teoría de Galeano: los grandes escenarios son capaces de hacerse escuchar. 

En una época en la que (casi) todo se califica como épico y en la cual se asegura que muchos tienen aura, bien vale apartarse de esa moda lingüística y afirmar que esas expresiones deberían utilizarse en situaciones excepcionales. Por ejemplo: épica fue la carrera de Maradona y aura posee el Azteca, un estadio mítico (y el potrero más sublime de Diego).

Máximo Randrup
Twitter: @MaxoRandrup

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