El sábado a la tarde Excursionistas ascendió por primera vez a la Primera Nacional y volverá a jugar en la segunda categoría del fútbol argentino después de más de cincuenta años. Hasta el Bajo Belgrano fuimos a vivir esa tarde histórica para el pueblo villero. Escribe Juan Stanisci.

Bajo Belgrano, amor ascendente
Canción del Bajo Belgrano – Luis Alberto Spinetta

En la esquina de Pampa y Avenida del Libertador hay una concesionaria de Audi, una de motos, un Starbucks y un Hisense. Sobre la Avenida, un camión hidrante y varios oficiales de la Policía de la Ciudad. Seguimos por Pampa hacia Migueletes cuando empieza a caer agua. Una llovizna fina, a la que le cantaba el Polaco Goyeneche: “La garúa se acentúa con sus púas”. Tomás nos espera en la puerta de Pampa. Entre los edificios, los turistas perdidos buscando el Barrio Chino y los vecinos vestidos para ir al gimnasio de moda, revienta una bomba de estruendo. Después otra. Y otra. En el medio de cada una, como una continuidad, una cumbia saliendo de un parlante escondido en el baúl de un auto. “Hablame de ti, cuéntame de tu vida”, chorrea el ritmo de Sonora Skandalo por entre los cafés de especialidad de la calle Migueletes. La hinchada de Excursionistas arma su previa en cada hall techado de los edificios. Falta una hora para el partido contra Sportivo Italiano: si Excursionistas gana, será campeón de la B Metropolitana por primera vez en su historia y volverá a jugar en la segunda categoría del fútbol argentino después de 54 años.

El Bajo Belgrano, ese de las latas y la villa, ahí donde creció René Houseman, con las casas mezcladas con los studs para caballos, casi un humedal al borde del Río de La Plata, cambió mucho en los últimos cincuenta años. En 1977, la Dictadura Militar levantó la Villa del Bajo porque no era la Argentina que querían mostrarle a los turistas que vinieran al Mundial de 1978. Los vecinos fueron relocalizados. Lo que se mantuvo en pie, que persiste ahí clavado en el centro del Bajo, fue el Club Atlético Excursionistas. El verde, fundado en febrero de 1910, mantiene su estadio en la misma ubicación desde hace más de 110 años. Junto con Ferro, son los clubes directamente afiliados a AFA que solo han tenido una cancha y que más tiempo ha mantenido la ubicación de su estadio. El Coliseo del Bajo Belgrano vio la transformación del barrio, si antes era la gente de la villa la que alentaba, hoy los vecinos observan los partidos de Excursionistas desde los balcones y las terrazas de los edificios nuevos.

Caminamos hacia José Hernández, donde está el acceso a la popular local. Ahora llueve fuerte, las gotas siguen finas como púas pero bajan con más ganas, como si hubieran abierto la canilla de las nubes. Sobre la otra entrada, el antiguo portoncito de tejas que está sobre La Pampa, ingresan los que tienen platea y los que van a la popular que está detrás del arco. La popular que da a Pampa no suele ser utilizada, esta tarde estará ocupada por los chicos de las inferiores y alumnos de escuelas públicas de la zona. En el otro ingreso, el de José Hernández, se mezclan algunos vasitos de cartón con flat white con las botellas cortadas para mezclar el vino con pomelo o el fernet con coca. Falta media hora y llueve cada vez más fuerte.

“El extraño de pelo largo”, dice uno de nuestro grupo. Miramos para atrás buscando alguno con las chapas largas pero no vemos a nadie. Lo miramos. Señala hacia la mitad de la cuadra: La Banda del Nevado —así le dicen a la barra de Excursionistas— está cantando una canción con el ritmo de la canción de la Joven Guardia. “Soy del Bajo y tengo aguante, cada vez te quiero más”, dice donde la original cantaba “el extraño de pelo largo sin preocupaciones va”. Hace dos meses, se viralizó un video con otra canción de Excursionistas. Las imágenes muestran a los jugadores yendo a saludar a sus hinchas después de perder tres a cero como visitantes contra Arsenal, el otro candidato al ascenso. La gente canta como si la goleada en contra no hubiera existido. “Te quiero, soy villero hasta los huevos y en el alma te llevo”, cantan con el ritmo de “Te quiero igual” de Andrés Calamaro. Antes de los videos virales, las hinchadas plasmaban sus canciones en el programa “El Aguante”. Ahí Excursionistas aportaba su versión de “Go west”, el tema de Pet Shop Boys que luego cantaríamos todos con la letra “abuela lalala lala”.

