El hombre invisible

Thomas Muller es un jugador inclasificable. Salido de otra época. Escribe Juan Stanisci.

En tiempos de cuarentena los canales deportivos se encontraron frente a un gran problema: ¿cómo seguir hablando pavadas si la pelota no corre en ninguna de las ligas principales? Algunos optaron por seguir sus programas en la modalidad desde casa. Distinto fue el caso de TyC sports durante las primeras semanas, el canal propiedad del grupo Clarín, uno de los principales cultores del termismo en los últimos años, se decidió a hacer algo bien: recuperar lo mejor de su programación en los últimos veinticinco años. Entre todo este material, se encuentran los mejores partidos de los últimos seis mundiales. De Francia 1998 a Rusia 2018. Esos mejores partidos incluyen en gran medida a Alemania. Y si aparece Alemania, entonces vamos a ver, aunque parezca un oxímoron, al Hombre invisible. Más conocido como Thomas Muller.

Medias bajas. Flaco, largo, desgarbado. Muller tiene pinta de jugador de otra época. Hasta su forma de festejar los goles es antigua: sale corriendo levantando los brazos, para luego pegar un saltito tirando un puñetazo al aire. El típico festejo que se vio hasta Italia 90, ese que se suele señalar como el último mundial antes de la modernización del fútbol.

La intuición tiene que tomarte en movimiento

Todo empezó en 1999. Muller tenía diez años. En ese año la Asociación de Fútbol Alemán, diagrama un plan de entrenamiento de alto rendimiento para las divisiones inferiores. Se crearon 115 centros regionales de entrenamiento en todo el país. El objetivo era que ningún juvenil estuviera a más de 25 kilómetros de una red centralizada de detección. Al año siguiente, Alemania sufrió el golpe futbolístico más grande desde Francia 1938: fue eliminada de la Eurocopa del 2000 en primera ronda, quedando última en su grupo. Esto derivó en otro plan: que los clubes de la Bundesliga se comprometieran a fortalecer sus divisiones inferiores. Muller, como miles de chicos alemanes, comenzó a jugar en el club de su pueblo: Pahl. Su equipo competía contra otros del resto de Alemania, algunos representando otro ciudades y otros a los equipos más tradicionales como el 1860 Munich o el Bayern Munich.

De la mano de Muller, el equipo de Pahl fue avanzando en el torneo hasta llegar a la última fase eliminatoria. Una tarde que hizo siete goles, entre el público se encontraba Jan Pienta un ojeador del Bayern Munich que años más tarde diría “Su técnica no era nada especial, pero estaba todo el rato corriendo por todas partes.”. Pienta recomendó al Munich fichar a Muller.

Muller es un hijo pródigo de los centros regionales de entrenamiento, no es un crack por su técnica nata, sino por lo que fue aprendiendo a lo largo de los años. Es indudable que tiene un talento desde la cuna: su intuición. En varias entrevistas lo ha reconocido, su principal virtud es la capacidad para estar dónde debe estar, en el momento indicado. Pero su juego no son sólo pálpitos; durante los partidos Muller no para de moverse, cómo dijo el veedor del Bayern Munich.

“Tengo buena intuición para saber dónde ir y cuándo hacerlo. Todo es cuestión de saber cuál es el momento adecuado” así comienza el breve especial que le dedicó Informe Maldini, a sus orígenes, “creo que mi cerebro es capaz de procesar ciertas situaciones”, agregó con una media sonrisa.

Muller se suele parar detrás del nueve o, en una línea de tres volantes ofensivos, sobre la punta derecha. Pero cualquiera sea su posición en la cancha no se queda quieto. Es la representación futbolera de aquella frase de Picasso que decía que la inspiración te tiene que tomar trabajando. Muller tiene mucha intuición, es cierto. Pero no para de buscar el momento para ponerla a prueba. Marca diagonales. Sale. Entra. Amaga a ir para afuera. Después para adentro. Muller es ese delantero de jueves a la noche debajo de la autopista que no para de correr y desmarcarse, hasta que el defensor le dice “¿Loco podés parar de correr?” o directamente le pega un hachazo en la rodilla.

Volverse visible

¿Cómo puede haber recibido tan solo?  Esa misma pregunta se deben hacer todos los defensores cada vez que Muller aparece solo para definir. Como un hombre invisible que segundos antes de definir aparece a la vista de todos.

El estadio Mineirao estaba listo para una noche de gloria. Brasil en su casa jugaba la primera semifinal. No faltaron las caras pintadas con los colores amarillo y verde, el himno cantado a capella por el público y los futbolistas ni la camiseta número 10 recordando al lesionado Neymar en manos del capitán David Luiz.

Los primeros minutos tuvieron a Brasil yendo al ataque. Sin llegadas claras, el conjunto brasileño era dueño de la pelota. Alemania replegada, dejaba al local mostrar sus cartas.

