Ronaldo Iván Martínez no tuvo muchas opciones en su vida. Desde el momento en el que lo anotaron en el registro civil, su futuro auguraba goles, goles y más goles. Lo complejo, como siempre, es pasar del dicho al hecho. O, en este caso, de los nombres a los goles, porque Martínez lleva su primer nombre por Ronaldo Luís Nazario Da Lima y el segundo por Iván Zamorano. Llamarse igual que dos futbolistas de selección, con pasado en el Real Madrid, no parece haberle jugado en contra. Todo lo contrario, es como si su padre hubiera conocido el futuro de su hijo desde siempre.

Cuenta que su abuela le insistía para que hablara bien el castellano, ya que con sus amigos se la pasaba hablando guaraní. Hizo inferiores y debutó en Cerro Porteño. Sin lugar, se fue a probar suerte a Capiatá, Central Norte de Salta y The Strongest. Se fue libre a Resistencia de Paraguay. En enero de 2023, llegó a Platense. Lo primero que llamó la atención fue su nombre. Al principio Palermo lo hacía jugar de wing. Cuando pasó a su posición, llegaron los goles. Fue parte del equipo que fue subcampeón en 2023.

Cuando le preguntaron cómo se imaginaba su primer gol en la selección paraguaya dijo: “Nunca hice un gol oficial de chilena. Algún día voy a hacer”. Como si homenajeara a Zamorano, Martínez intenta chilenas cada vez que puede. Hizo varios goles con piruetas en Platense. En 2025 fue campeón con el Calamar, goleador del torneo clausura y debutó en la selección paraguaya. Estuvo cerca de ir al mundial.

En 2026 lo compró Talleres. En Córdoba siguió haciendo goles, pero en Barrio Jardín parece haberse posado una nube negra. Duró seis meses, en este mercado de pases lo compró Vélez. Antes llegó a hacerle un gol en la segunda fecha, todavía con la camiseta de Talleres. En Vélez los primeros partidos le costaron, la pelota no entraba. Hizo su primer gol en la octava fecha, contra Estudiantes. En los siguientes tres partidos gritó cuatro veces: uno a Newell’s, dos a Tigre y uno a Platense.

Desde su época en Platense, Ronaldo Iván Martínez usa el número 77 en la espalda. Un dorsal particular, como el que usó Zamorano en el Inter –no estaba disponible la nueve así que el suyo decía 18 con signo más entre cada número–. Martínez no es muy alto pero gana bien de arriba. Es rápido para ganarle la espalda a su marca. Cuando está en el área hace lo que tiene que hacer un nueve: buscar el arco.

El fin de semana pasado, mientras la mayoría discutía los clásicos de la fecha, Martínez se reventó la garganta: hizo tres en la goleada cinco a cero de Vélez a Central Córdoba. El cuarto, el segundo en su cuenta, como aquel que sueña hacer con la camiseta de Paraguay. Martínez estaba casi al borde del área cuando Policella le bajó la pelota. La jugada venía de una pelota parada a favor, el área estaba concurrida como la triple frontera. Ronaldo la levantó con el taco, ya sabiendo lo que iba a hacer. A unos quince metros del arco, se puso de espaldas, levantó una pierna para darse impulso y sacudió con la derecha. La pelota se levantó brevemente y bajó pesada para impactar directamente contra la red. El gol del campeonato. Después hizo otro para quedar arriba de todo en la tabla de goleadores.

Con los goles de Martínez, Vélez está segundo en zona y cuarto en la tabla anual. Martínez vino extender las buenas relaciones entre Paraguay y Vélez. Un paraguayo clavando golazos en Liniers parece casi una obviedad, casi como un goleador que se llama Ronaldo.

Juan Stanisci
Twitter: @juanstanisci

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