El loco Messi

Volvió Messi a la selección. Y como cada vez que esto sucede, con él reaparecen todos los tipos que como no tienen nada mejor que hacer, entonces lo critican. Mientras acá lo lloramos cuando se va y le reclamamos cuando vuelve, hay una islita perdida en el tiempo entre el imperio y las aguas calientes del Caribe, que lo quiere como a un hijo de su tierra.

-¿Vas a Cuba? Lo aman a Messi ahí.

Ya me lo habían anticipado. Aunque ir a Cuba solo a comprobar si era verdad esa teoría es un desperdicio casi tan grande como solo hacer el recorrido Habana vieja-all inclusive en Varadero. Es casi tan al pedo como vivir encerrado en tus auriculares y negar el sonido ambiente de la calle.

Entonces lo importante iba por otro lado. Adentrarme en las calles empedradas, en la historia de la Revolución Cubana, vivir el socialismo y que nadie me lo cuente. Enterarme quién fue Frank País, Vilma Espín, descubrir el liderazgo de Fidel, el coraje de Guevara, la picardía barrial de Camilo Cienfuegos.

Cada ciudad tiene una empatía particular por una figura de la gesta histórica. En la ultra turística Habana decirle a un cubano que sabés quién fue Camilo es como decirle en Capital a un pibe de Laferrere que caminaste por Calderón de la Barca o esperaste un bondi en Ruta 21 y Carlos Casares. En Santa Clara el orgullo argentino explota, es el lugar de Guevara. “Fue una estrella quién te puso aquí”, lo recuerdan las paredes. “Santiago de Cuba rebelde ayer, hospitalaria hoy, heroica siempre” es la ciudad de Fidel, donde empezó y explotó todo.

Aunque todos los esfuerzos de la Revolución por convencer políticamente a su pueblo hoy en día sufre grietas justamente donde la pasión se vuelve negocio: el fútbol. La globalización filtró sus redes en Messi y el fútbol español. Cuba se independizó de España en 1898 y se libró de las cadenas estadounidenses y de la dictadura de Fulgencio Batista con la conocida Revolución del 1 de enero de 1959. Sin embargo no hay grandes vestigios en el pueblo cubano de rencor hacia estos países, sí hacia sus gobiernos, no hacia su gente, más bien todo lo contrario.

La bandera de Estados Unidos se ve en la vestimenta que usa alguna gente en la calle, es ropa que le mandan cubanos y cubanas que viven allá. Algunos autos también tienen un calco yankee. “El carro es de Estados Unidos”, me dice un taxista con la remera del Real Madrid a modo explicativo.

Aquella vieja colonización española hoy vive un renacimiento en aquellos y aquellas a los y las que les gusta el fútbol. El mega clásico global Real-Barsa también encontró en Cuba individuos de consumo. Las camisetas de Messi que se multiplican ante tus ojos son una muestra de ello.

El taxista merengue, que me lleva a un viaje largo, está en contra del régimen de los Castro. Me habla de corrupción y que solo unos pocos se enriquecieron. Cambiamos de tema para empatizar a través del fútbol.

-¿Muy buena remera, sos hincha del Real o la tenés solo por moda?

-Soy hincha, miro todos los partidos. Los clásicos contra el Barcelona se para la ciudad. A mucha gente le tira más el Barsa por Messi.

-¿Y por donde ves los partidos?

-Por la televisión, ¿por dónde va a ser? Dan todos los partidos del Barcelona y del Real Madrid.

La televisión es estatal, pública y gratuita. Bajo del taxi sin llegar a decirle que en Argentina para ver esos partidos hay que contratar un cableoperador que hoy en día lo más barato que te puede salir es $909 por mes. Tampoco llegué a comentarle que un periodista devenido en político en campaña dijo en 2015 que si queríamos ver fútbol gratis nos vayamos a Cuba.

El viaje largo es para visitar al periodista cubano de gran trayectoria Mario Torres de Diego que escribió el libro “Fidel y el deporte. Selección de pensamientos 1959-2006”. Mario me explica que el gobierno no solo compra los derechos para pasar las transmisiones de los partidos de los gigantes del fútbol español, sino también de los mundiales y los Juegos Olímpicos. “Acá nos encanta el fútbol aunque no lo jugamos muy bien. En los mundiales hinchamos por Brasil” y antes que yo le diga nada agrega “y ahora por ustedes por Messi”.

Ni por Guevara, ni por Maradona. Por Messi. “¿Y Diego no es querido? Vivió un tiempo acá”, le pregunto. “A Maradona lo aceptamos porque vino a Cuba a recuperarse de una enfermedad y por ser amigo de Fidel”, me responde sin titubear.

Del Maradona futbolista no hay registros en estas tierras. La globalización que invade los estados-nación por arriba y por abajo es hoy y hoy es Messi el genio que calzó justo en este momento del mundo para ser fútbol, negocio y admiración. Para ser millones de dólares y para inspirar a que los niños del mundo quieran tener su remera. Para que sueñen con ser Messi algún día, alguna vez.

La sección de deportes de los medios web cubanos suele tener noticias de beisból y de Messi, que es casi como un deporte aparte. A horas de la eliminación de Argentina contra Francia el periodista Aynel Martínez en Cuba Debate escribió una excelente editorial que decía:

“Las derrotas no terminan nunca porque son, casi siempre, una construcción social. Las derrotas sistémicas son manías mediáticas. Tres finales en cuatro años y se habla de proyectos desgastados, de divisiones en el vestuario, de generación desafortunada, de desfile de técnicos, de un Messi endeble… tres finales en cuatro años. No existe un sistema de derrotas; existen escenarios disponibles para comprimir las victorias potenciales y eso ha llegado a ser, hasta cierto punto, orgánico: cuando se pierde, llega la embestida contra el orgullo o la dignidad nacional, que es un orgullo difícilmente medible, una dignidad poco científica. Lo peor de las derrotas interminables es que siempre hay gente que acaba creyéndose que durarán para toda la vida.”

La mirada del cubano tan simple y clara te ayuda a desintoxicarte de tantos Niembros y su manera de entender el fútbol y por ende la vida. Caminando por las calles de Cuba me topé con un amor por Messi inexplicable e inquebrantable. En La Habana te ven argentino y te preguntan por Messi. Los cubanos quieren hablar de Leo, conocer más sobre él. Sentado en una vereda se me acercó uno a los gritos.

-¿Sos argentino? La tierra del loco Messi.

-Jaja me hiciste reir. De loco no tiene nada. Es re tranqui el pibe.

-¿Qué no? ¿Vos viste lo que hace en la cancha? Es un loco bárbaro.

Entonces le conté de todas las críticas extra futbolísticas que recibía en Argentina, la eterna e injusta comparación con Diego. Me dijo que allá fue noticia cuando rompieron su estatua en Buenos Aires. Me di cuenta de la pureza de las opiniones futboleras cuando no están contaminadas por construcciones mediáticas. El cubano nunca había oído hablar del Club de Amigos, de que Messi arma las listas, pone a los técnicos, no canta el himno, de las finales perdidas y demás. Hablaba de Leo con el cariño que se le tiene a alguien que te dio algo y con el que siempre vas a estar agradecido. Antes de levantarme del piso e irme me salió el periodista crítico de adentro:

-¿Acá no le critican nada a Messi?

-Sí, que sea multimillonario. ¿Debe tener un montón de casas no?

Lucas Jiménez

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s