Brazil’s goalkeeper Julio Cesar can not stop a shot by Germany’s Thomas Mueller, background, to score his side’s first goal during the World Cup semifinal soccer match between Brazil and Germany at the Mineirao Stadium in Belo Horizonte, Brazil, Tuesday, July 8, 2014. (AP Photo/Andre Penner)

A los diez minutos hay córner para Alemania. Brasil marca en zona y al hombre. David Luiz lo sigue a Muller. El número 13 alemán se para cerca de la medialuna del área, David Luiz lo sigue con la mirada. Muller relojea. Cuando ve que su compañero empieza la carrera para tirar el centro, simplemente desaparece. Los atacantes alemanes, corren hacia adelante para conectar la pelota. Muller se sumerge entre las olas de delanteros y defensores. Consigue emerger al otro lado para definir con un movimiento poco ortodoxo, mientras David Luiz lo sigue buscando, en el sector opuesto de la marea formada por brasileños y alemanes.

Tal es la capacidad de Muller para desmarcarse dentro del área que parece volverse invisible. Los defensores lo pierden por su constante movilidad.

Movimiento, las cosas tienen movimiento

Durante aquella goleada histórica a Brasil pudo verse a Muller en todo su esplendor. Si bien solo hizo un gol, estuvo directamente involucrado en otros tres. En el segundo metió una de sus típicas diagonales para dejar solo a Klose que definió, tapó Julio César dando rebote, y volvió a definir con el arco vacío. En el tercero entraba solo por el punto penal, pero le pifió a la pelota, ésta le cayó a Kroos que remató al lado del palo. En el cuarto y el quinto no tuvo nada que ver: Khedira y Kross agarraron a Brasil apretado en la salida y saliendo mal. En el sexto hay un centro al medio que define Schurle, Muller casi hace que su compañero le pifie a la pelota por llegar embalado para definir. El último es un bombazo todo de Schurle.

Muller no se quedó quieto en todo el primer tiempo. Siempre parado entre Marcelo y David Luiz, marcaba pases, tiraba diagonales, se metía en orsai y salía. De esta manera, a pesar de no entrar directamente en juego, era un dolor de cabeza para los defensores brasileños y una fuente constante de espacios para sus compañeros.

El árbitro de aquella noche, Marco Antonio Chiquimarco Rodríguez, le contó al periodista español Julio Maldonado sus sensaciones sobre el partido. Muller no podía quedar afuera. “Muller es un hombre muy desequilibrante. Su presencia distrae a sus oponentes.” Fue mucho más lo que hizo sin tocar la pelota que con ella. Para Muller la pelota solo sirve para dos cosas: dársela a un compañero o mandarla adentro del arco. Nada de tenerla o gambetear.

En ese partido se vio la otra cara de Thomas Muller. O mejor dicho, no se vio. Iban setenta y siete minutos. Pelota dividida. Muller va a trabar con David Luiz como si el partido recién empezara, aunque ya estaba cinco a cero. Muller pone la suela sobre la pelota, pero ésta le queda a David Luiz. El defensor se acomoda mientras el alemán se levanta. Entonces David Luiz la vuelve a tirar para adelante, como en el potrero, a dividir con Muller. El hombre invisible que dé a ratos se hace visible, entendió como venía la mano y no fue a buscar la pelota. Otra vez la intuición. David Luiz le tiró una patada a la altura de la rodilla. Pero la calentura del brasileño no venía por la goleada. Chiquimarco Rodríguez, en la misma entrevista reveló que Muller se pasó todo el partido haciéndole morisquetas a David Luiz. Por lo cual, él sabía que esa patada en algún momento llegaría. Por suerte para Muller, no lo agarró.

Aunque no todo es moverse de manera constante, su intuición consiste en saber cuándo acelerar y cuando frenar. Como en los dos goles frente a Inglaterra en Sudáfrica 2010. En ambos Alemania agarra de contra al equipo inglés. En el primero Muller pica hasta llegar a tres cuartos de cancha mientras Bastian Schwensteiger conduce, entonces empieza a frenar su carrera. El defensor inglés lo pierde de vista. Schwensteiger amaga para luego soltar la pelota y dejarlo solo frente al arquero. El número 13 define rompiendo el arco inglés. Dos minutos más tarde Alemania vuelve a salir de contra, esta vez comandado por Ozil en soledad. Por la otra banda va Muller, esta vez al trote. Nunca acelera. Ozil lo espera, mete un pase entre las piernas del defensor para la llegada a tiempo de Muller que define solo.

¿Y este quién es?

