Después del Mundial de Sudáfrica 2010, apareció en YouTube un video animado con una canción homenajeando a Diego Forlán y la serie japonesa “Supercampeones”. No podía haber mejor manera de explicar lo que había pasado durante ese mes en el que nadie lo tenía entre los candidatos a ganar el Balón de Oro.
Con la madurez de sus 31 años, el 10 uruguayo —que había jugado 45 minutos y dejado un golazo contra Senegal en Corea-Japón 2002— llegaba al torneo con dos Botas de Oro europeas a cuestas. Pese a la opinión de la cátedra, que pensaba en Messi, Cristiano Ronaldo, Iniesta o Robben como posibles figuras del Mundial; él tenía planes: «Yo no envidio a ningún delantero estrella. Al contrario. No sé cómo explicarlo, no es de soberbio, pero estando bien le peleo a cualquiera. Y eso es lo que quiero hacer en el Mundial. Pelearla, con todo, hasta el final», decía en una entrevista con Olé en diciembre de 2009.

Ese mismo mes, con David Beckham como maestro de ceremonia, se había presentado en Sudáfrica la Jabulani. La pelota del Mundial, que tenía una redondez casi perfecta por los 8 paneles 3D con los que estaba sellada, se empezaría a usar en la Bundesliga. Algunos se quejaron porque Alemania tendría ventaja para el Mundial.
Al empezar el campeonato, las quejas se intensificaron. Iker Casillas dijo que era una pelota de playa, Lionel Messi agregó tras la victoria argentina ante Nigeria que era complicada para los arqueros y para los jugadores de campo, mientras que Diego Maradona la definió como “imposible” —no sin el correspondiente palo a Pelé, Platini y Beckenbauer— después de ganarle a Grecia.
Mientras se generaban las polémicas, Diego Forlán transformó el camino de Uruguay en un anime japonés de tiros de afuera del área, trayectorias imposibles, tiempo suspendido y arqueros vencidos. Como decía Oliver Atom, el 10 protagonista de Supercampeones, el balón era su amigo. Como un secreto, había aprovechado su condición de hombre de Adidas para pedir algunas Jabulanis y se quedaba todos los días a encontrarle la vuelta después de los entrenamientos del Atlético de Madrid.

Oliver le dice a Al Crockett, su arquero suplente, que no tenía que tenerle miedo al balón porque este era su amigo. Forlán hizo lo contrario de forma sistemática, se había hecho demasiado amigo de esa pelota a la que todos sus colegas defenestraban. Conectaba emocionalmente con ella y con el significado de su nombre en lengua zulú, que no es otro que “celebrar”. De derecha, de zurda, de tiro libre, de volea, de penal.
Mientras sonaban las vuvuzelas, también lo iban haciendo ellos: Itumelang Khune (Sudáfrica), Richard Kingson (Ghana), Maarten Stekelenburg (Holanda) y Hans Jörg Butt (Alemania) fueron los arqueros vencidos por el 10 y su amiga la pelota, con la que se reencontró en mayo de 2025 en un desafío al que lo había invitado la FIFA. Cerró los ojos y tuvo flashbacks de las cosas que habían hecho juntos: “La Jabulani me dio la alegría de mi vida”, dijo con una sonrisa anclada en Sudáfrica. Nada había cambiado entre ellos dos.
Es lindísimo que el tiempo no se nos pase
Que se quede en nosotros para siempre
Los amigos- José Carbajal, «El Sabalero»
Sebastián Chittadini
Twitter: @SebaChittadini
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