La historia del club del barrio El Maillín, ubicado en el pueblo Maquinchao en Río Negro, que tiene la bandera mapuche en su camiseta y logró acceder a jugar el Torneo Regional Federal Amateur en 2023. Testimonios de su presidente Fernando Mansilla, primer arquero de la institución y hermano de los fundadores del club. Escribe Bruno Núñez.
En el bucólico interior de la Patagonia argentina, donde ya no se ven las montañas que forman la Cordillera de los Andes, el paisaje está marcado por extensas llanuras interminables cubiertas de tierra gris. Kilómetros de carreteras en las que se nota la escasez de vegetación y también de población. En medio de la nada, junto al asfalto de la Ruta Nacional 23, se encuentra un pequeño pueblo llamado Maquinchao. Las personas que viven allì se niegan a renunciar a sus raíces. Lo que sería el escenario perfecto para una película wéstern tiene al fútbol como uno de sus protagonistas, aun sin el césped verde, que es casi imposible de sembrarlo en esas condiciones.
La ciudad se encuentra en el corazón de la provincia de Río Negro. Ubicada con precisión geográfica quirúrgica entre la costa bañada por el Atlántico y los Andes, en la región conocida como Línea Sur —precisamente el tramo de la Ruta Nacional 23—, la carretera que une el océano y la montaña. Su ubicación aislada y su altitud, que supera los 800 metros, hacen de Maquinchao uno de los lugares más fríos de todo el hemisferio sur. En 2025, la localidad encabezó el ranking de temperaturas más bajas del país, algo que no es ninguna novedad, ya que en 1991 los termómetros registraron un récord de -35 °C.
El frío extremo y el aislamiento geográfico explican los cerca de 3 mil habitantes registrados en el último censo. «Maquinchao» es una palabra del idioma gününa këna que significa «lugar donde se pasa el invierno», lo que resume el clima que se vive en esta zona de la Patagonia. A pesar de las inclemencias del tiempo, un club puso a esta ciudad en el mapa del fútbol argentino al participar por primera vez en un campeonato organizado por la AFA en 2023, el Torneo Regional Federal Amateur, la cuarta categoría nacional para equipos del interior. Pasaron de jugar en canchas de tierra a actuar en estadios profesionales, al igual que los rivales más renombrados de la región tuvieron que visitar el terreno donde la caída duele más.
En un país donde el fútbol se vive con un gran sentido de pertenencia, Maquinchao llegó por primera vez a un torneo nacional de fútbol gracias a un «club de barrio», Mallin Nehuen. Este no solo representa a una región específica y a una ciudad de 3 mil habitantes, sino que, en su camiseta, ha optado por lucir símbolos importantes de esta parte de Sudamérica: el mapa de las Islas Malvinas —un recuerdo doloroso y motivo de orgullo argentino— y la Wenüfoye —bandera que representa a un pueblo que trasciende las fronteras de nuestro continente, los mapuches—.

Bienvenidos a El Mallín
Maquinchao te da la bienvenida como una especie de oasis en la estepa patagónica. Los árboles plantados en la avenida principal contrastan con el tono gris del paisaje que acompaña al viajero durante buena parte de la Ruta Nacional 23. Una típica ciudad del interior, atravesada por una vía principal donde se encuentran los comercios, imprescindibles para cualquier vida en sociedad, así como una pequeña estación de tren. Casi al final de los límites de esta localidad se encuentra el barrio de El Mallín.
La palabra «mallín» significa, en pocas palabras, un pantano patagónico; sin embargo, dada la escasez de tierras fértiles en la región, es un lugar vital para la ganadería local gracias a sus pastos más nutritivos. El barrio de El Mallín, en Maquinchao, se formó en estas condiciones húmedas. Con la llegada de los primeros habitantes, al fundarse la ciudad en 1905, el uso habitual de este suelo hizo que el agua se secara y, como consecuencia, la gente echó raíces por aquí.
En 1986, en plena revolución maradoniana que vivía Argentina tras el título mundial conquistado en México, unos jóvenes de este barrio, en medio de los partidos improvisados en la cancha de tierra, decidieron fundar el Mallin Nehuen, que en ese entonces solo tenía la primera parte del nombre, en homenaje precisamente a la zona donde se fundó. Se eligieron los colores que representan la vegetación del mallín según el cambio de estaciones: verde (primavera y verano) y amarillo (otoño e invierno).
“El equipo comenzó con amigos del barrio, jugando torneos dentro de El Mallín y también en la ciudad. Tenía 15 años cuando se fundó el club. Fui el primer arquero de la institución”, cuenta Fernando Mansilla, presidente del club. Su hermano, Aurelio, y Jorge Catriel fueron los fundadores del club de Maquinchao. Los lazos familiares y las amistades fueron piezas fundamentales en su creación.

