Fue en 2019, en Misiones. Hoy se vuelven a ver las caras en ese deporte, pero por el mundo FIFA. Escribe Santiago Núñez.

Diego Koltes tiene el dorsal número 3 en la parte derecha de los pectorales, cubiertos con la tela celeste y blanca que lleva el sponsor de una conocida yerba. El reloj dice que faltan doce segundos y tres milésimas para el final. Mira para abajo y hacia adelante, aunque nunca de frente. Como si el destino premeditara una catástrofe, la corrida fugaz sólo sirve para apoyar la parte interna del pie derecho en el cuero apuntando casi en paralelo, por lo que el arquero rechaza la pelota al lateral con facilidad. Todo parece perdido. Al lado del reloj queda indicado que Brasil gana 2 a 1 y que está a doce segundos de consagrarse campeón del mundo.

El mundo real indica que pasaron varios minutos. El tiempo forajido del futsal de la AMF no dice lo mismo: son ocho los segundos que restan para la chicharra, por lo que solamente pasaron cuatro. Argentina, entregado al arte desesperado del “pato o Gallareta”, mete el lateral con la mano en el área. Una serie de eventos y rebotes afortunados colocaron el balón en los pies de Marcelo Mescolatti, que logra un pase a la red que le cambiará la vida. Argentina empata y todo va a tiempo extra. Koltes es el primero que abraza al “Nro 10” argentino.

El otro campeón de futsal

Puede sonar raro, pero es cierto: Argentina en Lituania está defendiendo la corona de campeón Futsal FIFA de 2016 (Colombia) pero en 2019 también ganó un Mundial de este deporte. La rareza radica en que el fútbol de 5 vs 5 tiene dos Federaciones ( la que se engloba en la FIFA, profesional, y Asociación Mundial de Futsal -AMF-, amateur) y se da la situación particular de que la albiceleste se encuentra en la cima del mundo a ambos lados del universo de balompié “indoor”.

La disciplina, en tal caso, tiene una grieta. Nacido en la década del 30 (en Uruguay) el fútbol sala se manejó a nivel mundial bajo las mismas riendas hasta que hace aproximadamente tres décadas atrás un puja de poder propiciada por el ente que manda en el fútbol mundial generó una división. Así lo explicaba Ariel Avveduto, director técnico de la selección argentina campeona del mundo en Misiones 2019, a la Agencia Anccom, hace dos años: “A mediados del 80 y principios de los 90, FIFA decide que todo lo que esté vinculado a un balón, que se patea o que puede tener un derivado del fútbol, le pertenece. Esto produce una pelea a nivel internacional que deriva en una gran crisis dentro la organización inicial (FIFUSA), de la que termina surgiendo la AMF con los disidentes de un pacto espurio firmado a las sombras de la asamblea de FiFUSA. A partir de ahí el deporte queda dividido”.

La AMF establece, por un lado, un fútbol más amateur. Por ejemplo, tomando el caso argentino, River, Boca, Racing, Independiente y San Lorenzo son clubes que compiten en las ligas de AFA, mientras que los certámenes de la Confederación Argentina de Fútbol de Salón (CAFS), asociada a la AMF, encuentra en clubes como Estudiantil Porteño o Flecha de Oro a sus principales animadores. Si hay clubes “famosos” de este lado del mostrador, seguramente están lejos, geográficamente, del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA). Rosario Central, Newell`s y Godoy Cruz son ejemplo de ello. La impronta federal también se vio en las Copas del Mundo que organizó Argentina. En 2019, los partidos se disputaron en Misiones y en 2007 en Mendoza. Allá por 1994, el Mundial visitó Corrientes, Formosa, Misiones, Chubut y Tierra del Fuego.

También difiere del Futsal “oficial” (si es que vale el término para las Federaciones hegemónicas) en algunas reglas de juego. Los laterales y los córners se hacen con las manos, la pelota tiene que tocar el suelo antes de la mitad de la cancha cuando saca el arquero y el guardameta no puede pasar la línea de la mitad de la cancha. Esas son las diferencias más cruciales. Los jugadores que compiten en cada federación, por supuesto, tampoco coinciden.

La impronta de la AMF es, a la vez, muy americana. Resulta lógico: la iniciativa de su creación estuvo principalmente en la Federación Panamericana (PANAFUTSAL). Su sede está en Paraguay. Si uno cuenta las Copas del Mundo disputadas desde la separación de las Federaciones (el primer Mundial FIFA fue en 1989), solamente en el primer certamen (1991) el campeón no fue de este continente (Portugal se hizo con la corona). Desde allí, Argentina triunfó en dos ocasiones (1994 y 2019), igual que Paraguay (2003 y 2007), Colombia en tres (2000, 2011 y 2015) y Venezuela en una (1997). Brasil, amplio dominador del mundo FIFA, estuvo cuatro veces en semifinales o en la final, pero nunca se consagró.

Goles son amores

En abril del 2019 se disputó la última Copa del Mundo de la AMF en Misiones (Montecarlo, Posadas, Oberá, Eldorado, Puerto Iguazú y Wanda). Jugaron 14 selecciones (Argentina, Brasil, Colombia, Bolivia, Paraguay, Uruguay, Cataluña, Italia, Francia, Marruecos, Nepal, Curazao, Sudáfrica y Australia). Canadá y Pakistán se bajaron a días de la competición.

Los doce jugadores argentinos seleccionados por Ariel Avveduto fueron: Federico Pérez , Agustín López, Luciano González , Renzo Grasso, Marcelo Mescolatti , Sandro Antiveros , Gonzalo Pires , Miguel Tapia , Marco Politti, Diego Koltes , Nicolás Páez y Matías Rima.

El conjunto albiceleste llegó a la final con una racha arrolladora. Ganó los cinco partidos que lo depositaron en el último escalón, con 41 goles a favor y 5 en contra. Derrotó 13-2 a Australia, 7-1 a Italia, 9-2 a Sudáfrica, 8-0 a Francia y 4-0 a Paraguay. Enfrente estaba, en el Polideportivo Municipal de Montecarlo, Brasil.

Decime que se siente

El 7 de abril, entonces, se disputó el clásico sudamericano para ver quién se consagraba campeón del Mundo de la AMF. Argentina empezó ganando con gol de Sandro Antiveros, en el arranque del primer tiempo, luego de una salida en falso de la defensa brasileña. Diego César empató promediando la etapa inicial y, cuando faltaba un minuto y 51 segundos para que terminara el encuentro, Fernando Hamann puso el 2 a 1 para la verdeamarela.

Lo que sigue es casi cinematográfico. A falta de doce segundos Argentina tuvo un (dudoso) penal que malogró, pero del lateral proveniente del despeje, a falta de 8 segundos, empató el partido con un tanto de Marcelo Mescolatti, luego de una serie de peleas por el balón y rechazos ineficaces.

Ahora faltan tres minutos. Tiempo extra. Tres minutos y medio para el final. De un lateral largo, pasada la defensa de Brasil, viene una volea.

El balón encuentra teledirigido a Gonzalo Pires, que empuja la pelota a un arco vacío que se mueve. Se mueve porque el estadio retumba. Se mueve porque el espíritu deportivo hace temblar las estructuras. Se mueve porque cinco pibes pueden lograr que más de cuarenta millones de personas se consagren campeonas del mundo.

Santiago Núñez

Twitter: @SantiNunez

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