Habían quedado algunos cabos sueltos. Antes de asumir como intendente de Almafuerte, Lozano se reúne con El Cazador para poner las cartas sobre la mesa. Escribe Lucas Bauzá. 

Me desperté con la voz de Marcelo Longobardi de fondo. Bañado en transpiración, en la boca tenía un cenicero repleto de colillas apagadas con cerveza sin gas. Armé un escupitajo y lo solté junto al trapo que había usado de almohada. Había vomitado. Me pregunté si eso era el infierno.  

  Hasta que me ubiqué en tiempo y espacio: estaba viviendo la mañana del 10 de diciembre de 2019, en el bar “El Santo”, cerca de la mesa de pool, despatarrado sobre una manta pulgosa. Asomé la cabeza: Marito estaba trapeando el salón con aire alegre y despreocupado. La luz del día entraba a través de los ventanales de manera abundante y furiosa.  

-Bajá eso, la concha de la lora –gruñí, con la cabeza cuarteada por la resaca, y volví a acostarme.

-Levantate, logi, porque si no ahora te trapeo a vos –me contestó. Si no hubiese estado tan arruinado, me habría reído con ganas.  

-¿El trompa?

-Armándose un café atrás.

  Suspiré. Traté de encontrar fuerza en algún lado, pero era un despojo moribundo.

-Decile que venga.

-¿Qué soy, tu mayordomo?

-Decile que me arme uno a mí. Por favor, Marito.

  Vi que sus piernas se detenían.

-Solo porque sos vos, Cazador –me respondió, y se alejó rumbo a la cocina.

  Después de una ducha helada, dos cafés y cuatro medialunas, sentí que volvía a la vida. Estábamos con el Santo y Marito viendo la llegada de Alberto Fernández al Congreso de la Nación cuando sonó el teléfono. El Santo atendió, dijo “sí”, con la cara totalmente cambiada, y me lo alcanzó.

-¿Quién es?

-El Viejo Bustos.

  Levanté una ceja, me rasqué una oreja y agarré el teléfono.

-Oscar.

-Che, Rodríguez… ¿Vos tenías planes para hoy? ¿Estás en la Plaza por casualidad?

-¿En la de Mayo?

-Ajá.

-No, pero pienso ir a la tarde.

-¿Tarde a qué hora?

  Miré la hora en la pantalla de TN. Eran las diez y cuarto de la mañana.

-Tarde, dos. Dos o tres de la tarde, me rajo.

-No, entonces estamos bien, vas a hacer a tiempo. Escuchame, pibe: el Chelo te quiere ver hoy mismo. Así que si querés mirate la asunción de Alverso y rajá para acá. Estamos en la municipalidad.

-¿Para qué me quiere ver? Yo no tengo nada que ver con el club, ¿no te dijeron?

-¿Así que no tenés nada que ver con el club? Termina de hablar este boludo y te venís para acá, porque si no te voy a buscar con la gorra, ¿me entendiste? En la entrada decís que vas de parte mía, y subís derechito al tercer piso.

-Bueno. ¿Puedo ir con alguien? 

-Chau, Cazador. Mirá que hoy vamos a tener un día largo, así que arranquemos bien. Y vení solo.

  Corté. El Santo había escuchado todo.

-Viejo hijo de puta.

  Atravesé la marea humana que había cortado la avenida Dorrego, atravesé el humo de las parrillas, atravesé los bombos, atravesé los micros, atravesé el humo de los fasos, atravesé las vallas, atravesé el cordón policial, atravesé la rosca de la vereda, atravesé la mesa de entradas, atravesé el hall central, atravesé la puerta del ascensor, atravesé el Salón de los Almafuertenses, atravesé el pasillo, atravesé la recepción, atravesé la puerta del despacho y llegué a estrechar la mano del intendente, que me esperaba con los brazos abiertos y una ladina sonrisa del Perón más ambiguo. Lozano lo era todo, pero no demostraba nada.

-¿Qué hacés, turro? Vení, vení, pasá. ¿Te trataron bien en la entrada? ¿Algún problema?

-Ninguno, Marcelo.