«Estamos en el corazón del barrio. Tenemos nuestra cancha y sede social, que no es muy grande, pero que estamos tratando de ampliar», explica Mansilla. Aquí el fútbol se practica por amor, ya que nadie se gana la vida profesionalmente con este deporte por estas zonas. El presidente es auxiliar docente de profesión, pero su amor por el Mallin Nehuen lo lleva a redoblar sus esfuerzos para mejorar las condiciones del club. «Buscamos recursos donde sea posible. Eso es tener sentido de pertenencia. Gritar un gol, defender la camiseta, arreglar una tubería del baño, no sé. Espero que esto siga así para siempre. Los dirigentes van y vienen, pero la institución permanece», dice.
La historia de Mallin Nehuen está intrínsecamente ligada al barrio y a la ciudad hasta la creación, alrededor del año 2004, de una rama de equipos de la Línea Sur dentro de la Liga Rionegrina de Fútbol, uno de los principales organismos del fútbol en la provincia de Río Negro vinculado a la AFA. La medida se tomó para acortar las distancias y reducir los costos. Desde entonces, Maquinchao compite contra las ciudades vecinas de Ingeniero Jacobacci, Los Menucos y Sierra Colorada, localidades unidas por la meseta patagónica y sus inclemencias climáticas.
En su tierra, literalmente, el club de barrio fundado por hermanos y amigos pasó a representar a la ciudad de Maquinchao más allá de sus fronteras. El nombre, que rendía homenaje al fértil humedal, adquirió un significado más amplio. Pero al cruzar la Ruta Nacional 23, tenía sentido contar la historia del origen de ese territorio representado por el equipo verde y amarillo.
El Newen mapuche
A principios de la década de 2000, el equipo del barrio se constituyó oficialmente como una asociación civil. Hasta entonces, el nombre solo hacía referencia a El Mallín. Pero con la constitución de la entidad jurídica, los dirigentes agregaron «Nehuen» al nombre completo del club. La palabra proviene del mapudungun, la lengua de los mapuches. Normalmente se escribe como Newen; la definición del diccionario es sencilla, pero poderosa, ya que el término se traduce como «fuerza».

