¿Una cancha que no tenía nombre? Talleres de Escalada bautizó a su estadio un siglo después. El nombre de Pablo Comelli acompañará cada crónica de partido que el club del sur del conurbano bonaerense juegue de acá en adelante. Un hombre que vivió su vida para Talleres y de hecho vivió en el estadio. Escribe Federico Cavalli.

Fueron muchos años sin nombre para el estadio de Talleres de Remedios de Escalada. Este club del conurbano bonaerense atravesado por la crisis de los 90, la quiebra y su resurrección, tiene un estadio remodelado en los últimos años, que durante 95 años no tuvo nombre. Las calles donde está construido le dieron identidad: El estadio de Timote y Castro.

Esos tiempos terminaron el pasado 6 de marzo cuando la asamblea general del club aprobó que el estadio lleve el nombre de Pablo Comelli, socio fundador y ex jugador de la institución, quien fue un emblema para el club y tiene una historia de vida particular, amarrada a Talleres.

Pablo Comelli fue todo lo que se puede ser para la vida de un club social. Socio fundador y socio número uno desde 1906, fue el que propuso usar los colores rojo y blanco para homenajear a Alumni, que era un equipo protagonista del fútbol nacional. Desde 1923 fue socio honorario.

Autor del primer gol oficial de Talleres, fue directivo y canchero del estadio que ahora llevará su nombre. Vivió en las dos canchas del club desde 1915 hasta 1971, cuando falleció. Sus últimos días los pasó en el estadio. Su casilla fue trasladada en la mudanza de 1926, junto a las tribunas.

La primera cancha de Talleres estaba a unas cuadras de la actual, en Marco Avellaneda (antes Principe de Gales), San Martín, Coronel Vidal y Quirno Costa. Pero la familia Fernández, dueña de los terrenos, decidió vender y  los dirigentes tuvieron que buscar otro espacio para montar la cancha. Pero primero, en 1926, debutó en la máxima categoría de local: victoria por 3 a 0 frente a Estudiantil Porteño.

Pensando en  que pronto deberían mudarse de estadio, se levantó una tribuna de 25 metros de largo y 22 escalones de alto, con una capacidad de 1.200 espectadores, construida por un grupo de socios que lo lograron en poco tiempo. Se inauguró en junio de 1926 en una derrota frente a Racing por cuatro a dos.

Al año siguiente fue el estreno del estadio que ahora fue rebautizado: por la cuarta fecha del campeonato de 1927 Talleres empató con San Isidro uno a uno. Fue uno de los 18 clubes que fundaron el fútbol profesional en Argentina, en 1931. En ese campeonato terminó decimoquinto, con 26 puntos después de 12 victorias, dos empates y 21 derrotas.

El primer partido profesional jugado en primera en el estadio de Timote y Castro fue una victoria sobre San Lorenzo por tres a uno. En 1934 jugó fusionado con Lanús y al año siguiente recuperó la condición de entidad independiente. Los del sur del conurbano bonaerense se quedaron en la categoría hasta 1938, año en que descendieron y nunca más pudieron volver.

El último partido jugado en primera en el ahora bautizado Pablo Comelli fue el 18 de diciembre de 1938, frente a Racing, con una derrota por 5 a 2. Desde ese día es uno de los clubes importantes del ascenso, que debido a los vaivenes económicos y deportivos, hace años que está lejos de poder lograr el ascenso a la Primera Nacional.

El estadio fue transformándose durante estos casi 100 años con varias remodelaciones. En 1929 se construyó la tribuna visitante con 106 metros de largo y 12 escalones de alto; en 1932 construye otras tribunas con la plata que le ingresa por Ángel “La Maravilla Elástica” Bosio a River (el arquero de la selección que dos años antes había sido subcampeón del mundo). Eran épocas donde la plata de las grandes transferencias iba directamente a la infraestructura de los clubes.

Para 1933, con la inauguración de 300 butacas para la platea baja, el estadio de Timote y Castro llega a la capacidad de 25 mil espectadores. Con el tiempo la capacidad fue disminuyendo. En 1985 inauguró su primera tribuna de cemento y en 2013 el sistema lumínico. La capacidad actual es de 10 mil espectadores.

La cancha de Rosales y Timote tiene una particularidad: sus tribunas llevan nombres  de futbolistas que hicieron inferiores, debutaron con el club y representaron a la selección argentina. Jugadores que fueron emblema y tienen un arraigo importante con Talleres: Javier “Pupi”  Zanetti, José Salomón, Ángel Bossio y German “Mono” Denis. 

Ponerle el nombre de una personalidad como Pablo Comelli es un gran y justo homenaje, que quizás llega tarde, pero acá está. Le da identidad y justicia a la cancha y se pone a la altura de otros clubes. Pero nunca dejará de ser el estadio de Timote y Castro, porque esas calles son de Talleres, esas calles son del pueblo. Y eso también es identidad. 

Federico Cavalli

Twitter: @willycavalli

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