Fútbol Para Todos

 

   Tenía que ser una fiesta. Un fin de semana de alegría y carnaval. Porque salir campeón es lo más hermoso que puede pasar en el fútbol. Nada debería tapar un campeonato. Si los hinchas de Racing pudieron salir a festejar tranquilos mientras el helicóptero de De La Rúa les pasaba por encima y los ecos de las balas en Plaza de Mayo se mezclaban con el golpe de las cacerolas ¿Por qué entonces la alegría no podía ser completa? Porque para el hincha el final del Fútbol Para Todos es peor que un descenso.  

 

   De chico tuve que hacer malabares para ver fútbol. En los partidos importantes me iba a la pizzería del barrio, en los otros me conformaba con tratar de distinguir una pelota o una camiseta por el extinguido TyC max con la radio de fondo o mirar las tribunas por fox sports mientras relataban como si estuvieran en la radio pero por televisión. Optimismo contra masoquismo. Mirar en TyC max era como querer mirar porno y poner venus sin decodificador. Que te relaten el partido y te muestren a la hinchada era un sufrimiento doble: no solo no veías que pasaba en la cancha, sino que a cambio te mostraban el lugar en el que te morías por estar pero no podías ir por vivir en otra ciudad. Un día a mi vieja se le ocurrió comprar el pack de Cablevisión para ver los partidos. La gloria hecha fin de semana. Ahora podía ver los partidos en vivo, aunque solo fuera Boca, River y algún otro. Pero la alegría duro poco, es más nunca llegue a usar el pack de Cablevisión: dos meses más tarde la AFA de Grondona y el gobierno de Cristina firmaban el Fútbol Para Todos. Años esperando tener el puto decodificador para que a los dos meses no sirviera más. Mucho no me importó, porque el asunto ahora mejoraba: iban a dar todos los partidos. No solo a Boca, River, San Lorenzo, Independiente y Racing. No. Ahora también podías ver ese partido espantoso del viernes a la noche, ese Gimnasia – Quilmes o Temperley – Arsenal donde lo único que te indicaba que se estaba jugando al fútbol era que había una pelota rodando. La inclusión total. Las políticas de gobierno no tienen que entender de estética a la hora de incluir a la gente.

 

   Huracán – Lanús fue lo primero que vi gracias al Fútbol Para Todos. Nunca antes se había televisado los 20 partidos de primera. Y al principio se notó. La jugada iba para un lado y la cámara para el otro, los relatores no sabían los nombres de los jugadores. ¿Pero a quién le importaba? El hincha de Godoy Cruz podía ver en vivo el partido completo de su equipo cuando jugaba de visitante. Nada de quedarse hasta la madrugada viendo Fútbol de Primera, para que solo te dieran los goles. Y para colmo de inclusión, el campeón fue Banfield. Si lo escribe Hollywood parece exagerado.

 

   Pero la cosa no quedó ahí, porque si vamos a meter no va a ser un dedo, va a ser la mano entera la que se meta en el culo de los que se llenan de plata con la pelota. Y con el tiempo al campeonato de primera se sumaron el Nacional B, las Eliminatorias, la Copa Libertadores y los Mundiales. Las transmisiones empezaron a ser en HD y los partidos podían verse por youtube, acá y en la china de Tévez. Una vez viendo un partido de Uruguay por eliminatorias en Youtube, un uruguayo agradecía al gobierno argentino porque esa era la única forma que tenía de ver a su selección. La inclusión rompe fronteras.

 

   “El que quiera ver fútbol gratis que se vaya a Cuba”. Lástima que en Cuba a la pelota le pegan con un bate de beisbol. Dijeron que era un derroche, que con esa plata se podían hacer escuelas y hospitales. No tuvieron en cuenta que mientras mirábamos fútbol gratis, los hospitales y las escuelas se seguían inaugurando. O que el Macrismo nos dejó sin fútbol para todos, pero las escuelas y los hospitales están igual y son los mismos. Desempolvaron eso del pan y circo, los mismos que se mueren por tener un nieto o un hijo que la rompa para llenarse de plata. Porque el problema no es Fernando Niembro o Don Niembra para los amigos, el problema siguen siendo los que están al lado tuyo y piensan como si cortaran el bacalao. Y lo único que cortaron es la alegría de un pueblo. Porque el Fútbol Para Todos no vino solamente a mostrarnos todos los partidos de una fecha. No. Vino a decirnos que la cultura no se vende. Que los sentimientos no se pagan. Que los colores no se codifican. Que poder ver a tu club, ese que te hace llorar de alegría o de tristeza, también es un derecho. Un derecho que se llevaron. O peor, un derecho que nos vendieron.

 

   La televisación es uno de los negocios más rentables del fútbol. Pero está en nuestras manos que se arrepientan de venir a ponerle precio a los goles, las patadas, las gambetas y los caños. La organización es la mejor arma cuando un derecho es arrancado. En este caso, lo mejor es juntarse. Juntarse en los bares y que ningún particular pague un abono para ver a su club. Habrá que volver a los bares y pagar las birras más caras que en el chino, pero por lo menos no le vamos a pagar a Fox y Turner, los nuevos dueños de la pelota. El Fútbol para Todos se terminó y no me importa haber salido campeón. Porque acá perdimos todos. Perdimos por afano. Y nos fuimos a la B.

 

Juan Stanisci

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