  A sus espaldas, del otro lado de un inmenso ventanal de estilo colonial, latía el corazón de Almafuerte. La plaza, la iglesia, el banco, la escuela, los comercios, la Avenida Irigoyen y el pueblo, que en cuestión de horas pasaría a estar gobernado por el tipo que tenía sentado enfrente, un gordo sonriente y de mirada brillosa, con el pelo marrón y abundante prolijamente peinado, vestido con un sobrio traje de color azul francia, camisa blanca y zapatos negros, que estaba escuchando “Bad guy”, la canción de moda, desde su teléfono celular. Luego de hacerme un gesto para que me sentara en la silla que había frente a él, se puso a bailar sin moverse de su asiento. Miraba por encima de mi hombro, esperando algo o a alguien. Cuando la canción alcanzó el estribillo hipnotizador, él murmuró “I´m the bad guy” mientras yo balanceaba la cabeza y movía los hombros con suavidad.    

-Qué felicidad que tengo, la puta madre. Ni que lo hubiera escrito. Esperame que lo apago y arrancamos.

-Dale.

-Tomate tu tiempo –ladró el Viejo Bustos, a mis espaldas, haciendo que mi cuerpo rechine de susto. 

-Pará, la concha de tu hermana –le contestó el Chelo–, que yo sé que a este le gustan las puestas en escena, si hasta se vino con la nueve del Furgón. ¿O no, Rodríguez?

-Fue una casualidad –murmuré.

-Este viejo porque es un carnicero, es de la vieja escuela y no sabe que en el mundo la imagen lo es todo… Mirá la postal que estoy dando, si no –graficó el Chelo, haciéndose a un lado y mostrándome la plaza–. Estás cara a cara con el intendente, con la plaza de fondo y encima para hablar a calzón quitado.

-Sacate la chabomba, pibe –volvió a hablar el Viejo.

-He he, pará, Viejo, que se va a cagar en las patas y no es la idea. Es malo este, ¿viste? Peor que yo salió el hijo de puta. Pero buá, hagamos de cuenta que no está… Y es más –metió un freno–: andá a pasear un rato, Viejo, fijate cómo está el panorama afuera y yo te llamo.

  Me di vuelta. El Viejo lo miró a Lozano y me señaló, arqueando las cejas.

-Sí, sí, revisalo por las dudas, a ver si en una de esas se le ocurrió dar el batacazo final conmigo… Parate, que el viejo bufarreta este anda con ganas de puertearte.

  Me puse de pie. El Viejo me cacheó, buscando un arma, pero lo único que encontró fueron las llaves de mi casa, un atado abollado y húmedo con cinco cigarros y medio paquete de Beldent negros, que no me devolvió.

-Nada, Chelo. Me parece que acá el amigo ya colgó la capa del héroe.

-¿No me querrá hacer la gran Michael Corleone este, no? –se acordó, como si yo no estuviera enfrente, con una mueca de diversión que escondía cierto miedo. Después me miró–. Te vas a tener que mear encima si te dan ganas. Andá, Viejo, y que no se les ocurra preguntarme nada.

-Estoy afuera. Que te garúe finito, Cazador.

  Cuando nos quedamos solos, Lozano sacó un Marlboro y me ofreció uno. Acepté.

-Todo piripipí, Rodríguez, no te asustés que sos un amigo de la casa a partir de ahora… Vamos al punto que hoy tengo un día de locos y todavía me faltan revisar unas pelotudeces del protocolo.

-¿A qué hora asumís?

-A las tres. Me dijo Ezequiel que habló con vos.

-Sí.

-Te dijo que va a estar afuera todo diciembre y el verano.

-Sí.

-Y te pidió que hablaras con los tuyos para que no hicieran cagadas ni nada raro.

-Sí.

-Eso va para vos también, ¿sabés? A partir de ahora, él no existe más para ustedes. No le hablan, no le escriben, no lo miran. Y no dicen ni A en el club. Ni A. Cuando vuelva va a ser como un presidente fantasma para ustedes. ¿Eso queda claro?

-Sí –volví a repetir, para ver si lo hacía calentar.

-Perfecto, entonces –respondió, barriendo el escritorio con la mirada–. ¿Querés un mate? Amargo, eh.

-Pasame uno.

  Me lo alcanzó.

-Entonces está clarito. El único que tiene permiso para hablar con él a partir de ahora es tu primo. Juan va a poder ir a las reuniones de comisión, va a participar, con su voz y su voto, y es el único que le va a transmitir las inquietudes de la comisión del fútbol a Ezequiel. El único.

-¿Cómo?

-Lo van a hacer no sé cómo, para que le lleguen los mensajes limpios, lo verán ustedes. Manéjenlo. Pero el único interlocutor va a ser él, Juan. ¿Queda claro?

-Clarísimo.

-¿Hablaste con tu gente esta semana? ¿Sabés cómo estamos o viniste en pelotas?

-Sé lo del Búfalo, me enteré hoy temprano. Después, no tengo idea. 

-Ah, bueno, estás casi en bolas. Esto es importante que lo transmitas porque yo no hablé después de las elecciones, estuve con lo mío. La cuestión es así: vos sabés que yo tengo una debilidad con el juego lindo, con jugar con un enganche clásico y dos puntas, nada de revolearla al pedo. Vos te acordarás que en su momento todos los técnicos que to elegí seguían una determinada línea, un proyecto… Fito, los que vinieron después… Mal no nos fue así, a pesar de las canchas de mierda, de que la divisional es dura y la mar en coche y todo ese verserío de los detés vagos. Y bueno… ¿Qué querés que te diga, Rodríguez? A mí me gustaba el Búfalo, ¿o vos no te acordás lo que eran sus equipos? Bera, el mismo Claypole de aquellos años, Argentino de Quilmes. Con dos mangos o con guita, pero siempre al frente, siempre armó buenos cuadros… Y yo ahora tengo para pagarlo.

-¿Es caro el Búfalo?

-Sé que hice una picardía con los pibes, pero yo los quiero mucho… Hablales y deciles que me dejen tirar este tirito a ver qué sale, me tengo fe… El Búfalo va a andar, vas a ver que va a andar y encima un par de muchachos le vamos a arrimar.

-¿Entonces qué les digo a los pibes?

-Esto que te estoy diciendo. Que los aprecio mucho y que el Chelo se quería dar un gustito… Deciles así: el Chelo tiene mil quilombos, por eso quiere ir a la cancha los sábados y ver un par de paredes, unas gambetas contra la raya… Lo hizo por eso, nada más… Y además, ya lo saben esto, pero les tengo apartados los materiales y vamos a tener un enero movido con el Andén. Alambrado, vamos a ser un lindo resembrado y vamos a pintar. Yo ya me puse en campaña y antes de navidad deciles que va a estar todo.

-Bueno.

-Y otra cosita, porque yo no vengo a pasar por encima de nadie y voy a estar tapado de laburo hasta acá… Aclarales esto así se les va la bronca: las inferiores las manejan ellos, antes quería tener esta charla con vos, y apenas termine lo del Búfalo también, les doy las llaves de la Primera y ahí lo pondrán al flaco Paracucchi o a Porongo, no sé. Son pibes que saben, que están, saben y es al pedo, caminaron la categoría y van a saber qué es lo mejor para el Furgón. Y en el día a día lo mismo, ahora también, yo ya después de aclarado esto, listo, tienen las puertas abiertas del club para que se muevan y anden, lo mismo el Búfalo, las necesidades del Búfalo se las pasará a ustedes. No, eso no, eh… No. Yo ahí ya no tallo y los respeto a muerte. A vos también, vos tenés que estar porque sos muy valioso, Rodríguez. Muy puto pero muy valioso. Y hablando de lo valioso que sos, pasemos de la página deportiva a la página policial, ¿te parece?

-¿Qué?

-¿Alguna duda con esto del club? Cien por ciento real estoy que te dije, eh, por mi vieja que en paz descanse: el fútbol pasa a manos de ustedes porque a Ezequiel lo estoy preparando para que en un tiempo se meta de lleno en la AFA, y el día de mañana en Diputados o más arriba. Ese pibe es un balazo.

-Tengo una duda con el club, Marcelo.

-Decime.    

-La deuda que dejó el Bebi.

-¿Me preguntás por la deuda de verdad o porque no querés que hable de lo otro, chinwenwencha?

-Creo que las dos cosas.

-He he… Bueno, igual no te vas a poder escapar porque ya sabemos que una cosa lleva a la otra. Primero –dijo, poniéndose de pie y dándome la mano–: dejame felicitarte. De corazón, te felicito porque realmente demostraste tener huevos y sentido de pertenencia con el club, con todo lo que hiciste en este tiempo. Shapó, Rodríguez, shapó contigo… Mirá que yo llegué acá y tengo cero fiambre en el placard, pero vos, que la vas de buenito… Vamos a la deuda, que todavía nos queda un trecho de charla… El proyecto de ellos era el que viste vos, o el que vieron todos: endeudar al club hasta las tetas, endeudarlo a un nivel astronómico, y tener todo taponado hasta ganar las elecciones que les cagamos. El hijo de mil puta del Bebi me quería hacer la cama. Él, el putito del nieto y varios más…

-¿Sánchez Morando, Milman?