Los mapuches son un pueblo originario de Sudamérica que habita en Argentina y Chile. Tras una resistencia colosal contra los españoles, se enfrentaron a los estados recién formados por los enemigos de sus enemigos. Operaciones militares casi simultáneas en ambos países privaron de autonomía a los habitantes de esa región, anexando sus tierras a los nuevos proyectos de nación. La Ocupación de la Araucanía (1861-1883), por parte de Chile, y la Conquista del Desierto (1878-1885), en el lado argentino, fueron fundamentales para cambiar las costumbres e incluso los apellidos comunes de los lugareños.
Maquinchao fue uno de esos lugares que sufrieron las consecuencias de la operación militar. Anteriormente, varios pueblos indígenas habitaban la región; posteriormente, esas tierras que no fueron colonizadas de inmediato pasaron a manos de la empresa inglesa-argentina Southern Land Co (ASLCo). Con ello se iniciaron las obras de una línea ferroviaria y, a partir de ahí, la ciudad se estableció alrededor de la estación. Llegaron inmigrantes de diversas partes del mundo, así como mapuches refugiados de Chile, además de otros que regresaron tras el Awkan, como se conoce la Conquista del Desierto en mapudungun.
“Desde tiempos ancestrales, este territorio fue habitado por los mapuches. Por eso, con el propósito de dar visibilidad a la lucha diaria de este pueblo, incluimos la bandera de la nación mapuche (Wenüfoye) en la camiseta”, explica Fernando Mansilla. Otro símbolo presente que da forma al escudo del Mallin Nehuen es el kultrún, un tambor ceremonial cargado de significados: «No es solo un instrumento, sino que representa el orden de nuestras vidas, los puntos cardinales y las estaciones del año».
«Aquí la mayoría tiene ascendencia mapuche. Yo también; uno de mis apellidos es Antual. Y si te fijas, muchos tienen nombres típicos. Yo mismo no hablo el idioma; son pocos los que todavía lo entienden por aquí», dice Mansilla.
A pesar de la iconografía y el idioma mapuches de Mallin Nehuen, la presencia de este pueblo es menos visible en el Maquinchao del siglo XXI. En el artículo «El poblamiento mapuche de la Línea Sur después del aukan. Aspectos históricos y lingüísticos», de Marisa Malvestiti, se explica que, con la llegada de inmigrantes de diversas partes del mundo, se produjo una disminución del bilingüismo (mapudungun y español) en la región. Con el tiempo, la lengua no se transmitió a las nuevas generaciones y son pocos los que la hablan con fluidez.

La identidad se ve afectada con el paso del tiempo. Fernando nos cuenta que algunas familias intentan olvidar su propio pasado. «Yo realicé el último censo que tuvimos en Argentina aquí en Maquinchao. Quizás por los prejuicios, muchas personas dicen que no forman parte de este pueblo. Se ve que el apellido es claramente mapuche, pero tenemos que preguntarles y anotar que no son originarios si así lo responden, ya que esa es la función principal del censista. Lamentablemente es así, pero no se puede negar que (casi) toda la Línea Sur desciende de esa etnia», explica.
El último censo (2022) registró 145. 783 mapuches en Argentina, de los cuales solo el 18 % habla o entiende el mapudungun. En el lado chileno, la cifra es mucho mayor: según los últimos datos (2024), allí viven 1. 623. 073 personas, de las cuales el 23 % comprende el idioma.
Al otro lado de la cordillera, las referencias futbolísticas a los mapuches son más numerosas. El club más grande de Chile es Colo-Colo, nombre que rinde homenaje a un gran líder durante las guerras contra los españoles. Aun así, el equipo no lleva los símbolos en su uniforme y deja gran parte de la representación en manos de su afición. Por su parte, Deportes Temuco, que se encuentra en la región históricamente más habitada por este pueblo, intenta llevar esa bandera de manera más pública con detalles en su uniforme, acciones antes de los partidos y «Newen Temuco» en sus publicaciones en redes sociales, pero termina mostrándose tímido ante los graves problemas políticos que involucran a los grandes propietarios de tierras agrícolas y a las familias que luchan por el territorio ancestral en esa zona.
El orgullo de Mallín Nehuen al vestir el uniforme verde y amarillo con el kultrún y el Wenüfoye adquiere otro significado en la actualidad. En 2024, la cuenta oficial del gobierno argentino en las redes sociales alabó la Conquista del Desierto, calificándola de «un hito decisivo en la historia de este país». Javier Milei inició una persecución contra diversas entidades que defienden la causa mapuche en estos rincones.

