El sol era la pelota

JUEGO OLÍMPICO

Dicen que el sol era la pelota de los antiguos dioses y que de ahí viene aquello de que los buenos jugadores se ven cuando la pelota quema en los pies. Cuando el partido viene bravo y hay que cuidarla, aguantarla un cachito aunque sientas el galope de un central grandote que se acerca a tus espaldas incluso antes de que la puedas dominar con el pecho, tratando de dormirla para que caiga, mansa, bien cerca del botín zurdo.

¿Te imaginás a Zeus sacándosela de encima, devolviéndosela a los del fondo porque lo vienen a apretar de atrás? ¿O al fiestero pero dúctil Baco dejándose anticipar en el medio cuando te acaban de empatar y ellos se vienen con todo? ¿O al robusto Apolo que no quiera bajar a pedirla porque las papas queman?

Dicen que el sol era la pelota de los antiguos dioses y que la luna –con la invaluable ayuda de Mercurio– era la encargada de la iluminación del estadio. Del universo entero, bah.

Júpiter era el que proveía la pirotecnia. Urano y Neptuno, los jueces de línea. Marte, el que ponía el día de los picados. Venus, una negra que la rompía, pero al tenis. Y Saturno, un barbado que llegó a jugar en Boca y en Central.

Y la Tierra… la Tierra era el lugar designado, por Zeus y su bandita, para la llegada del ELEGIDO.

La fecha de ese acontecimiento, grabada con filoso tridente en una de las columnas del Panteón –que supo cumplir la función de palo derecho en alguna que otra definición por penales–, fue descubierta hace doscientos años por unos arqueólogos egipcios: 30 de octubre de 1960.

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TRES LETRAS

En el poblado de Anemuk, a unos 70 kilómetros al oeste de la capital, cuando termina el verano empieza el verano, y después de ese viene otro más.

La vegetación no vegeta por esos lares y el agua escasea tanto que si llueve, cosa que ocurre cada 300 lunas con suerte, todos los habitantes se acuestan boca arriba (y abierta) en la tierra hasta que pare.

Los niños esperan a que baje el sol, algo que sólo se produce entre las 2 y las 4 de la madrugada, para jugar a la pelota a orillas del río Yqg.

Corren descalzos en la oscuridad y se pasan el balón, que de redondo tiene poco, y de blando nada.

Cuando quedan de frente al arco, le pegan con la afilada uña del dedo gordo del pie y le apuntan a la cabeza del arquero. Y generalmente le aciertan.

Tienen callos como tapones y se pintan los números en la espalda con sangre de Ñus.

Ahj, hijo de Ef y Xa, lleva tatuados esa noche el palito y el círculo. Se siente sagrado, iluminado en la penumbra, y la primera que toca la manda a guardar. Entonces se arrodilla, eleva los brazos al cielo y con los ojos apretados, balbucea: Gol, la concha de su madre, gol.

Santiago Ernesto Garat

Ambos cuentos pertenecen al libro “El sol era la pelota”, que será presentado el próximo jueves 11 de octubre, desde las 19.30, se presentará –en bar Lo de Néstor (Bolívar 548). Santiago Ernesto Garat es miembro de la Cooperativa La Masa y la agrupación Hijos Rosario. Éste es su primer libro.
Los textos allí reunidos giran en torno a una pelota de fútbol pero ese deporte es utilizado como excusa, como herramienta, para tratar otros temas tales como los derechos humanos, la igualdad de género y las problemáticas relacionadas con la profesionalización del juego más lindo del mundo.
De la movida participarán el periodista, escritor y docente Ariel Scher, autor del prólogo; Manolo Robles, presidente de la Cooperativa La Masa y Facundo Paredes, quien tuvo a su cargo la corrección del libro.

 

 

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