No sé qué escribir pero tengo una certeza: fue el día de la marmota scalonista, quizás el peor partido del ciclo. Algún memorioso podrá decirme que Venezuela aquel día del Wanda Metropolitano de Madrid o incluso el debut de Qatar 2022. Jugábamos contra la Arabia de Al Dawsari y no nos dimos cuenta.
Pero esto es peor: Argentina coqueteó con el abismo y le dio abrazos a la desgracia, como si nos sobraran los cardiólogos, en los primeros dieciseisavos de final de la historia de la Copa del Mundo. Encima defiende su cinturón de campeón, luego de ganar sin dificultad los tres primeros partidos, contra un equipo extremadamente inferior.
Los últimos minutos fueron como los de Francia en el Lusail, solo que en lugar de Kylian Mbappé estaba Sidny Lopes Cabral: honor y gratitud a Cabo Verde, equipo histórico del Mundial 2026 y de la historia de este certámen. Pero Argentina se empeñó en convertir los sueños de Vozinha en nuestras pesadillas. Y lo logró.

El equipo de Scaloni tuvo niveles individuales muy bajos: Enzo, Alexis, Lautaro, Julián en modo liga argentina. Fuimos Messi, Lisandro Martínez y nueve más, si es que éramos nueve más.
Aún así, el partido seguía libretos relativamente esperables. Partido cerrado, abierto con la magia de los dos mejores jugadores: nos lo empatan de manera insólita. Golazo al inicio del primer tiempo extra, nos hacen un empate imposible. Es difícil la Copa del Mundo, pero la hacemos más difícil nosotros.
Alguno podrá decirme que ganamos: tiene razón. Si esto es Suiza 2014 o Nigeria 2018 lo dirá el destino. No obstante, partimos de la premisa de que el mundo puede ser modificado. Hoy el cuerpo técnico tardó en hacer los cambios, prescindió de jugadores capaces de romper el molde como Barco, Lo Celso e incluso Simeone. Jugamos en cuatro días.
Cuando baje la espuma, quedarán los interrogantes. Las respuestas a las preguntas que no esperábamos podrán llegar el próximo martes 7 de julio a las 13:00 en Atlanta, cuando Argentina juegue contra Egipto en los octavos de final de la Copa del Mundo.
Este equipo merece el beneficio de la duda. Pero no quedará tiempo para despedirse.
Escribe: Santiago Núñez
Twitter: @SantiNunez
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