Los que dicen que fue partido de Copa Libertadores están equivocados. Fue otra Copa, una que conocen Alfaro, Canale, Almirón, Junior Alonso, Velázquez, Alderete, Cubas, Gill, Caseres y Ávalos, que empareja y empioja todo: la Copa Argentina. Ahí, el equipo del Federal A o de la B Metropolitana choca, ensucia y se putea con los tipos que ve en la tele aunque después no llegue a fin de mes. “La concha de tu madre”, le dijo Mbappé a Junior Alonso, contradiciendo a aquellos que dicen que en la cancha de Sarmiento no la toca.
Los que sí no la tocarían en Junín o en el Carminati, quedó demostrado hoy, son Dembelé y Olise. Al mosquito le pusieron una pastillita fuyi y volvió a ser el de Qatar 2022, aquel que Deschamps sacó antes del primer tiempo en la final. Los paraguayos fueron los pararrayos que pidió Alfaro y frenaron la tormenta. Fue un penal chiquito, tonto, de Diego Gómez el que desequilibró el partido. El resto fue todo impotencia francesa y aguante paraguayo.

Los de Alfaro demostraron que se puede. Francia terminó aguantando la pelota en el corner para que pase el tiempo. Marruecos tiene todo para jugarle igual, al roce, al golpecito, al empujón, pero con una diferencia: tiene poder de ataque. Los partidos hay que jugarlos. Hace unos días le queríamos dar la copa a Francia pero todavía falta. Hay que ver cómo se reponen de los moretones con firma guaraní.
Un cuatro de julio en Filadelfia, como Rocky contra Apollo Creed. En la película, la pelea la venden como una demostración de que Estados Unidos es la tierra de las oportunidades. El lugar donde el mejor puede perder contra un voluntarioso. Cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia.
Al final siempre ganan los que tienen que ganar, pero quien nos quita lo gritado. El gran sueño americano es venderte que podés y que al final Jenny no se quedo con Forrest o Apollo noquee en la última a Rocky. O que Paraguay lo aguante casi setenta minutos a Francia para terminar perdiéndolo con un penalcito.
Juan Stanisci
Twitter: @juanstanisci
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