La lluvia, en esta primavera loca, viene y se va. El ingreso a la tribuna de la calle José Hernández tiene dos filas: una contra el paredón y otra en el medio de la calle. La del paredón parece más ordenada así que vamos a esa. Un pibe nos pregunta si puede entrar con nosotros: es menor y busca algún adulto para ingresar. Le decimos que sí, pero al rato le perdemos el rastro. Alguien consulta cuál es la diferencia entre las dos filas. Viene un policía y aclara: esta es para familia y aquella para masculinos. Cuando ya estábamos por pasar, otro cana nos manda a la de masculinos. Falta menos de media hora para que arranque el partido. El cacheo es una cacería de encendedores y botellas de agua. Pasamos los controles y entramos. La popular se abre como una L: una parte corre a lo largo de la cancha y la otra a lo ancho. Vamos a la tribuna que está atrás del arco, la que da a José Hernández. Se vienen a la cabeza los versos de Martín Fierro:

“Atención pido al silencio.
Y silencio a la atención,
Que voy en esta ocasión,
Si me ayuda la memoria,
A mostrarles que a mi historia
Le faltaba lo mejor”.

En el campeonato de la B Metropolitana vive el fútbol argentino de antes: veintidós equipos, cuarenta y dos fechas, el campeón asciende directo, del segundo al noveno van al reducido, descienden los últimos dos y los titulares usan los números del 1 al 11. Algunas fechas se jugaron con visitantes. Excursionistas llega al partido con Italiano puntero durante veintiséis fechas y cinco puntos arriba de Arsenal. El equipo dirigido por Rodrigo Bilbao tiene que ganar para ser campeón. Y ser campeón significará jugar por primera vez en la B Nacional. Un detalle: la última vez que Excursionistas jugó en la segunda categoría todavía era el equipo de la villa del Bajo Belgrano. Descendieron en el 73 y erradicaron la villa en el 77. Las identidades a veces se construyen por lo que perdimos: cuando la villa no estuvo más, Excursio empezó a reivindicarse como los Villeros.

Entramos cuando faltan pocos minutos para que empiece el partido. Dos tipos acomodan unos aparatos negros adentro de las áreas, de ahí saldrá humo verde y blanco para darle más épica a la tarde. Las tribunas están explotadas con casi ocho mil personas. Dos edificios sobre La Pampa tienen las terrazas llenas, en una prenden una bengala. En los que están sobre Migueletes también copan los balcones, hay banderas en las ventanas y en las barandas. Cuando el equipo sale a la cancha, el aire se llena de humo verde y blanco. Suenan bombas de estruendo. Salen fuegos artificiales de al lado de la popular. También tiran petardos en la calle. Parece el año nuevo chino pero no, si todo va bien será el año nuevo villero. El año verde.

Los equipos se acomodan antes de sortear los lados. “¡No! Tienen que atacar para acá”, se desespera Claudio, el papá de Tomás. A pedido de él, cambian de lado y saca Italiano. Pita el árbitro y arrancan los noventa minutos más importantes de la historia de Excursionistas. Un central de Italiano la revolea ni bien empieza. “Un saque a lo PSG”, dice uno. Excursionistas sale a apretar y consigue una falta. Van dos minutos. Sale el centro desde la izquierda, cabecea David Ledesma, el dos de Excursionistas, se desvía en un rival y la pelota se mete en el ángulo superior izquierdo. Gol. Se larga a llover. Los jugadores corren a la tribuna a donde se ubica la barra para festejar. Hay una mini avalancha y caras de no entender qué pasa. Van dos minutos y excursionistas gana uno a cero.

La pelota va y viene por el aire. Entre los defensores de los dos equipos, sacan de la cancha cinco pelotas. “Si alguno se pega un pique se la lleva”, dice Lino, el hijo de Tomás. Ascenso puro: los centrales tiran bochazos al nueve que trata de aguantar y descargar para los costados. Cada falta cotiza más que tener un amigo juez. Un offside salva a Excursionistas del empate de Italiano. La lluvia viene y se va, aunque nos protegen las ramas de un árbol. Atrás nuestro, una señora abre el paraguas. Tiene los labios pintados y los lentes con vidrios celestes. Cada jugada del partido tiene un comentario suyo: apretá, salí, jugá tranquilo, andá, vení, tenela. Es como si tuviéramos una radio transmitiendo los comentarios de Rodrigo Bilbao. A los treinta minutos, Nicolás Damiolini, el 7 de Excursionistas, aprovecha un pelotazo y se va contra el área. Merzario, el 6 de Italiano, sale a cruzarlo. La pelota se le iba larga a Damiolini pero Mezario se lo lleva puesto. Penal para Excursionistas. La pelota la agarra Mariano Arango, el 3. Cuando patea, la señora de los lentes celestes grita gol. Pero el penal lo tapa Yordan, el arquero de italiano. La señora se salva porque Arango mete el rebote y pone el partido dos a cero. Serán tres los goles que la señora va a gritar pero que no van a ser. El último, en el segundo tiempo, después de un tiro de afuera del área que se va varios metros ancho. “Señora si usted los grita antes la pelota no entra”, le dice alguien con respeto. Le explica esa máxima del realismo mágico del fútbol argentino: la pelota cambia su rumbo cuando alguien dice gol antes de tiempo.

Excursionistas gana dos a cero. Faltan algunos minutos para que termine el primer tiempo. En la tribuna nadie quiere decir la palabra clave. Alan Espeche, el diez del equipo, sin hacer goles viene siendo la figura de la tarde. Es el que tiene la pelota cuando todos la revolean, el que gambetea y hace jugar. Por la derecha, Matías Fernández, el lateral derecho, encara y tira el centro. Por el medio entra Gabriel Tellas, el nueve tanque del equipo, que cabecea cruzado. La pelota pega en el travesaño, pica y se clava en el ángulo. Golazo. Excursionistas gana tres a cero y la cosa parece liquidada. Pero nadie se anima a decir nada. En el entretiempo suenan algunas cumbias. La gente va y viene por las tribunas. Se saludan y vuelven a sus lugares. A Tomás lo saluda Misha, un ruso al que él hizo hincha de Excursionistas. Le explica en inglés que si el resultado sigue así son campeones. El ruso asiente y le cuenta que al día siguiente se va a Belgrado. Alguien dice que seguro es espía.

Sportivo Italiano hace los cinco cambios en el entretiempo. Medio equipo nuevo para los últimos cuarenta y cinco minutos. Excursionistas sale medio dormido. Italiano no deja de intentar a través de Pablo Cáceres, su número nueve, que aguanta todo lo que le tiran y al que no le pueden sacar la pelota. El sol amaga con aparecer. Excursionistas empieza a mover el banco. El último cambio es Miguel López, mediocampista de 38 años que jugó con David Beckham en Los Angeles Galaxy durante un año. Diez minutos después de su ingreso, López hace el cuarto gol. Ahora sí, Excursionistas al Nacional. En la tribuna, un señor de unos ochenta años empieza a cantar “dale campeón, dale campeón”, casi como si estuviera dando el permiso para decir la palabra clave. Se suman algunos de la tribuna de José Hernández y después toda la cancha. La voz del estadio pide a los hinchas que se “abstengan de realizar cualquier tipo de invasión”. Amenaza con sanciones y derecho de admisión. Nadie escucha, todos saltan, cantan y se acuerdan de Defensores de Belgrano. El clásico volverá a jugarse en la Primera Nacional y lo del verde cantan “El que no salta es del Dragón”. Dragones contra villeros, ni Game of Thrones.

Con el partido cuatro a cero, el árbitro agrega un minuto. Delante de la barra, casi adentro de la cancha, un cordón policial con cuatro o cinco oficiales. Frente a ellos, dos tipos desafían la física parándose encima de un alambrado que se dobla con su peso. Los jugadores piden la hora. La gente también. Muchos se miran sin poder entender que están ganando sin sufrir. El “dale campeón” ahora sí baja de todas las tribunas, las terrazas y los balcones. De un edificio salen algunas cañitas voladoras y encienden una bengala. “Sisi señores yo soy del bajo, sisi señores de corazón”. El árbitro termina el partido. Ya no llueve pero sí cae agua de todos los ojos.

Los futbolistas se van a festejar con la popular. Nicolás Rodríguez, el arquero, se sube al alambrado como queriendo meterse en la popular. Es de los más queridos y aplaudidos, quizás ese gesto de intentar pasarse al otro lado del alambrado sintetice el por qué. Suena “La cumbia de los trapos”, ese tema que aparece en cada celebración de un equipo argentino y ya se empieza a parecer a una tortura, y algunos en la tribuna se quejan del volumen. Hay un gesto que parece ir en contra de la época: no me musicalices todo, déjame festejar a mí y gritar a mí, parecen decir en la tribuna. El mensaje le llega al sonidista que baja el volumen. Se arma una tarima mientras el plantel improvisa una vuelta olímpica. Rodrigo Bilbao se acerca a la tribuna pegándose en el pecho como un orangután. Por los alto parlantes, suena la voz del estadio: se le nota la emoción en la garganta.

En el centro del campo hay una tarima por donde pasan los jugadores. La voz del estadio los va nombrando a todos. Ahora no lo saben, pero dentro de muchos años serán recordados, tendrán homenajes y darán charlas sobre este torneo. Ahora pasan por delante de los dirigentes de AFA que les van poniendo las medallas. La entrega de la copa parece la Champions: vuelan los papelitos cuando la levanta el capitán. Las bombas de estruendo retumban en los edificios. Hay otra vuelta olímpica y más abrazos en las tribunas. Por un costado de la cancha, rodeado de su mamá y su tía, camina Matías Antelo. Tiene una bandera colgada de los hombros, se acercan al alambrado donde cuelga otro trapo: tiene la cara de su papá. Es el vicepresidente de Excursionistas. El presidente desde 2017 es Javier Mendez Cartier –asumió con 24, siendo el más joven en la historia de AFA– y este es su segundo ascenso.

La tarde se apaga, el viento limpia las nubes y aparece la luna sobre el Bajo Belgrano. Excursionistas, un club que se mantuvo firme a pesar de los cambios a su alrededor, ahora va a vivir en carne propia un gran cambio: volver a la segunda categoría. Y quién te dice, en una de esas soñar con jugar en primera.

Juan Stanisci
Twitter: @juanstanisci

Fotos: Prensa oficial Excursionistas

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