El 11 de septiembre de 1976 nació en Florencio Varela, el Charro Galleguillo, el ídolo de los pibes grandes de Defensa y Justicia. Goles olímpicos, tiros libres inolvidables y guitarreadas cumbieras. Amores como el nuestro cada vez hay menos. Nota incluida en nuestro libro «Las Calles no Olvidan». Escribe Juan Stanisci.
Defensa y Justicia contra Quilmes, uno de los tantos clásicos del sur, en el Centenario. El partido está empatado uno a uno cuando un delantero del Halcón se va mano a mano, choca contra el arquero rival y el árbitro cobra falta. Penal y expulsión al arquero local. Viento a favor. La agarra el diez del equipo –que usa la 11–, el que nunca falla.
Cuando un arquero entra con el partido empezado significa que ocurrió algo fuera de lo común, poco usual. Cuando entra y su primera acción será intentar que un tiro a diez metros de distancia sin barrera no termine en gol, lo extraordinario se asemeja a lo imposible. Una invitación a la épica. Sobran casos de arqueros que en una primera jugada atajan penales, como si el ingreso inesperado diera lugar a hechos extraordinarios.
Gustavo Lema entra a la cancha para reemplazar a Gerardo Fazio, expulsado. Mientras se realiza el cambio, los jugadores locales le hablan a Jorge Galleguillo, el tipo encargado de transformar el penal en gol. Galleguillo, la once en la espalda de la camiseta verde y amarilla, brillante por la tela con exceso de poliéster. El clásico entre Quilmes y Defensa y Justicia por la B Nacional de 1998 está 1 a 1. Galleguillo toma carrera y va. Lema se tira a su derecha y ataja el penal. Tras un rebote la pelota sale. El árbitro da córner.
***
Los límites entre la existencia de Galleguillo y de Defensa y Justicia son difusos, hasta se podría decir que son lo mismo. Jorge Alberto Galleguillo nació el 11 de septiembre de 1976, en Florencio Varela. Un año y medio después, en marzo de 1978, Defensa y Justicia jugaba su primer partido en la D. Durante más de cuarenta años había sido un club social, con la sede en el centro de Varela donde se jugaban campeonatos de truco y se organizaban bailes. A partir de marzo de 1978 empezarían a ser el equipo de los barrios cercanos a Varela.

Entró en las inferiores de Defensa en cuarta división, a comienzos de la década del 90. En marzo de 1995, diecisiete años después del debut del Halcón en la D, Galleguillo jugó su primer partido en primera. Fue 1 a 0 contra Ituzaingó por la B Metropolitana. Serían más de doscientos cincuenta partidos en Defensa y Justicia con cuarenta y siete goles. La mayoría golazos.
Era un inventor, un tipo encargado de crear, de esos jugadores que a los técnicos cuadrados les generan un problema. El lateral derecho es lateral derecho hace cuarenta, treinta, veinte años o ayer mismo. El nueve es nueve. Al creativo lo mueven por la cancha como a un cuadro que no se termina de acomodar a ninguna pared de la casa. “Arranqué de volante por izquierda. Después me pasaron de enganche. Cuando el enganche ya no se usaba, me mandaron un poco más atrás, de doble cinco. Pero siempre buscando estar en contacto con el balón”, contó en una entrevista con el medio partidario Estilo Defensa en 2020.
El 28 de junio de 1997, Defensa y Justicia y Tristán Suárez jugaban la final por el ascenso a la B Nacional. Con el partido 1 a 1, Galleguillo, de 20 años, agarró un tiro libre en tres cuartos de cancha. No tiró al centro, pateó al segundo palo y metió el gol del ascenso. “De chico me tocó patear siempre tiros libres porque era uno de los que más fuerte le pegaba en mi categoría, quizás tuvo algo de innato. Pero creo que eso se perfecciona entrenando”, contó.
Fue el gol del ascenso. Defensa y Justicia no volvería a bajar de categoría. Era otro Defensa. Uno que soñaba con subir a primera pero que difícilmente pudiera proyectar una Copa Sudamericana, una Recopa ganada al Palmeiras en Brasil y cuatro campeones del mundo. Antes que Enzo Fernández o Lisandro Martínez, Galleguillo sostuvo el vuelo de un halcón más de barrio, menos cosmopolita.
Le decían Charro por Los Charros. Amores como el nuestro cada vez hay menos. Cumbia, guitarra y ascenso. “Después de comer nos quedábamos en la sobremesa y éramos dos o tres chicos que tocábamos la guitarra. Siempre me tocaba la parte de canciones de cumbia. y elegía temas de Los Charros. Me gustaba mucho tocar la guitarra. De ahí el Bocha Bernardas, nuestro arquero, me apodó Charro”. En los asados sonaban los temas de la banda de Daniel Cardozo –en sus inicios colectivero de la 159, el blanquito de Quilmes–. Festejaba emulando una guitarrita. Los fines de semana, con el botín izquierdo, Galleguillo componía melodías que se siguen recordando en las tribunas del Tito Tomaghello.

