Este texto forma parte del libro La selección de los valientes, de Lucas Zalduendo, periodista y creador del proyecto Fútbol y Política.

Puño en alto, vincha en la cabeza, barba y nombre de filósofo griego: Sócrates. Así lo llamaban para acortar un nombre tan largo como Sócrates Brasileiro Sampaio de Souza Vieira de Oliveira. Flaco, alto, de rostro angulado y mirada penetrante, repartió su vida entre la medicina, el fútbol y el interés por la política. Nacido en Belém do Pará, debutó en 1974 en el Botafogo de Ribeirão Preto y en simultáneo se graduó como doctor en Medicina en 1977. Al año siguiente pasó al Corinthians, donde fue la estrella y el símbolo de un movimiento contestatario en tiempos de dictadura militar.

Puño en alto, pero colectivo. Eso fue la Democracia Corinthiana, el movimiento del que formó parte y que irradió luz en momentos de mucha oscuridad. Blanco sobre negro, como sus colores. La proeza de esta vanguardia colectiva nació cuando Waldemar Pires asumió la presidencia de la institución y designó como director deportivo a Adílson Monteiro Alves, un sociólogo con pasado de militancia universitaria. El Timão venía golpeado por los malos resultados y una fragilidad económica que asfixiaba a la institución. Ante ese escenario, Alves decidió experimentar con un proyecto social que transformara la realidad del club desde sus cimientos.

Puño en alto para votar en tiempos donde no se podía elegir nada. Esa fue la búsqueda y la propuesta que hizo Alves. Armó una dinámica de espacios de diálogo y debate para resolver de forma participativa los asuntos del club. Un planteo totalmente revolucionario tanto para el mundo del fútbol como para una sociedad sumergida en el totalitarismo dictatorial. De esta manera, los futbolistas se reunían, votaban y por mayoría elegían los horarios de entrenamiento, el método de trabajo, las concentraciones, la distribución del dinero, entre otras cosas más. Decidían absolutamente todo en conjunto y votaban todos: desde el presidente hasta el que cortaba los boletos, desde los jugadores hasta el utilero. Un trabajador, un voto.

Puño en alto de Sócrates pero también de Wladimir Rodrigues, un habilidoso lateral, atravesado por las luchas del movimiento de resistencia y antirracismo Black Panther; y de Walter Casagrande, un joven grandote de 18 años, fanático del rock and roll, que jugaba de 9 en el Corinthians. Los tres fueron los pilares fundamentales para darle vida a la revolucionaria idea. De esta forma una política de total democracia impregnó al equipo. 

Puño en alto, también, de Washington Olivetto, el director de marketing del club, quien logró condensar en un lema y en un símbolo aquella eclosión de rebeldía. “Democracia Corinthiana” fue la consigna que pergeñó para que los jugadores llevaran como insignia en la espalda de sus camisetas, arriba del dorsal, como si fuera una publicidad. La creatividad del logo fue un claro mensaje a la sociedad brasileña: la palabra “Democracia” en negro, y la tipografía del vocablo “Corinthiana” en rojo y con el estilo de la marca de bebidas Coca-Cola. Alrededor de las palabras, unas manchas rojas potenciaban el mensaje, en clara alusión a la sangre derramada por el régimen militar. La búsqueda consistió en usar una estética comercial, que representaba el orden establecido y que escapaba a los censores del régimen, para decir algo prohibido.

Puño en alto de Sócrates después de cada gol. Fue su insignia, el símbolo de quien lideró aquella gesta. Su conciencia social estaba amplificada por la destreza que tenían sus pies. El Doctor era un lírico del balón, que se destacó en la década de 1980 por su visión de juego, buena distribución de balón y estilo elegante. Mediocampista creativo con llegada al gol, jugaba y hacía jugar. El superpoder de este valiente era pegarle a la pelota con el talón. Durante su carrera cosechó más de trescientos goles que lo llevaron a vestir la camiseta amarilla del seleccionado brasileño.

Puño en alto con la canarinha cuando debutó en 1979 y tres años después, cuando fue el capitán de un equipo considerado como uno de los mejores de la historia, en el que además de él, jugaban Zico, Falcão, Toninho Cerezo y Júnior. Al igual que el Corinthians, la selección era el reflejo de ese deseo de libertad. Mientras que la dictadura representaba el orden rígido, el equipo dirigido por Telê Santana representaba la improvisación, la alegría y la falta de miedo. En la Copa del Mundo de España 1982, ese jogo bonito sucumbió frente a la efectividad de Italia, en la llamada “tragedia de Sarriá”. Brasil perdió 3 a 2 en uno de los partidos más épicos de la historia, que para muchos marcó el final del fútbol romántico.

Puño en alto para festejar campeonatos. Bajo el liderazgo de Sócrates, el Timão desplegó un fútbol exquisito que logró conquistar el Campeonato Paulista en 1982 y 1983, tras 21 años sin lograr el título. La etapa de la Democracia Corinthiana coincidió con su plenitud deportiva, que fue reconocida en 1983 con el premio al mejor futbolista en Sudamérica. Durante esos años el Corinthians convocó las mayores multitudes que colmaron los estadios de Brasil, obteniendo grandes ingresos que le permitieron sanear toda su deuda.

Puño en alto para votar el 15 de noviembre de 1982. Aquel día se realizaron las primeras elecciones estaduales directas de São Paulo desde el golpe militar. Tras casi dos décadas de dictadura y acorralado por el clamor popular, el régimen permitió que los ciudadanos eligieran directamente a sus gobernadores, alcaldes y legisladores, aunque la elección presidencial seguía siendo una cuenta pendiente. Días antes de los comicios, los futbolistas corinthianos salieron al campo de juego con el lema “Día 15, Vote” en la espalda de la camiseta. El objetivo era incitar a los paulistas, que estaban en la cancha o que miraban el partido por televisión, a que fueran a votar. Aquel gesto aportó para la causa, ya que los resultados fueron categóricos: siete de cada diez votos fueron para las fuerzas opositoras al régimen. 

Puño en alto para pedir “Diretas Já». Entre 1983 y 1984 estalló un movimiento popular que exigía que el próximo presidente de Brasil fuera elegido por el voto directo de los ciudadanos y no por un colegio electoral controlado por los militares. Eu quero votar para presidente fue la consigna de un pueblo que pedía terminar con las prohibiciones dictatoriales. En ese contexto, los futbolistas de la Democracia Corinthiana disputaron la final del Torneo Paulista de 1983, en la que se consagraron campeones. En el partido contra el São Paulo, saltaron al campo de juego con una gran pancarta donde se leía: “Ganar o perder, pero siempre con Democracia”.

Puño en alto fuera del campo de juego. No solo transmitía los mensajes en la cancha; la voz de Sócrates estaba presente en cada protesta que se realizaba contra la dictadura militar de Brasil. Su compromiso lo llevó a subir al palco en un acto multitudinario en el Vale do Anhangabaú, en el centro de São Paulo, ante más de un millón de personas. Tenía una oferta millonaria para ir a jugar a la Fiorentina de Italia. Allí tomó el micrófono y expresó que si el Congreso aprobaba la enmienda para permitir elecciones directas, él no se iría de Brasil. Fue poner su carrera y su futuro económico como prenda de cambio por la libertad de su país.

Puño en alto a pesar de la derrota. Nueve días después de la promesa del jugador, la enmienda fue rechazada. El deseo del sufragio directo que anhelaba Sócrates se disipó en pocos días y no le quedó otra que hacer las valijas para emprender viaje rumbo a la Toscana. Aunque la ciudadanía no pudo elegir al representante de los brasileños, las elecciones indirectas de 1985 terminaron depositando el poder en manos de un presidente civil después de estar tantos años en manos militares.

Puño en alto después de la dictadura. En el Mundial de México 86, Sócrates siguió usando su imagen para denunciar injusticias globales. En los partidos vistió vinchas blancas escritas a mano con mensajes como: “México sigue en pie” (por el terremoto de 1985), “Apartheid No”, “No a la violencia”, “Paz”. Él sabía que los fotógrafos se enfocarían en su rostro antes de cada partido, y usó su propia frente como un espacio de expresión.

Puño en alto en su honor, el domingo 4 de diciembre de 2011 cuando falleció. Sócrates partió, y su deseo, que había expresado en una entrevista de 1983, se hizo realidad: “Quiero morir un domingo y que el Corinthians sea campeón”. Y así fue. El mismo día de su muerte, el Timão se consagró pentacampeón del Brasileirão. En esa jornada, las gradas se colmaron de banderas con su rostro y las vinchas volvieron a asomar en las frentes de miles de aficionados. En el césped, un grupo de niños formó un número 8 humano en su honor, mientras los hinchas lucían cintas negras en el brazo y alzaban carteles con un mensaje potente: “Obrigado, Doutor”.

La despedida en el Pacaembú no fue un minuto de silencio, sino un estallido de identidad. En un gesto unánime que erizó la piel del mundo del fútbol, los jugadores en el centro del campo, el cuerpo técnico y miles de torcedores en las tribunas elevaron su puño derecho al cielo, replicando el eterno festejo de Sócrates.

Este texto forma parte del libro La selección de los valientes, de Lucas Zalduendo, periodista y creador del proyecto Fútbol y Política.

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