-Lo puede desactivar Alex (Rodriguez), Carrario o algún gol de Jiménez. Hace falta un tanto para que esto se abra, sino es imposible.
El joven Juan Pablo Varsky nombra dos jugadores de Chacarita y uno de Instituto para dejar en claro que, la primera final por el ascenso de 1999, se va a resolver a partir de una intervención individual. Miguel Simón sigue el relato de forma inmediata.
-Bochazo de Galarza para Jiménez. Gol, golazo.
El grito es de final. El tanto, una entelequia: MIliki para de pecho un pelotazo largo un metro por detrás de la medialuna, la deja picar y la manda a guardar. El Chateau Carreras ruge. El cronista que le hace una entrevista en el entretiempo le recuerda el gol de Palermo con asistencia de Muñoz, ese del relato de Araujo diciendo 776.420 millones de pesos la recaudación. Un mes separó ambos tantos.
Daniel Jiménez nunca hizo inferiores. Su apodo proviene de la simpatía infantil un trío de payasos español llamado Gaby, Fofó y Miliki. No se destacó hasta los 29 años (categoría 70) con ese Instituto que ascendió en la cancha de River contra Chacarita. Es, actualmente, el segundo máximo goleador de la historia de la Gloria, al que volvió como técnico, con 85 caricias de red. La tribuna sur del estadio de Alta Córdoba lleva su nombre. Un goleador noventista del under.
La vida lo configuró como un tanque, con buen manejo de pelota, mucha potencia. La clave para él siempre fue, como le dijo una vez a Cadena 3, “el sentido de la ubicación”. In his books goleador no se nace. “Se hace con trabajo, repetición y comunicación”. Contó que mejoró practicando con centros de un tal José Luis Chilavert, en Peñarol. Ahí ganó sus únicos trofeos de Primera División, en 2003. Iba a ir a Boca antes que a Montevideo, tenía todo arreglado con Pedro Pompilio, pero Gregorio Pérez habló con su esposa y la convenció de que lo mejor en la Argentina del 2001 era cruzar el charco.
En enero de este año, en una entrevista con ESPN, a Wanchope Ábila, goleador y fanático de Instituto, le hicieron un juego de preguntas y respuestas. El amor, a veces, ordena las palabras.
-¿Miliki o Batistuta?
-Miliki.
Santiago Núñez
Twitter: @SantiNunez
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