Maldición, va a ser un día hermoso

Existen desde que la humanidad bajó de los árboles, se irguió sobre las patas traseras y comenzó a tener noción de su alrededor y de sí misma. Han sido parte fundamental de las explicaciones para fenómenos climatológicos extraños, errores en campañas militares o enfermedades. Nos han acompañado como una sombra. Y aunque no creamos en ellas, sabemos que están. Por más que le demos una y mil vueltas, hay eventos que se explican de una sola forma: la maldición. Con todo lo racionales y escépticos que nos creamos, tenemos en común una cosa, que cuando entra en juego abandonamos cualquier rasgo de occidentalismo cientificista: el miedo. Y cuando el miedo entra ya no hay cerebro que valga.

Las maldiciones pueden venir por un designio divino o del destino, como por ejemplo Edipo. El tipo hiciera lo que hiciera cargaba con la cruz de encamarse con su madre y matar a su padre. Buscara por dónde buscara, el final ya estaba escrito. O la de ser rockero y no llegar a las veintiocho velitas. En cambio, hay otras, que no te digo que son buscadas, pero que seguramente había una vocecita que te decía “no te metás”. Y acá viene, por ejemplo, abrir la tumba de Tutankamón. Si ya sabés leer jeroglíficos y tenés un traductor que te dice: “ahí está escrito que quien profane esta tumba le va a pasar tal y cual cosa” ¿Cuál es la necesidad de meterse? Usted me pregunta que tiene que ver está nota con la pelota. Tenga un poquito de paciencia que ya llegamos. Es posible que los  más Alejandro Fabbri se hayan dado cuenta. En 1941 un soviético llamado Mijail Gerasimov no tuvo mejor idea que excavar la tumba del rey turco del siglo XIV, Timur. El tipo había matado 17 millones de personas, lo que en aquel momento representaba el 5% de la población mundial. En la tumba del jodido de Timur dice: “cuando me levante de entre los muertos, el mundo temblará”. La cosa es que dos días después Alemania invade la Unión Soviética. Pero Alemania no invade URSS así nomás, rompe un pacto de no agresión. No hay peor maldición que la que se busca uno solo. Ya sea por el bueno de Gerasimov profanando la tumba, como por Alemania rompiendo ese pacto, se estaban metiendo en un flor de quilombo. Para Gerasimov la maldición terminó en noviembre de 1942: mandaron a meter a Timur de nuevo en la tumba y poco tiempo después los soviéticos empezarían a ganar la batalla de Stalingrado. Para Alemania parece que la maldición continúa cada vez que pisa territorio ruso.

El tema es que cargar con una maldición, vaya y pase, pero cargar con dos es imposible. ¿Qué hacer si se te juntan dos maldiciones? Lo mejor es mandar todo a la mierda y empezar de cero. Digo, como para no gastar energía al pedo. Esto le pasó a Alemania. Porque sumado a los malos recuerdos que le trae Rusia después de haber roto aquel dichoso pacto, está la maldición deportiva: todos los campeones del mundo europeos de 1998 para acá quedan afuera en primera ronda al mundial siguiente.

Octubre de 1942. Stalingrado. La batalla de Stalingrado se libra en las calles de la ciudad cargándose 2500 alemanes por día y 4000 soviéticos Las tropas alemanas tienen tomado el 80% de la ciudad. Se acerca el invierno. Cuando decimos invierno nos referimos a temperaturas de veinticinco a treinta grados bajo cero. La red de espías soviética llamada Orquesta Roja se entera que las fuerzas alemanas no alcanzarán para tomar la ciudad en su totalidad. El ejército rojo dispone una contraofensiva letal: la Operación Urano. Ésta consistió en cercar la ciudad con dos fuerzas independientes que se encontrarían cuatro días más tarde en un punto común. Así fue. La ciudad estuvo sitiada por tres meses, hasta que el 2 de febrero de 1943 el mariscal Friederich Von Palaus a cargo del 6° ejército alemán ordenó la rendición de sus 90.000 soldados, siendo el primer mariscal en rendirse en la historia alemana. Envalentonados los soviéticos salieron de contra. Dos años y medio más tarde tomarían Berlín finalizando así la Segunda Guerra Mundial. De contra Alemania perdió la guerra.

Stalingrado se llamó así por haber sido Stalin quién conquistó la ciudad para el Ejército Rojo en 1919. Luego de la caída de la Unión Soviética pasó a llamarse Volgogrado. Volgogrado queda a mil kilómetros de Kazán, una de las sedes de Rusia 2018. Por el grupo D Alemania tenía que enfrentarse en esta ciudad a Corea del Sur por la última fecha del grupo. Por el otro lado jugaban Suecia y México. México seis puntos, Suecia tres, Alemania tres y Corea del Sur con cero. En principio Alemania tenía que ganar su partido para clasificar sin importarle que pasara en el otro. Durante el primer tiempo los dos encuentros estuvieron empatados sin goles, de esta manera Alemania y México clasificaban. Pero las maldiciones son sádicas. Y el arranque del segundo tiempo puso el grupo patas arriba. Luego de unos muy buenos primeros cuarenta y cinco minutos de México donde dominó y hasta casi bailó a Suecia, la segunda parte los tomó para el cachetazo. En quince minutos les habían hecho un gol y tenían un penal en contra por un invento del árbitro que se negó a usar el VAR, una vez que servía. Dos a cero. En el otro partido Alemania tenía que hacer un gol para clasificar. Pero pasaban los minutos y nada. México víctima de la desesperación ya no tenía la pelota y para colmo se hizo el tercero en contra. Alemania todavía tenía que hacer un gol. Un remate de Kroos, el héroe en el partido anterior contra Suecia; un cabezazo de Hummels en el área chica; y la pelota que no entra. Alemania se venía con todos los tanques sobre la eliminada Corea. Pero la historia es la historia y Rusia es Rusia. Corner para Corea del sur, un mal despeje de Kroos y la pelota le cae a Kim Young Gwon dentro del área chica. Con tiempo para tomarse un mate y fijarse que palo le queda mejor, define arriba a la izquierda del arquero. Gol de Corea en el minuto 90. O no. El lineman levanta la bandera: orsai. El árbitro principal anula el gol mientras desde el VAR le dicen que espere. El árbitro espera. Se acerca a ver la jugada en una cámara: no es orsai, el pase atrás lo da Tony Kroos. Tres minutos más tarde le dan el gol a Corea del Sur. Thomas Muller, capitán o mariscal alemán, pregunta cuanta falta: seis minutos le dice el árbitro. Si las matemáticas no fallan vamos hasta los 99. México – Suecia ya terminó, golearon los suecos tres a cero. México espera con el corazón en la boca. Manuel Neuer, arquero alemán, sale a jugar como si fuera un mediocampista. Vamos de nuevo: ¡El arquero de Alemania deja el arco faltando cinco minutos y sale como un jugador más! ¡Faltando cinco minutos! Sabemos que Neuer juega bien con los pies, pero no deja de ser arquero. Dos minutos más tarde pierde la pelota llegando al área coreana. Sin pensarlo el coreano mete un pelotazo al vacío. Heung-Min Son pica solo. Recibe la pelota en área alemana sin arquero ni defensores. Corea del Sur 2 – Alemania 0. De contra lo perdió Alemania. Otra vez en Rusia y de contra, como setenta y dos años atrás.

Podemos ser todo lo escépticos que queramos. Pero las maldiciones existen. Sino andá a imaginarte a Corea del Sur ganándole a Alemania en un Mundial que no se juegue en Rusia.

Juan Stanisci

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