La alegría no es sólo codificada

La Boca vivió un domingo atípico. Acostumbrados a reunirse en los bares para ver el partido, vecinos y allegados salieron a la calle desde temprano buscando una ubicación. Pero éste no fue un domingo más. El Fútbol Para Todos se terminó y la gente del barrio no sólo no tenía la opción de verlo en casa, sino que también la condición de visitante de Boca los hacía querer juntarse con los de la misma bandera para alentar en la distancia.
Por primera vez en mucho tiempo, los bares que rodean a la Bombonera se vieron desolados. Tanto el bar Ribera Sur como El Conventillo, ubicados a una cuadra del estadio y lugares emblemáticos de la arenga xeneize, sólo tuvieron como respuesta una cara rancia de haber perdido el negocio y una única respuesta: no tenemos el codificado. Aparentemente, los servicios complementarios al ocio como la Internet y el cable no son generosos en su infraestructura en los barrios bajos. Ésto no es novedad y los vecinos lo saben. Una vecina ofuscada que no tenía entre sus planes salir a buscar un bar, contó que le cortaron el servicio en la semana y no le garantizaban solucionárselo para el domingo. Obviamente, pidió la baja del servidor «que me corten cualquier cosa, menos Boca», se la escuchó decir.
El bar 1905, ubicado en el interior de la Bombonera y con capacidad para 350 personas, colocó 3 pantallas además de los televisores LED que brillan habitualmente y largó promociones para que socios y no socios puedan disfrutar del partido en el corazón del club. Una hora antes colmó su capacidad y las 50 personas que hacían cola afuera para ingresar se quedaron sin su posibilidad.

¿Dónde vemos el partido?
Era la pregunta a la que los xeneizes no estaban acostumbrados. Y todos los dedos apuntaban hacia un mismo lugar: el local de Boca Es Pueblo.
Boca es Pueblo es una organización antimacrista que trabaja en el barrio hace muchos años con la idea de recuperar la identidad barrial del club, tanto en lo institucional como en lo deportivo y acercar el sentimiento xeneize a la gente sin recursos. Ubicados frente a la plaza Irala, colocaron una pantalla en la vereda de su local para todos los allegados puedan disfrutar del partido sin pagar un centavo.
Y así fue, decenas de niños, mujeres, ancianos y demás se juntaron junto a los bombos y trompetas que suelen sonar en las tribunas para disfrutar del partido, rodeados de camisetas azul y oro truchas, originales, de imitación y no tanto. Algunas simplemente con una frase impresa que cargue al rival de turno, pero siempre con los colores alentando. Y fue una jornada del pueblo. Una alegría que no pudieron privatizar.
En épocas de ajuste y privatización, el votante promedio padeció dónde más le duele, sus propias decisiones y los bares alejados de los grandes centros urbanos padecieron la desidia de vivir en un barrio sin privilegios. Porque más allá de sus detractores, el fútbol para todos no sólo era la igualdad de disfrutar de la misma manera ver un partido en el Chaco o en Recoleta, sino también la posibilidad de invitar a un amigo a tu casa y disfrutar un buen rato sin tener que pedir permiso.

Fabián Leppez*.



*Texto extraído de www.ombligo-cuadrado.wix.com/fabianleppez
ombligocuadrado@gmail.com

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