-Sí, sí. Tengo una sorpresita para el final, no te apurés… Acá me daban todos por muerto, ¿pero sabés qué les salió mal? Macri les salió mal. Mauricio Macri les salió mal. Ellos arrancaron con toda esta movida por abajo en el dos mil diecisiete, previo a las elecciones, ¿te acordás que se comían a todos los chicos crudos por aquella época, y que había macrismo para cien años? Bueno… Estaban golosos los Newman Boy y dijeron vamos por todo. ¡A mí me veían muerto, Rodríguez! ¡A mí, y mirá dónde estamos hablando ahora! Miranos, boludo, si encima vos también sos peronista como yo… Qué hijos de puta, al final eran los peores de todos… Y estos tilingos de acá, Driscoll, Morando, el Casares, son igual. No te quepa la menor duda que son como aquellos, pero más ratones.

-¿Entonces la idea la tuvo el Bebi?

-No te apurés. Si el Bebi está más cerca del arpa que de la guitarra, que de hacer negocios a diez, quince años. Acá, toda la movida parte del titiritero, un otario que se vino a hacer el vivo a mi rinconcito en el mundo. Ah –se enojó, como si lo tuviera enfrente–, ¿así que sos titiritero vos, así que todos los hilos los manejás vos? Ahora vas a conocer a un titiritero de verdad, gil. Vos ya viste lo que hizo, ¿para qué vamos a hablar al pedo si además lo vas a escuchar de su propia boca, si es que le quedan dientes? Mirá que te lo guardé para que lo escuchés vos, porque a esta altura te lo merecés.

-Gracias.

-Le corté todos los hilos al titiritero, Rodríguez. Quedate tranquilo que ese no jode más.

-Te estoy entendiendo poco. ¿Quién es?

-Pará, ya te vas a enterar. Vamos al último apartado que se me hace tarde ya. Valentín Rodríguez veinte veinte. Veinte veinte, veinte veintiuno, y así hasta el dos mil ochenta… ¿Seguís comiéndote a la hermana del Dardito?

-No.

-¿Ah? Igual la debés amar todavía. ¿Y tu hermana? ¿Vuelve a España o se queda?

-No sabe.

-¿Y el viejo? ¿En qué anda tu abuelo?

-¿Qué querés, Marcelo?

-¿Qué quiero? ¿Y qué voy a querer, Rodríguez? Que tu familia ande bien. Que te cases algún día, que tengas hijos con alguna muchacha… Que me apuntales a los pibes en inferiores para ver si damos el salto de una vez. Eso quiero. Que seas feliz. Que vuelvas a tener una vida común y corriente, normal. 

-La tengo.

-Sos buen pibe, y sabés que te aprecio y que aprecio a los tuyos, a tu hermano lo adoro porque yo era igual. Por eso te digo: cortala acá, Rodríguez. Hasta acá llegaron. ¿Hace falta que te dé los nombres? El Gordo, Juan, Mosquita, tu hermano, el turro de Santopietro… Están hasta las pelotas. Por eso tiene otro sentido, ¿no?, lo que les mandé a decir con Ezequiel de que no hagan locuras… Ya está, lo del Dardito no tiene vuelta atrás y vieron qué feo que es que te falte uno, pero vos ya te cobraste bien cobrado. ¿Fútbol? Ya lo hablamos. Se va el Búfalo y agarran, tienen la certeza de que el Andén no se vende y el día de mañana van a poder llevar a sus hijos, a sus nietos a la cancha. Pero todo depende de vos. Porque lo del infeliz del Paz, bueno, la verdad que no lo está llorando nadie. Con lo del Dengue me hiciste un favor, porque me estaba jugando por atrás y la verdad es que me sacaste a la manzana podrida del barrio. Pero con lo de Driscoll.

-Yo no hice nada.

-Lo del colorado falluto ese es otra cosa. Ahí es otra cosa. Porque sos peligroso, hijo de puta. Me ayudaste a llegar acá, pero sos peligroso. La verdad es que lo demostraste, demostraste que no se jode con vos y yo no te estoy jodiendo, pero mirá que conmigo tampoco se jode. Por eso te respeto, y creo entender que vos me respetás a mí. Ir y bajar a uno de un ministerio, de una familia tradicional, no es para cualquiera. Y vos lo despachaste como una valija. Como una valija.

-¿Esto te lo contó Ezequiel? –pregunté, y le cambió la cara y el tono de voz.

-Ojo, eh. Ojo con Ezequiel, te dije, porque esta noche van y la asaltan a tu hermana y tu sobrino aparece con una bala de chupete. Ojo.

-Pregunto, nada más. Yo a partir de ahora me porto bien, te lo prometo por mis viejos. Pero el chabón me cagó, y quiero saber cómo.

-Si es por eso, quedate tranquilo que nos cagó a todos y lo va a seguir haciendo, si no termina de ministro para arriba, yo ya no entiendo nada de esto, acordate lo que te dice un boludo… La realidad es que es un trepador como no hay, y lo mejor que tiene es el timming, ¿viste? El olfato. Es como si tuviera dos cabezas, el hijo de puta, porque sabe saltar del barco en el momento justo… Acá arrancó sacándole fotocopias a una tía que era secretaria y a los tres meses era asesor del negro Figurita, que pobrecito no terminó quinto grado, y después estaba sentado mano a mano con el Beto Pérez, y a los dos años… No, cuando me quise dar cuenta ya estaba asomando la trompa para entrar de concejal, y en una de esas viene a golpearme la puerta porque quería hablar conmigo de algo importante.

-¿Ah, sí?

-Recién ahí me pasa toda la movida del Bebi y del Morando chico con la extensión de la zona de microcentro, y el día de mañana hacer torres, y encima el mismo día me explica cómo hacer la maniobra para frenar todo, y encima de todo, ¡encima!, viene y me dice que el Dengue me estaba jugando por atrás. Pim, pum, pam, todo me lo explicó. Yo miré para los costados, ¿sabés?, miré para atrás, miré para adelante, y dije “yo no tengo un pibe como este al lado, y jamás lo voy a tener”. Sí, lo tengo al Viejo, que vale por diez, y tengo dos tres que piensan, que hacen números, lo tengo a Aníbal, pero después tengo un par de miles de negros con olor a sobaco, nada más, ya los viste. No, Rodríguez, no… Y ahí nomás le dije “a ver, nene, a partir de ahora empezás a volar bajo mi ala. Tomá la tuya, y decime qué podemos hacer acá”. Recién ahí me dio tu nombre, cuando le pregunté qué mierda podíamos hacer con el Dengue. Creeme, yo te juro que cuando me dijo que habías boleteado al colorado Driscoll, casi me caigo de la silla. Casi me voy de ojete, Rodríguez, ¿viste como en la Condorito? Así, plac, me fui para atrás y casi me la pego contra el piso.

-¿Él te dijo que yo lo iba a matar al Dengue? Yo no lo maté.

-Sí, me dijo. Y ya sé que fuiste vos. Y me dijo que si lo bajábamos al Dengue, de paso cañazo le metíamos el dedo en el orto a los vagos del Zurdo, para que hubiera un poquito de acción y ver si en una de esas Anibalito se tropezaba con una bala, porque ese es otro hijo de puta, pero no se dio. Se la dieron al Rata, algo es algo. Pero tampoco salió tan mal, yo me quejo de lleno que estoy.

-Yo no le hice nada al Dengue.

-La verdad es que el Rata era un mono con navaja ahora que pasamos a ser oficialismo, mejor perderlo que encontrarlo.

-Al final no me dijiste cómo vas a hacer para pagar la deuda del club.

-Ya te cuento. Pero pará, porque te aclaro algo: Aníbal es intocable. Me hubiera venido bien en otro momento, pero Aníbal no se toca. Porque ya te dije, tocan a Aníbal y a los diez minutos le roban a tu hermana y termina con tres plomos en la cajeta. Ojo.

-Decime de la deuda que me quiero ir a mi casa.

-Primero tenés un paseo con el Viejo. Después te dejo tranquilo.

-Bueno.

-Deuda, entonces. Milman va a poner un palo verde sobre la mesa. Porque lo tengo agarrado de las bolas, ya lo hablé. Y no quiere ir en cana. Cerramos en un palo verde, a pagar en el transcurso del año que viene. Con eso tiramos dos años, pateamos las urgencias, que son muchas, y tomamos un poquito de aire.

-¿Tenés pruebas de que estuvo metido?

-Sí, las tengo. Le intervení el teléfono hace un tiempo y tengo chats.

-Le intervine.

-Un palo pone él. Y el Bebi Solís va a tener que ponerse con cuatro o cinco millones de pesos, por ahí más, eso lo está hablando el Viejo Bustos, porque si lo veo a ese viejo turro lo tumbo de un esquiafo y termino preso al pedo.

-¿Y al Bebi por qué? ¿Por el nieto?

-Sí, por el nieto. Estuvo metido en lo de Dardo, Rodríguez. Pero lo perdoné. Y no se toca. Necesitamos la plata para arreglar el club, miralo como un resarcimiento al Dardito. Obvio que nunca más pisan el club, nunca más. Y si yo lo perdoné, vos también.

-Está bien.

-Y mejor que quedé acá esto del nieto, entre vos y yo, porque quiero que se corte acá la de los pistoleros, porque tu hermano va y lo mata. Y si tu hermano va y lo mata, yo voy y te lo mato a él. Te lo mato, Rodríguez, con todo el dolor del mundo lo veo caminando en pedo y hago que te lo pisen con una camioneta.   

-Ya sé. No me amenaces más.

-Bueno… Sigamos con los números, me gusta este clima de charla seria, entre dos tipos que al final somos serios. Te hablé de un palo verde, te hablé de un par de millones de pesos, con eso acomodamos todo, después nos quedarán rescatar un palo o dos, pero eso se va pateando, lo vemos, la luz y el resto de las cuentas, ahora que volvimos, pasan a un segundo plano, armaré un lindo plan de pago accesible, veo si lo puedo dibujar de alguna manera… Lo vemos.

-Al pelo. Te hago una pregunta.

-Decime.

-Lo de Thiago, el nieto del Bebi. ¿Cómo te enteraste que estuvo metido?

-Ya te dije. Lo senté al titiritero, le bajé todos los dientes y me fue contando todos los hilitos que había desplegado… Dos hilitos eran el judío Milman y el nieto del Bebi. Pero hay más. Otro hilito llevaba a los dos que hicieron mierda al Dardo. Así que la guita, o la ponían o iban todos en cana. Y con esto terminemos, porque si no Aníbal va a agarrar la banda y se va a autoproclamar intendente… Ahora te vas con el Viejo y lo ves al titiritero. Él te va a contar los hilitos, por si te quedan dudas. Te va a dar nombres. Algo ya te conté, y otros nombres los sacaste vos con fritas. Si querés, ya le dejo dicho al Viejo Bustos, y el plomo al titiritero se lo podés meter vos. Pero los dos viejos, el Bebi y Carlitos Milman, y los pendejos, y los otros que estuvieron metidos en lo de Dardo, para vos no existen más. ¿Estamos, Rodríguez? Va para vos y para los tuyos. Tocan a uno de estos que te nombré, o los que te nombre el otro, y yo te dejo el orto como un boquete. ¿Nos entendemos, Rodríguez? ¿O no nos entendemos, y yo hablé una hora al pedo?

-Nos entendemos, Marcelo.

-Yo sabía que nos íbamos a entender. Sos vivo, al final. Se puede decir que sí, que sos vivo.

-Lo último: ¿quién más sabe que el de Driscoll fui yo?

-Vos, no. Ustedes. Ojo, porque si ya al Bebi le da un acv medio sospechoso, va en cana hasta el perro, Rodríguez. Lo sabemos el Viejo, el Ezequiel y yo. Nadie más, quedate tranquilo. Como yo, que me voy a quedar tranquilo porque lo que vas a ver ahora no se lo podés contar a nadie. Ni al paralítico.

-Bueno.

-Andá, dale, que te dejé el postre para el final. Disfrutalo por mí. Y si querés, bajale la caña vos, goleador.

Lucas Bauzá

Twitter: @rayuelascometas

Diseño de imagen por Lucas Vega, pueden encontrar más sobre él en Estudio Bosnia.

Lástima a nadie, maestro necesita tu ayuda para seguir existiendo, suscribite por $200.

También te podés anotar en Pase al Pie, nuestro newsletter semanal completando este formulario:

¡Suscripción recibida!

Por favor, revisa tu correo electrónico para confirmar la suscripción a tu boletín.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s