Vayan al archivo: septiembre debe ser el mes con más partidos suspendidos por cuestiones climáticas en el fútbol argentino. Cosa e’mandinga, en la semana el sol nos ilumina pero los fines de semana el cielo se pone negro y rezamos para que no llegue el apocalipsis mientras tratamos de gritar un gol. La semana pasada Atlético Tucumán – River se jugó con el clima de la tormenta perfecta con Falcioni en lugar de George Clooney. Ayer, en el Bajo Flores, los vientos de septiembre trajeron tantos baldazos de agua como para que Agostina Hein se tire unos largos en el Pedro Bidegain.
“Viento dile a la lluvia”, cantaban Los Gatos hace casi sesenta años. La escribió Litto Nebbia pero podría reversionarla Leandro Paredes. El cinco, el centrojás de camiseta adentro del pantalón, no dejó que el barro ni el agua le quitaran la elegancia. “Viento dile a la lluvia que tire más agua, yo juego igual”, podría decir, desafiante, Paredes. Jugó en modo Teniente Dan en Forrest Gump, gritándole a Dios “¿Esto es una tormenta? Soplá, dale”. Cuando todo se encharcaba y nadie podía trasladar la pelota, Paredes la levantaba como en la playa y se la daba redonda a los compañeros. El perfume de la tempestad habita en su botín.

Antes de la lluvia hubo un clásico. Uno que, desde hacía tres años, no se jugaba en el Nuevo Gasómetro. Delicias del fútbol argentino. En el primer tiempo, cómo le había pasado contra Independiente, al local le costó todo. Defender, atacar, juntar tres pases, cruzar mitad de cancha, defender lejos de su área, todo era un problema para el equipo de Insúa. Boca estaba mejor, aunque todos los caminos conducían al centro desde los costados. Después de la expulsión San Lorenzo pareció querer revelarse. Fue solo eso, un parecer, un amague.
El segundo tiempo, salvo los primeros cuatro minutos, fue todo de Boca. Goles uruguayos, bien de bien, bo. Bailando una rica plena. Mientras, en la tribuna, una muestra gratis para todo el mundo de lo que es el fútbol argentino: la gente de San Lorenzo saltando y cantando como si la lluvia pudiera lavar los malos resultados o las dirigencias nefastas. Como citando al Flaco: «la lluvia borra la maldad y lava todas las heridas de tu alma».
Juan Stanisci
Twitter: @juanstanisci
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