Vale la pena recordar que las operaciones militares del siglo XIX no solo derramaron la sangre de este pueblo, sino que también provocaron que la Patagonia fuera repartida sin ningún tipo de control entre empresas multinacionales, algo que casi no ha cambiado desde entonces. Los ingleses fueron los primeros en adquirir sus hectáreas en este territorio ancestral mapuche. Con el paso de los años, los mismos que ayudaron a ocupar la meseta patagónica se convirtieron en los antagonistas del poder central.
El combatiente de Maquinchao
Al representar al pueblo mapuche, al barrio de El Mallín y a la ciudad de Maquinchao, Mallin Nehuen no se olvida de su patria. El escudo del club, que representa los recuerdos de ese territorio ancestral y el Wenüfoye, comparte protagonismo en el uniforme verde y amarillo con la bandera argentina y el mapa de las Islas Malvinas, nunca olvidadas tras la guerra de 1982.
Aunque se encontraba lejos del conflicto y aislada de los grandes centros nacionales y regionales, Maquinchao se vio involucrada en la Guerra de las Malvinas. Manuel Lezama, nacido en la ciudad, servía en la Armada y, a los 19 años, se embarcó en la corbeta ARA Guerrico rumbo a lo desconocido.
El 3 de abril de 1982, en el segundo día de hostilidades entre argentinos y británicos, el hijo de Maquinchao participó en la Operación Georgias, cuyo objetivo se encontraba a 1.400 km de distancia del epicentro del conflicto, las Malvinas. Un territorio al suroeste de Puerto Argentino, casi deshabitado y muy inhóspito: la isla de Georgia del Sur, donde los «boinas verdes» de la Royal Marine izaron banderas blancas al verse superados numéricamente por la Armada de la República Argentina.

Lezama y sus compañeros quedaron abandonados en la isla, mientras que los barcos regresaron al continente para realizar reparaciones y también para llevarse a los prisioneros de guerra. Grytviken, un pueblo fundado por un noruego que trabajaba para la Compañía Argentina de Pesca en 1904, fue el hogar de esos soldados por poco tiempo. Aproximadamente tres semanas después del éxito argentino, los británicos retomaron la isla mediante la Operación Paraquet, que terminó con la captura del submarino ARA Santa Fe, que transportaba suministros para el contingente que se encontraba en tierra. Tras horas de enfrentamientos, no quedó más remedio que rendirse.
Como prisionero de guerra, Lezama fue llevado a la isla Ascensión, que tiene una coincidencia con Maquinchao. Si la ciudad argentina se encuentra en medio de la meseta patagónica, aislada de los grandes centros, ese pedazo de tierra entre América y África tiene una representatividad similar: está a mitad de camino, cuenta con escasa población y un cierto aislamiento, solo que cambia los paisajes áridos y cenicientos por la inmensidad del Océano Atlántico que la rodea.
“Él no era del club, pero su sobrino es una de las figuras clave de nuestra junta directiva. Las Malvinas están representadas por su tío, que estuvo allí. Un joven de Maquinchao que participó en el conflicto. Del mismo modo que también podrían haber ido mi hermano o mi papá. Es bueno que las nuevas generaciones vean este símbolo en la camiseta y empiecen a preguntar, a interesarse más por el tema», cuenta Fernando Mansilla.
El hijo de Maquinchao regresó con vida de la Guerra de las Malvinas. Lezama se convirtió en un símbolo en la ciudad por su valentía y, a través de las islas en la camiseta de Mallin Nehuen, forma parte de manera subliminal de la rica iconografía del club, llena de sentido de pertenencia y memoria por todos aquellos que formaron esa ciudad.