Como un científico, Galleguillo lograba mezclar eficiencia con belleza. Hacía buenos goles en partidos importantes. El que le hizo a Tristán Suárez abrió un portal que no se volvería a cerrar, los hizo en clásicos, en partidos eliminatorios por los reducidos. Es el que más goles le hizo y más jugó contra Quilmes y el cuarto máximo goleador de la historia de Defensa.
La noche del 10 de julio de 1999, seis días después de que Martín Palermo errara tres penales en un mismo partido, se jugaba la vuelta de la semifinal del Reducido por el segundo ascenso de la B Nacional a primera división. Chacarita recibía en San Martín a Defensa y Justicia. La ida, jugada en cancha de Banfield, había terminado 1 a 1. Chaca tenía un equipazo: Jorge Vivaldo, Alex Rodríguez, El Burrito Rivero, El Tweety Carrario.
Fueron los años dorados del ascenso, esa temporada El Porvenir peleó de la mano de Garrafa Sánchez; en Quilmes mandaba el Máquina Giampietri; en Juventud Antoniana de Salta estaban el Topo Gómez y Mauro Laspada; en All Boys Aldo Osorio; el ataque de Atlético Tucumán tenía al Pirata Czornomaz y a Mauro Amato; Instituto había ascendido con los goles de Miliki Jiménez. En esa B Nacional, Defensa y Justicia llegó a la semifinal del reducido. Tiempos de El Aguante, hinchas visitantes, desocupación y rolingas. A los tres minutos, tiro libre para Defensa a unos treinta metros del arco de Vivaldo.

“Por ahí Vivaldo estaba esperando que tire centro en primera instancia, después se dio cuenta que iba a patear pero tenía poca gente en la barrera. Yo decidí patear fuerte al arco porque estaba con mucha confianza. Estaba bien. No estaba cansado, no había pasado mucho tiempo. Esa vez quedó grabado porque hice el gol, pero habré pateado varias veces así y habré errado un montón. Quedó grabado porque hice el gol y porque nos jugábamos la clasificación contra Chacarita”, recordó Galleguillo.
El tiro libre fue un teledirigido. Un zurdazo seco, firme, sin sutileza, con poca comba, la justa como para clavarse en el ángulo. Vivaldo hizo lo suyo, voló como un superhéroe derrotado para hacerlo más espectacular. Chacarita lo daría vuelta y terminaría ganando el segundo ascenso. Galleguillo seguiría intentándolo algunos años más.
En 2003 se fue de Defensa y no volvió. Como un científico que quiere mostrar sus descubrimientos, se llevó su zurda de gira por otras ciudades: anduvo por Juventud Antoniana, Atlético Rafaela, Sarmiento de Junín, Juventud de Pergamino y Guillermo Brown de Puerto Madryn. Estuvo algunos meses jugando en Malasia. Quiso volver a Defensa pero no pudo. En esos años, El Halcón estuvo al borde del descenso, pero un tiro libre de Ezequiel Miralles lo mantuvo en la B Nacional. Un tiro libre como los de Galleguillo.

***
Lema ataja y el árbitro da tiro de esquina. Galleguillo agarra la pelota. Córner desde la derecha, para que un zurdo le pegue cerrado. Toma carrera, pocos pasos, como si poner la pelota en juego con rapidez lo ayudara a salir del penal errado. La pelota sale con fuerza, se abre pero casi a la vez vuelve sobre sí misma. Se cierra. ¿Cómo hacer que un objeto pase dos veces por la misma línea recta?
Jorge Galleguillo no será físico, pero conoce la respuesta. Gustavo Lema salta pero ya es tarde, la pelota pega en el palo y se mete. Errar un penal en un clásico puede dejar una marca para siempre, por lo que situaciones extremas requieren soluciones extremas. Futbolistas que hacen goles después de no hacer el penal hay muchos, que hacen un gol olímpico a la jugada siguiente solo uno: Jorge El Charro Galleguillo.
https://twitter.com/ClubDefensayJus/status/1327716517232996352/video/1
Juan Stanisci
Twitter: @juanstanisci
Lástima a nadie, maestro necesita tu ayuda para seguir existiendo, suscribite acá:
