Así como tenemos a Messi, Mbappé o Vinicius sosteniendo en sus gambetas la esencia del juego, fuera de la cancha están Lumumba Vea, Bielsa y Taremi. Tipos que dicen que no todo es sonrisa plástica, fan fest y trend de tiktok. Escribe Juan Stanisci.

En un torneo lleno de protocolos, ceremonias ensayadas, banderas desplegadas por cientos de personas, cámaras que hacen bailar, cámaras que buscan famosos, cámaras que persiguen a un futbolista si se tapa la boca, cualquiera que se corra de las normas será un irreverente. Como ir a comer a lo de Mirtha y usar mal los cubiertos o pedir ketchup para un plato gourmet. Tema de Elmo Lesto, cantaba Spinetta. Estos personajes, capaces de cuestionar la calidad del Mundial o el sentido de una imagen, son pocos. Gianni Infantino debería mandarle unos chocolates suizos o abrirle una cuenta en el banco a Muslera y a Sasa Kalajdzic. Ya nadie va a escuchar las quejas de Taremi, el capitán iraní, o los puntos de vista de Marcelo Bielsa.

A Bielsa le reclamaron que en la foto oficial saliera como en sus conferencias de prensa: mirando hacia abajo. Siempre enfoca hacia abajo, pareciera que delante suyo estuviera Medusa, el monstruo mitológico que convertía en piedra a quienes la miraban de frente. Bielsa esquiva la mirada de los periodistas como si los que hacen al decorado del fútbol fueran Medusas que pueden petrificarlo y, una vez hecho piedra, destruirlo en mil pedazos. El periodismo, a diferencia de lo que se suele afirmar, siempre fue caranchesco con Marcelo. Macbethiano. De sonrisa falsa, esperando el momento exacto para golpear.

La famosa foto se parece más a la tapa de un disco que a la presentación de un técnico en un mundial. Para bien y para mal eso es Bielsa hoy: un ícono contracultural. En términos de Benjamin, el que peina a contrapelo el fútbol hiperprofesionalizado. En un mundo de nepobeibis sin talento e influencers de la nada, Bielsa dice:  “No tengo que dar ninguna explicación. Me sacaron la foto como me la sacaron, no soy un modelo”. Entre sonrisas vacías, de compromiso, filtros que te ayudan a parecer otra persona, fotos posadas y repetidas como para llenar un universo de chatarra digital, Bielsa dice no.  En una época sin límites entre lo público y lo privado, él dice: «No tengo por qué explicar por qué no miro a los interlocutores. Creo que hay un límite de lo que hay que explicar». En una era sobrenarrada, sobrefotografiada, sobreexplicada y sin límites, en la que todos parecen ser adolescentes, Bielsa se comporta como un adulto sin pretenciones de influencer. Una postura que en sí misma, con solo ser enunciada, expone la pavada en la que vivimos. 

«Lo que no se puede es seguir engañando», dijo hace dos años en la Copa América, también en Estados Unidos. Parece una idea simple, como si se dijera que mañana sale el sol o que está mal no justificar los gastos propios siendo funcionario público. Pero, si hay miles de horas diarias con publicidades de casas de apuestas, si es normal la manipulación de muertos para invitarte a apostar el aguinaldo que no te van a pagar o si aceptamos la modificación de reglas del juego para mostrar más publicidad, entonces quizás lo obvio sea más complejo de lo que parece. El contexto hace que lo simple se vuelva contracultural

Sería ingenuo pedir que florezcan mil Bielsas o que todos los futbolistas sean como Sócrates, Cantoná o Maradona. Pero el fútbol necesita desorden dentro y fuera de la cancha. Si queremos creatividad y futbolistas que quiebren la cintura para despatarrar un rival, la rebeldía es fundamental. Y así como en este Mundial tenemos a Messi, Mbappé o Vinicius sosteniendo en sus gambetas la esencia del juego, fuera de la cancha están Lumumba Vea, Bielsa y Taremi. Tipos que dicen que no todo es sonrisa plástica, fan fest y trend de tiktok. «Silbando bajito la historia del Congo se metió en tu scroleo y terminaste defendiendo la africanización», escribió Bautista Prusso sobre Lumumba Vea, el hincha-estatua-performer que homenajea a Patrice Lumumba, hace algunos días. A él, como a miles de personas, no lo dejaron entrar a Estados Unidos para el partido entre su selección y Uzbekistán.

A Kylian Mbappé le tienen miedo los hinchas y defensores rivales cuando tiene la pelota y los dirigentes cuando agarra un micrófono. En la eurocopa pasada pidió no votar discursos de odio en las elecciones francesas. Ahora se volvió a negar a que su imagen quede pegada a las apuestas. Ya se había plantado contra la Federación en 2022 por el mismo motivo. Hay un video circulando en las redes sociales que es de aquellos días. «No estábamos de acuerdo en algunos casos como en marcas relacionadas con la salud alimenticia y de apuestas. Muchos de nosotros venimos de barrios donde estas cosas han destruido a mucha gente. Yo mismo conozco gente que lo ha sufrido», dice Mbappé, el rebelde que le tocó a esta generación. 

Cada vez que comienza un Mundial, Infantino afirma que esta será la mejor copa de la historia. Mehdi Taremi responde: «Es un desastre de Copa Mundial, un desastre». Irán quedó eliminada por un gol anulado tras un fuera de juego inchequeable, luego de ir y venir de México a Estados Unidos por no tener permiso para quedarse en este último. Infantino prometió resolver la situación, pero solo hizo control de daños. «Quiero decir, la FIFA, ellos tienen que resolver todos los problemas aquí, pero lamentablemente no han podido resolverlo desde el principio. El señor Infantino vino a nuestro vestuario después del primer partido contra Nueva Zelanda y dijo: ‘Es solo el comienzo’ pero la fase de grupos termina mañana», expuso Taremi después del partido contra Egipto. Es cierto que un offside no cobrado resulta lo menos grave en las relaciones entre Estados Unidos e Irán de los últimos meses. Pero la pregunta sale sola, ¿A otra selección también le hubieran anulado ese gol que le daba la clasificación a Irán? La respuesta, con la utilización del offside automático, probablemente es que sí. También podemos responder con el Bielsa de hace dos años: «El que habla con la verdad: castigo, disciplinamiento». 

«La locura me resulta complicada», cantaba Spinetta. Te re entiendo, hermano, le podría decir Infantino. Al comienzo del mundial le preguntaron si habían perdido el control de la organización de su propia copa. El interrogante iba apuntado a los manejos de Estados Unidos para expulsar un árbitro, no darle acceso a la delegación iraní o negar visas a hinchas y familiares de futbolistas. Lo podemos pensar a contrapelo: son los Lumumba, Mbappé, Taremi y Bielsa los que descontrolan. Los que agitan el avispero. Los que son mirados de reojo, sin saber qué se puede esperar de ellos. 

Locura es un disco de Virus, en el que está incluida la canción «Sin Disfraz», que entre otras cosas dice: «no me preocupa parecer vulgar». Locura también es la forma despectiva de referirse a los que se animan, por parte de esos que no pueden ver más allá de su nariz. Locura es una palabra que aparece en cualquier diccionario. La Real Academia Española la define así: «que funciona sin control».

Juan Stanisci
Twitter: @juanstanisci

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