Del barro al césped, una odisea futbolística
Mallin Nehuen, también hijo de Maquinchao, cuenta las historias de su barrio, de su ciudad, de su gente y de sus héroes, pero también escribe su propio legado tanto en el ámbito social como en el deportivo. En este último aspecto, el club verde y amarillo tiene como capítulo principal su participación en el Torneo Regional Federal Amateur, la cuarta división de la AFA. Pero hasta llegar ahí, el camino fue largo, literalmente.
Mallin Nehuen tiene tres estrellas en su escudo: los títulos de 2007 y 2022 entre los clubes de la Línea Sur; y la Finalísima de 2023, el título más importante, porque le permitió lograr un lugar en un torneo nacional.
El punto de partida fue ganar el Apertura de la Liga Rionegrina en 2022. Mallin Nehuen derrotó a Huahuel Niyeo, de Ingeniero Jacobacci, el club más tradicional y antiguo de la Línea Sur, fundado en 1931. Antes de la creación del torneo regional, el equipo disputaba los campeonatos de la ciudad de Bariloche, el centro poblacional más grande de esa provincia.
Al vencer al «León de la Meseta», apodo de Huahuel Niyeo, el club de Maquinchao se clasificó para la Finalísima de la Liga Rionegrina, que otorga un cupo para el Torneo Regional Federal Amateur. Su rival sería Las Grutas, ganador del Clausura 2022. Lo curioso es que su adversario no era de la Línea Sur, sino de la región Atlántica. El equipo es de la ciudad del mismo nombre, un famoso balneario en la Patagonia argentina, cuya playa en verano llama la atención de los turistas por sus aguas, consideradas cálidas para esas latitudes.
Según el calendario de la AFA, la 4.ª división del interior se extiende desde finales de un año hasta principios del siguiente, precisamente para que los equipos que logren el ascenso puedan disputar el Torneo Federal A —el tercer nivel para el interior— en la misma temporada. Por ello, el partido entre los campeones de 2022 no se jugó hasta septiembre de 2023. En el partido de ida, Mallin Nehuen cayó derrotado en la costa por 1 a 0, pero se tomó la revancha en la meseta. El partido se decidió en la serie de penales. Victoria del equipo de Maquinchao por 4 a 2.

El partido histórico se transmitió por Marea Deportiva TV, un medio de comunicación de la región Atlántica de Río Negro. En las imágenes disponibles en You Tube se puede apreciar el ambiente de un partido de Mallin Nehuen. No hay césped y predomina la tierra en la cancha, como consecuencia del clima de la región, que hace que sea casi imposible mantener un césped verde. Los hinchas permanecen de pie y comparten espacio con los autos, una especie de palco en el «estadio», ya que muchos optan por ver el partido sentados en sus vehículos. La Ruta Nacional 23, protagonista de la Línea Sur, se ve al fondo; mientras se suceden las jugadas, los camiones pasan de largo.
“El estadio no está cerrado con gradas ni nada por el estilo. El único requisito para ser sede de un partido es tener alambrado olímpico; tampoco es necesario que haya césped. La gente llega en auto o a pie, se queda detrás de la reja y ve el partido tranquilamente”, explica Mansilla. Aun así, el presidente del Mallín Nehuen dice que, aunque sea «abierto», se cobra la entrada para ayudar a cubrir los gastos de los partidos, el arbitraje y las mejoras en la sede.
El club también cuenta con los socios, quienes tienen descuentos en las entradas. «Somos 200, muchos para una ciudad como Maquinchao. Con su ayuda podemos pagar el agua, la luz y otras cosas. Todo esto es gracias al esfuerzo de nuestra comisión. La sede y el campo son propiedad del club», revela. En los partidos más importantes, como los decisivos contra Huahuel Niyeo y Las Grutas, Mallin Nehuen recibe a unos 400 hinchas en su cancha.
La victoria en la Finalísima de la Liga Rionegrina significaba que el Mallin Nehuen traspasaría las fronteras de la provincia de Río Negro por primera vez en su historia, convirtiéndose en el club que representaría a nivel nacional a Maquinchao por primera vez en el fútbol argentino. El sorteo ubicó al club del barrio El Mallín en la Zona 10 de la Región Patagónica del Torneo Regional Federal Amateur. En 2023 participaron 376 equipos, divididos por regiones, compitiendo por solo 5 cupos en la tercera división.

En el camino del Mallin Nehuen se encontrarían Deportivo Villalonga y Juventud Agraria de Algarrobo, ambos de la provincia de Buenos Aires, y Deportivo Roca, también de Río Negro, que además de ser un club con una larga trayectoria en las divisiones de ascenso, jugó en la primera división nacional en 1978 y 1982. La plantilla de Maquinchao sabía que lo importante era su debut en ese escenario, por encima de cualquier resultado.
“Decidimos disputar el torneo básicamente con los atletas que ya estaban en el club. Incluso trajimos a jugadores que se formaron aquí, pero que se mudaron de la ciudad y se fueron a jugar a otros equipos. Si tuviéramos como objetivo pasar de fase, tendríamos que contratar al 80 % de la plantilla, pero no contamos con los recursos económicos para ello. Decidimos darles la oportunidad a nuestros chicos. Jugar este campeonato fue un premio para ellos”, cuenta Mansilla.
La mayoría de los jugadores se dedican al principal sector económico de Maquinchao: la cría de ovejas. Maquinchao es la Capital Provincial de la Lana, además de ser sede de la Fiesta Nacional de este producto. Es una de las principales regiones de ganadería ovina del mundo, sobre todo por la calidad de la lana que se produce en esta zona de la meseta patagónica. Los atletas se dedican a sus profesiones, mientras que el fútbol es su pasión. En cambio, sus rivales del Torneo Regional Federal Amateur con mejores recursos cuentan incluso con futbolistas profesionales en sus filas.
Algunas excepciones en el equipo fueron los sobrinos del presidente Fernando, Leonel y Román Mansilla. Hijos de su hermano Aurelio, ambos se fueron de la ciudad para estudiar y jugaron en un destacado club de la región, Deportivo Patagones, de Carmen de Patagones, la ciudad más austral de la provincia de Buenos Aires. Mientras que para los rivales el presupuesto es lo más importante, los lazos familiares unen a Mallin Nehuen.

Las raíces son importantes en la historia del club, incluso en el campo de juego. El terreno de Maquinchao forma parte fundamental del plan táctico de Mallin Nehuen. Una cancha árida, sin césped. Al igual que la liga regional, la AFA no prohíbe al club jugar en estas condiciones. Solo exige un alambrado olímpico y vestuarios adecuados para ambos equipos, condiciones que se cumplen en la intersección de las calles Elías Curi y Sargento Manuel Ocon. Una gran ventaja para el equipo, ya que sus rivales suelen jugar en canchas con pasto tradicional.
En su cancha, Mallin Nehuen no se quedó atrás. En su primer partido como local, el equipo de Maquinchao derrotó a Juventud Agraria por 1 a 0. Un gran resultado, ya que el rival contaba con la presencia de Cristian Villanueva, quien defendió en 136 ocasiones la camiseta del Olimpo de Bahía Blanca en la élite del fútbol argentino. Contra Deportivo Roca y Deportivo Villalonga, los más fuertes del grupo, el equipo verde y amarillo vendió cara la derrota por 2 a 0.
Los partidos como visitantes fueron mucho más difíciles. Es un error pensar que el nivel de los rivales o los campos fueran el mayor obstáculo. «Tuvimos dificultades para realizar los viajes. Incluso hicimos gestiones con el gobierno provincial para que nos ayudaran, pero todo lo que se prometió se vino abajo cuando cambiaron los gobernantes. Con la elección del nuevo gobernador ya no teníamos las garantías», explica Mansilla.
Mallín Nehuen se sustenta gracias a sus socios y también a sus auspiciadores, todos locales, que lucen sus marcas en las camisetas de todas las categorías del club. Con esa ayuda, los viajes se hicieron realidad, aunque tuvieron como efecto secundario la generación de algunas deudas. Se recorrieron aproximadamente 320 km hasta General Roca, 650 km hasta Villalonga y 700 km hasta Algarrobo, sumando 1.670 km en solo tres partidos. Precisamente en el trayecto más largo, el club contó con la solidaridad de su rival, Juventud Agraria.

