“El Cazador”, un melancólico ex delantero del Ferrocarril San Martín, recibe la noticia del asesinato de un joven fanático del club. Shockeado, lo primero que se le viene a la mente es que a ese hincha le debía su apodo. Novela por entregas, cada martes un capítulo nuevo. Escribe Lucas Bauzá.

“¡Nueve, estás más perdido que la mamá del Chavo!”

Hincha de Lamadrid, General Lamadrid 3 – Ferrocarril San Martín 0 (2008)

-¿No me vas a decir que le creíste?

-En parte sí.

-Qué respuesta de mierda. ¿Sí o no?

  Di tres pasos y alcancé a manotear la pelota antes de que tocara el piso por segunda vez.

-Si te tengo que decir ya, sí. Ayer le creí. Pero mañana, o pasado mañana, no sé, seguro te diga que no.

  Tiré al aro sin mucha confianza. La pelota pegó contra el tablero, rebotó en el aro y fue para el lado del Santo, que salió arando y la recibió mansita en su regazo.

-¿Cómo vamos?

-Diecinueve a dieciséis. Si embocás quedás a uno, Manu.

-Vos sí que sos bueno para las matemáticas.

  Embocó con un tiro limpio y la pelota quedó muerta debajo del aro. Ya derrotado, me acerqué a buscarla mientras él se acomodaba para liquidar el juego desde la posición de un libre. Le pasé la pelota con bronca.

-¡Dale, la puta que te parió! Pagate la fresca que esto está finiquitado.

  La picó dos veces, se chupó asquerosamente los dedos con la lengua y cerró el veintiuno con solvencia.

-Ah, qué lindo sacarles la plata a los kirchneristas… Pasá por caja eguein, Rodríguez. Y nada de al costo, eh, garpala como un extraño.

-Andá a la concha de tu abuela –le dije desde el pasillo que llevaba al salón del bar.

  Camila y Marito estaban jugando al chinchón en la caja, con Los Cafres sonando de fondo. Dos viejos en una mesa, una pareja de chicas en un rincón y un flaco leyendo en la vereda eran toda la clientela del lugar. Para un jueves a la tarde, no estaba mal. Saqué una Brahma de la heladera y le pagué a Camila, que ni siquiera levantó la vista para agarrar el billete, dando así por tierra con mis tímidas esperanzas de invitarla a salir. Capturé un tarrito de maní y volví al patio.

-¿Qué onda adelante?

-Cinco personas.

-¿Cinco personas de mierda? ¿El boludo de la vereda sigue ahí?

-Ajá –respondí, mientras llenaba los vasos.

-Ese es capaz de leerte Guerra y Paz de un tirón y lo único que consume es una lata de gaseosa.

-No te quejés.

-No, no me quejo… Buen chabón, el flaco… El día que no esté más en su puesto este mundo se va a la mierda.

  Me ubiqué en un cajón de botellas vacío y prendí un Chesterfield

-Che, boludo.

-¿Qué querés?

-¿Cami está soltera?

-¿Camila? No, creo que no. Hay un vaguito que cada tanto viene a buscarla.

-Ah.

-¿Querés arrimar el bochín ahí?

-Y…

-¿Hace cuánto que no mojás?

-¿Yo?

-No, yo. Sí, vos, boludo, vos.

-Y, ni idea… Meses. Cuatro, cinco meses.

-¡¿Cinco meses sin coger?!   

-¡¡Cerrá el orto, la concha de tu madre!!

-No ves que Dios le da pan al que no tiene dientes.

-¿Y vos?

-Con tus piernas y con mi chota haría desastres, boludo… Yo ayer la puse, si vengo de racha.

-Sí, esto es así… Son rachas pasajeras, boludo.

-¿Rachas? Lo tuyo ya es crónico. ¿Y Fátima?

-¿Qué tiene que ver Fátima con que yo no la ponga?

-Mandale un mensajito, boludo.

-¿Estás loco vos? Está en otra, boludo, ya fue.

-Por ahí se divorció, o anda mal con el marido.

  Me paré, con ganas de tirar unos zapallazos más. No me gustaba hablar de Fátima, tampoco escuchar que alguien hablara de ella.

-Che ¿así que entonces no lo ves al gordo Lozano?

-No sé.

-¿Pero vos te preguntaste el móvil, como se dice? ¿O sea por qué? ¿Por qué lo haría Lozano? ¿Por qué el Bebi? ¿Por qué este, por qué aquel? ¿A quién le sirve más que Dardo no esté en el club?

  Desconcentrado, era el cuarto tiro consecutivo que erraba.

-Eso es por no mojar la piola –observó el Santo–. Si vas a buscar alguno con esa puntería más vale quedarte en casa.

-Primero tengo que saber a quién.

-Y no tenés la más puta idea.

  Volví a fallar, desde una posición favorable.

-La concha de mi vieja.

-¿Mañana la ves a la hermana de Dardo, no?

-Sí, mañana a la tarde me dijo que vaya.

-Bueno, por ahí se te aparece alguna punta hablando con ella.

-No, no creo.

-No, yo tampoco. Te lo decía para darte esperanzas. Está bravo el asunto…  

-¿Sabés que me da bronca? –dije, parado contra la medianera, midiendo el aro mientras picaba la anaranjada– Que ellos no tienen que ser muy buenos, no puede ser tan complicado… Sí, la verdad que ni puta idea, pero esto es Argentina, chabón, no existe eso de las películas que alguien tiene un plan perfecto. Bah, no creo que eso pase acá…

-No…

-¿Calás la que te digo?

-Sí, sí, que acá somos bien pedorros.  

  Erré una vez más. Me acerqué corriendo rumbo al aro y tomé el rebote de manera aparatosa, como si hubiera luchado por la pelota frente a tres colosos.

-Buena, Rodman.   

-Nosotros somos dos panchos –estaba a un metro del aro. Una bandejita simple y rompía el maleficio–. Pero del otro lado no debe haber una mente maestra, a eso voy, Santo. Alguien pensó algo medio pelo, lo hizo, pero alguna cagada se tiene que haber mandado.

-¿Y si no aparece nada en estos días?

  Tiré. La pelota giró tres veces en el aro, coqueteó con la red, pero salió como si adentro tuviera un conejo adiestrado por Santopietro.

-Me cansé –murmuré, caminando hacia la birra con la pelota debajo de la suela. 

-Che ¿Y si no aparece nada?

-Vamos a ver, Manu. El timbre sonó, chabón. El timbre sonó –repetí, sirviéndome otro vaso y pellizcando unos maníes–. Hoy me voy a mandar al Facebook a ver si pesco algo.

-Y sí, por ahí se sacaron una selfie con Dardo al lado. A ver, paspado, pasame la balón. Si emboco te pagás la vuelta.

  Miré el aro, a unos seis metros del picnic que habíamos armado, y luego al Santo, que esperaba mi respuesta con un cigarro en la boca y aura de ganador.

-Ni llegás. Dale, a ver –acepté, empalando  la pelota con el empeine y dejándosela en las manos.

-Poniendo estaba la gansa, Rodríguez –canchereó antes del lanzamiento.

-Kiricocho –lo mufé como un pelotudo, con los ojos en la esfera naranja que se acercaba al aro dibujando una parábola perfecta.

-¡Poniendo estaba la gansa, Rodríguez!

Lucas Bauzá

Diseño de imagen por Lucas Vega, pueden encontrar más sobre él en Estudio Bosnia.

Ilustraciones en el texto por Nach.

El próximo martes, el capítulo 11.

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