Carlos Tevez y Ryno Liebenberg se retiraron del deporte profesional el fin de semana pasado. Uno del fútbol y el otro del boxeo. Ambos aguantaron los golpes que recibieron y aun así continuaron. Puntos en común en sus vidas y retiros. Escribe Juan Stanisci.

¿Cómo se calcula la potencia de un golpe? Según la ciencia, el resultado estará en la combinación entre la fuerza, la velocidad y el peso de la persona que lo ejecute. Pero ¿Cómo se calcula el impacto que ese golpe tiene sobre quién lo recibe? ¿Qué relación hay entre el estado anímico de quién recibe el golpe y la fuerza que lleva, a la hora de aguantarlo?

Las siete mil personas que asistieron el sábado pasado al Sibur Arena en San Petesburgo, probablemente no sepan cuanta potencia llevaron los cientos de golpes que Fedor Chudinov impactó sobre Ryno Liebenberg, pero sí comprenderán que ninguno de ellos alcanzó para derribarlo.

El boxeador sudafricano de 37 años Ryno Liebenberg subió al cuadrilátero del Sibur Arena sabiendo que si perdía, sería su última pelea. Los golpes precisos del campeón mundial Fedor Chudinov quizás lo hubieran tirado a la lona si el retiro no hubiera estado esperando a Liebenberg al bajar del cuadrilátero. Como si se tratara de un mecanismo de supervivencia, el sudafricano estiró su carrera lo más que pudo. Con la nariz quebrada y los pómulos hinchados, el sudafricano aguantó los doce rounds que duró el combate.  

Un día antes, en La Boca, a 13.207 kilómetros de San Petesburgo, otro deportista de elite, también ex campeón mundial como el sudafricano Liebenberg, puso punto final a su extensa carrera. En el caso de Carlos Tevez recibió uno de los golpes más duros, no físico sino anímico y mental, que pueda recibir cualquier persona. No fueron trompadas como en el caso de Liebenberg, tampoco las patadas que pudiera darle un rival, sino el dolor por la muerte de su padre: Segundo Tevez. El impacto lo sacó de su eje en los últimos meses de competencia con la camiseta de Boca, pero continuó hasta el final.

Tevez y Liebenberg no se conocen. Seguramente ninguno sepa de la existencia del otro. Ambos tienen 37 años. Tevez jugó su último Mundial en Sudáfrica. Su último gol mundialista se lo hizo a México en el estadio Soccer City de Johannesburgo el 27 de junio de 2010. Once días después, el 8 de julio de 2010, Ryno Liebenberg debutaba como boxeador profesional en el Wembley Indoor Arena, también en Johannesburgo. Los dos sufrieron accidentes que pudieron costarles la vida. A Carlos le cayó una olla de agua hirviendo a los seis años por lo que le quedó una marca como recuerdo en el cuello. En 1999 Ryno Liebenberg era una promesa amateur del boxeo sudafricano, cuando tuvo un accidente mientras manejaba su moto. La muerte le pasó cerca. Sobrevivió. Pero terminó con su brazo partido en dos y no volvió a pelear hasta ocho años después.

Omití un detalle. Liebenberg no aguantó los doce rounds solo defendiéndose y clincheando a Chudinov. Pegó y mucho. A pesar de la ventaja que le daba ser ocho centímetros más alto que el ruso, eligió pelear en la corta y mediana distancia, cuando la larga era la que más lo favorecía. Tevez tampoco se fue sin intentar golpear un poco al destino y dejarle algunas marcas. Catorce días después del fallecimiento de Segundo Tevez le hizo un gol a Vélez. Pero el más valioso sin dudas fue el último. Cómo si el futuro estuviera en el pasado, Tevez trajo una vez más a Fuerte Apache al fútbol profesional. A los diez minutos de su último superclásico aprovechó un punto ciego del árbitro para desestabilizar a Jonatan Maidana y poder definir solo para el primer gol del partido. Y el último de su carrera. Justo contra River.

Un guerrero no detiene jamás su marcha, pero las carreras de los deportistas tienen un punto final. Hay un momento donde el cuerpo o la cabeza les dice basta. En el caso de los deportistas de elite, el talento y el conocimiento del deporte que practican suele dilatar bastante el final. Hay quienes anuncian su retiro y a los pocos meses vuelven. En el boxeo, al ser un deporte individual, las ganas del boxeador y la posibilidad de tener un contrincante, suelen ser suficientes para volver a subir al ring. En este sentido el fútbol es más cruel y no depende solo de las ganas del futbolista para poder seguir jugando profesionalmente. Tevez y Liebenberg dijeron basta el pasado fin de semana, aunque eso no quita que en el corto plazo puedan volver a escena.

Los golpes de la vida y de los puños de Chudinov mostraron la capacidad de resistencia de Tevez y Liebenberg. Fue emocionante el final de la pelea entre el ruso y el sudafricano. Fue inexplicable como hizo para mantenerse en pie después de recibir tantos impactos. Igual de emocionante fue la despedida de Carlos. No se dio dentro de una cancha sino en una sala de prensa. Ahí expuso los golpes que había recibido y cuánto había tenido que aguantar para llegar hasta ese momento. En San Petesburgo o en La Boca, dos guerreros detuvieron su marcha, no sin antes resistir hasta el último instante.

Juan Stanisci

Twitter: @juanstanisci

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