“El bus que nos llevaba no tenía permiso para salir de Río Negro. Nos quedamos en Río Colorado, una ciudad que limita con la provincia de La Pampa. En ese momento llamé al presidente de Agrario y le expliqué lo que estaba pasando. Él mandó que el transporte del mismo club nos recogiera y luego incluso nos llevó de regreso. En momentos como estos nos damos cuenta de lo hermoso que es el fútbol. Eso no tiene precio”, relata.
Los largos viajes y los rivales más profesionales no facilitaron la trayectoria del equipo de Maquinchao en el Torneo Regional Federal Amateur. En lugares donde ya se han presentado artistas argentinos de renombre, como el estadio Luis Maiolino de Deportivo Roca, el Mallín Nehuen se dio a conocer. Terminó siendo superado por sus rivales en todas las ocasiones (3-0 contra Villalonga, 4-0 frente a Roca y 6-0 ante Agrario), despidiéndose de su debut en la AFA con 3 puntos.
“Hay una gran diferencia cuando jugamos en una cancha de césped, ya sea sintético o natural. En la tierra jugamos partidos equilibrados contra buenos equipos, pero el panorama cambia cuando salimos de aquí. Lo ideal es tener un pasto verde para poder contar con condiciones similares en un enfrentamiento contra este tipo de rival”, dice Fernando, quien espera que Maquinchao cuente con un estadio con estas características de terreno de juego.
A pesar de las derrotas, el gran logro de Mallin Nehuen fue haber salido de la Línea Sur por primera vez en su historia. La plantilla verde y amarilla exhibió con orgullo los diversos símbolos presentes en su camiseta. Una estrella de conquista que no se ve en el escudo, pero que quedará grabada para siempre entre directivos, socios, aficionados, atletas y niños de la ciudad.

El futuro
En 2024, tras su histórica participación a nivel nacional, Mallin Nehuen participó en el Torneo Anual Clasificatorio de la Federación Patagónica, que otorgaba un cupo para el Torneo Regional Federal Amateur a aquellos equipos que no se habían proclamado campeones de sus ligas locales. La plantilla de Maquinchao se enfrentó a dos equipos de Bariloche, la ciudad más grande de la provincia y un ícono turístico del continente, ubicada a aproximadamente 275 km de la sede del club. Allí, la realidad se hizo sentir con fuerza.
A diferencia de los innumerables turistas que llegan allí, las visitas a Bariloche no fueron agradables para Mallin Nehuen. Contra el club más tradicional de la ciudad, Cruz del Sur —equipo en el que jugó el hermano de Fernando, Osvaldo, en los años 90—, el equipo de Maquinchao perdió por un aplastante 14 a 0. En el otro partido, los de verde y amarillo incluso anotaron un gol, pero recibieron siete de Chicago. La victoria no llegó ni siquiera en su propio terreno, aprovechando su cancha de tierra, logrando solo un empate contra el club que rinde homenaje al Torito de Mataderos en la región.
Sin embargo, como ya se ha señalado, para Mallin Nehuen y su presidente, los resultados no son el objetivo principal. «Se trata de practicar deporte. Se trata de cumplir una función social. Se trata de formar personas», resume. En cuanto a la formación, el club cuenta con 250 atletas en las distintas categorías que tiene como institución. Recientemente participó incluso en el Mundialito Infantil de Clubes en General Roca, que reunió a grandes equipos de Argentina, así como a invitados de Chile y Uruguay.
«Los más jóvenes ven a los jugadores del equipo principal como ídolos. Son ellos quienes le dan la estrella al escudo, quienes jugaron el Torneo Regional Federal Amateur. Cuando los ven en la cancha, también quieren estar ahí. Es muy hermoso», relata.
Fernando Mansilla, sus familiares y los amigos del barrio El Mallín formaron Mallin Nehuen, literalmente, desde cero, y lograron que ese pedacito de la pequeña Maquinchao se convirtiera en una síntesis de diversos significados, brindando un sentido de pertenencia para ellos y las generaciones futuras de este pueblo de la Línea Sur. Las Malvinas siempre presentes, así como el orgullo mapuche que aún vive en ese territorio ancestral. Formando atletas, ciudadanos y haciéndose conocidos a nivel nacional por el fútbol.

«Vivimos cosas muy hermosas en Maquinchao. A pesar de estar lejos de todo y de ser una ciudad muy pequeña, vivimos el fútbol de manera intensa», concluye.
Bruno Nuñez
Lástima a nadie, maestro necesita tu ayuda para seguir existiendo, suscribite acá:
