Durante mucho tiempo me burlé de Harry. Las razones son bastante obvias: es inglés, medio Sir monárquico, habla el idioma de ellos con esa tonada de Downing Street difícil de soportar, mira con una solemnidad ausente de épica marginalizada y encima es un fenómeno con la pelota en los pies. Todo mal.
El punto de la ironía también era bastante sencillo de pensar: no ganaba nada. Hacía goles todos los años, rompía los records individuales, lograba a fuerza de destreza individual que el Tottenham disimule su lugar en el Big Six, llegó a una final de Champions League de forma inapelable y logró que su selección meta final de Eurocopa y Semifinal del Mundial. Pero no ganaba nada. Un enemigo con la vitrina vacía. Demasiado tentador.
El 10 de diciembre del 2022, cuando quedó afuera del Mundial de Qatar contra Francia y encima tiró un penal a las nubes me burlé más. Lo único que pensé fue que ese muchacho blondo, amante del gol, tenía menos títulos que Marcelo Estigarribia, que venía de descender con el Patronato de Sava pero también de ganar la Copa Argentina. ¿A quién le importará que yo lo burle?
Hace poco vi a otro Kane. Fue en el partido por los dieciseisavos de final de este año. Grité en el subte cuando Congo metió un tiro en el palo ganando uno a cero. Pero él lo dio vuelta. Harry. Con esa característica indomable de pedirlas todas y poder ser, a la vez, un faro en el área con una gama inmensa de talento fuera de ella. Cantó Wonderwall con el mentón arriba, como subiendo la vara del horizonte.
Decir que hay algo maradoniano en un inglés es un oxímoron, pero sí vi a una cara seria e ilusionada, dispuesta a dar todo por los suyos. Es complejo darse cuenta que la contemplación del villano también es parte de uno. La vida no es Disney.
Ayer, ligeramente, sonreí. Si lo viera a Harry Kane en vivo le pediría una foto y le desearía lo mejor: por lo menos que gane algún título internacional y que iguale a cracks como Martincito Andrizzi o el “Patito” Raymonda, campeones de la Sudamericana 2007 con la banda de Sarandí.
Y después le comentaría, al pasar, que es uno de los mejores jugadores que vi en mi vida.
Escribe: Santiago Núñez
Twitter: @SantiNunez
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