Si bien las Copas Intercontinentales empezaron en la década del 60, hubo varios años antes un intento de Campeonato Mundial de Clubes. Un año después del Maracanazo, un título mundial se puso en juego en pleno Maracaná. Escribe Santiago Núñez.

Cada vez que Kayky buscaba encarar por el sector derecho a los defensores de River que se cerraban o en los momentos en los que Fabrizio Angileri intentaba salir con pelota dominada para empezar el ataque hacia el arco del Fluminense se veía la misma bandera tricolor que decía “Campeão mundial 1952”. Pero la Copa Intercontinental nació recién en 1960. La historia de atrás de ese trapo que mostró el interesante empate del jueves pasado entre Gallardianos y Cariocas, en pleno Maracaná, tiene una historia de fondo que vale la pena repasar.

En 1951, sólo un año después del “Maracanazo” de Obdulio y compañía, la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) decidió organizar un torneo con la idea de levantar los ánimos caídos por la derrota contra Uruguay. La idea de la dirigencia fue armar un torneo de equipos con los principales campeones de las ligas más importantes del mundo.

El registro de calificación no sería otro que el Mundial pasado: Los torneos considerados serían aquellos cuyas selecciones tuvieron las mejores participaciones en Brasil 1950, a la que podrían sumarse las ligas alemana y argentina (que no fueron parte de la partida). La iniciativa tuvo el aval de la FIFA, que terminó bajándose de la participación por diferencias organizativas. Todo quedó en manos de la Confederación y de la Prefectura.

Como suele suceder en estos casos, algunas ligas y algunos equipos aceptaron y otros no. España (Atlético Madrid), Suiza (Lausanne), Suecia (Malmo) Inglaterra (Tottenham) no enviaron representantes. Los intentos de reemplazos con el Barcelona en el caso ibérico y con el Newcastle por el lado de los británicos no tuvo efecto. Sí se pudo avanzar en un representante italiano ya que, frente a la negativa del campeón Milán, se invitó a la Juventus (ganador en la temporada 49/50) que aceptó el convite.

Participaron entonces de la “Copa Río” el Austria Viena (Campeón de Austria), Vasco da Gama (Campeón carioca); Club Nacional de Fútbol de Montevideo (Campeón de Uruguay), Sporting de Lisboa (Campeón de Portugal 1950/51), Juventus (Campeón de Italia 1949/50); Niza (Campeón de Francia de 1950/51); Estrella Roja (Campeón de Yugoslavia de 1951) y Palmeiras (Campeón de San Pablo de 1950). Se dividieron en dos grupos llamados “Río de Janeiro” y “San Pablo”, en obvia alusión a las ciudades en las que se disputaron los encuentros.

Los dos primeros de cada grupo pasaron a las semifinales que fueron disputadas entre Palmeiras y Vasco da Gama (ganaron los verdes) y Juventus y el Austria Viena (con victoria de los de Turín). Los paulistas y los italianos pasaron a la final que consistió en dos partidos. Uno en el Pacaembú (San Pablo), con triunfo uno a cero de los locales. La vuelta en Río de Janeiro fue empate 2 a 2. Un año y seis días después del Maracanazo un brasilero fue campeón del mundo en ese templo futbolero. Cien mil personas lo festejaron. No hubo silencio ni de Ghiggia, ni del Papa, ni de Frank Sinatra.

Al año siguiente, el torneo se replicó. En este caso, Juventus no aceptó la invitación como campeón italiano y Racing expresó la misma negativa como triunfador argentino. Salvo el Austria Viena y el Sporting portugués, todos los equipos cambiaron. Participaron Fluminense (Campeonato Carioca 1951), Peñarol (Campeón Uruguayo 1951), Grasshopper Club (campeón suizo 1951-52), Corinthians (Campeonato Paulista 1951-52) Libertad (subcampeón paraguayo 1952), FC Saarbrücken (Subcampeón de Alemania 1952).

La final la jugaron los dos brasileños, con partido ida y vuelta pero ambos en el Maracaná. Fluminense ganó el primer encuentro por 2 a 0. El segundo terminó en pardas, por lo que el Flu se consagró campeón del mundo (o algo así). Eso explica el trapo del pasado jueves que embelleció las tribunas vacías en tiempos pandémicos.

En 1953 el torneo siguió con otro nombre (“Octogonal Rivadavia Correa Meyer”) pero ya con más impronta nacional: cinco de ocho equipos eran de tierras verdeamarelas. Completaron el campeonato el Olimpia de Paraguay, el Sporting de Lisboa y el Hibernian de Escocia. El Vasco da Gama salió campeón y nunca más se supo nada de la “Copa de Río”.

Los campeonatos mundiales de clubes quedaron saldados ya en los 60 con la Copa Intercontinental (CONMEBOL y UEFA) y desde 2005 con el Mundial de Clubes. En el 2000, sin embargo, un torneo similar al que se juega hoy, como un anticipo de lo que sería la competición actual. Se jugó en enero del 2000 con los campeones de todas las confederaciones más el Corinthians como campeón brasilero invitado (en Brasil fue la contienda) y el Real Madrid. El torneo se lo llevaron los paulistas, lo que motivó al Palmeiras a pelear por celos de su máximo rival para que la FIFA reconozca oficialmente la Copa Río 1951. Tiempo después el Fluminense se sumó al reclamo.

La FIFA tomó el guante y, si bien en 2007 se negó, en 2013 accedió al pedido. Declaró, no obstante, que la Copa Río fue la primera competición de clubes a nivel mundial, pero que ni Palmeiras ni Fluminense eran “campeones del mundo”. Si bien en 2017 la FIFA informó de forma taxativa que los triunfadores intercontinentales también merecían el reconocimiento mundial, al día de hoy ni palmeiras ni Fluminense lo tienen.

En abril del 2019, el presidente Gianni Infantino se refirió al tema de la siguiente forma: “Ya hemos decidido dar el título de campeón mundial a todos los que han ganado la Copa entre Europa y América del Sur desde 1960. 1951 está un poco más atrás (…) El título mundial de Palmeiras… Para milagros, tienes que preguntar a otro, no a mí…”. Esta frase demuestra, en estas semanas tan particulares para el fútbol mundial, que a su máximo titular oficial no lo caracteriza ni el tacto ni las relaciones humanas.

Santiago Núñez

Twitter: @SantiNunez

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