El 3 de marzo de 2010 Argentina y Alemania jugaron un amistoso como preparación para el Mundial de Sudáfrica en el estadio Allianz Arena en Munich. En un partido bastante duro y aburrido, Argentina ganó 1 a 0 con gol del Pipa Higuaín. Al finalizar el partido Diego Maradona entró en la sala de prensa para hablar con los periodistas. Ni bien se sentó empezó a mirar hacia el costado, incómodo. “¿Qué hace este acá?” preguntaba. Éste era Muller. “La conferencia de prensa es del técnico” decía Diego medio divertido, medio enojado. No sabía que el flacucho ese que estaba a su lado, era un jugador alemán. Cuando se lo dijeron pidió que le pregunten primero al jugador, él esperaría a un costado. Diego se levantó de la conferencia de prensa. Muller no entendía nada. Diego no entró en razones y hasta que el jugador no se fue, él no volvió. Era el primer partido de Muller con la selección mayor alemana.

En muchos países el número trece es un mal augurio. Muchos clubes tratan de que sus jugadores no lo utilicen, a menos que las competiciones que disputan los obliguen a usarlo. No es el caso de Alemania. Para el seleccionado germano, lejos de indicar mala suerte, es un número histórico: Lothar Mathaus y Michael Ballack llevaban el 13 en la espalda. El 1 de junio de 2010 le fue asignado a Thomas Muller. Y lo utilizaría en los tres mundiales que jugó.

Ciento veinte días habían pasado del amistoso en Allianz Arena. Alemania había pasado su grupo con algunas dudas, aunque fue primera con seis puntos después de perder con Serbia. Por el otro lado Argentina había terminado con puntaje ideal. En octavos de final ambas selecciones pasaron con polémica: Argentina con el gol de Tévez más de un metro adelantado y Alemania con aquel gol no cobrado a Lampard con el partido contra Inglaterra empatado, que determinaría el ingreso de la tecnología en el fútbol de alto rendimiento años más tarde. Ciento veinte días habían pasado, cuando Alemania y Argentina volvían a verse las caras. Así también Maradona y Thomas Muller.

Iban tres minutos del primer tiempo. El aire estaba infectado por las ensordecedoras bubuselas. Bastian Schwensteiger, que luego sería la figura del partido, se disponía a patear un tiro libre desde la banda izquierda. A Muller lo marcaba un joven Otamendi. El centro cayó en el primer palo, el defensor argentino quedó lejos del número 13 alemán que desvió la pelota y puso a Alemania 1 a 0 arriba.

El segundo tiempo arrancó con Argentina yendo a buscar el empate. Pero a los veintidós minutos, Muller peleó una pelota desde el piso y sin levantarse habilitó dentro del área a Podolski que tocó para que Klose defina solo frente al arco. Diego ya sabía quién era Thomas Muller.

El extraño caso de Benjamin Muller

 Hoy en día es el jugador en actividad que más goles hizo en mundiales con 10, la misma cantidad que Batistuta, Cubillas, Lineker o Lato. Le quedaba cuerda para llegar a Qatar y, quizás, alcanzar a Klose o al menos meterse entre los cinco primeros. Pero en marzo del año pasado, Joachim Low, anunció que no lo volvería a tener en cuenta, a pesar de que llegaría con 33 años, para apostar por una renovación.

Si usted llegó hasta acá, tiene que haberse hecho la siguiente pregunta ¿Por qué una nota sobre Thomas Muller? ¿No hay miles de jugadores en Argentina como para irse hasta Alemania? Y no solo irse hasta Alemania ¡¿Muller?! Y tiene usted toda la razón.

Quizás haya que echarle la culpa a la cuarentena. Revivir partidos de los últimos mundiales sin la adrenalina del momento, hace que le prestemos atención a situaciones o jugadores que cuando se jugaron los partidos se nos pasaron por alto. Quizás el encierro tiene algo que ver con enfrentarse a nuestros fantasmas. Thomas Muller y Alemania, son nuestro gran demonio en mundiales.

Pero más allá de las teorías psicológicas, Thomas Muller tiene algo fascinante. Su forma de jugar medio desordenada y sus medias bajas, nos llevan a otro tiempo y otro fútbol. Es cómo Bejanmin Button, aquel personaje de Francis Scott Fitgerald, que había nacido viejo. Muller debutó siendo veterano. Solo que nunca rejuveneció, siempre se mantuvo igual. En todos estos años hubo jugadores mucho más destacados desde la gambeta, desde los goles o desde la interpretación que puedan hacer del juego. Pero ninguno tan raro como Muller. Un goleador que no es delantero. Un mediocampista creativo que es lujoso ni elegante. Un jugador capaz de volverse invisible para los defensores, que solo vuelven a verlo cuando está mandando la pelota a la red, para luego festejar como ya no se estila.

Juan Stanisci

2 comentarios en “El hombre invisible

  1. Buen artículo para esta cuarentena! Me queda la duda de si Lothar Mathaus usaba la camiseta número 13, creo que en la selección habitualmente era el 10. Quien sí usaba la 13 en la selección alemana era otro Müller, Gerd. En los años 70.

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