Hoy cumple 30 años el arquero de Rosario Central que supo ser el capitán del Diego en Dorados de Sinaloa. Su historia en nuestra querida sección “Pongamos a Razzotti” que todas las semanas les traerá la carrera de un jugador del fútbol argentino. Escribe Lucas Jiménez.

Gaspar Servio arrancó jugando en las inferiores del club del que era hincha de chico: Boca Juniors. Pero lo dejaron libre y pasó a River. No le importó, siguió yendo a La 12 a alentar al Xeneize hasta que fue subiendo de categoría y el profesionalismo lo alejó del tablón.

No llegó a debutar en la Primera de River. Ramón Díaz no lo tenía en cuenta pero Matías Almeyda sí lo tenía visto y en 2013 se lo llevó a Banfield para que sea el arquero suplente de Enrique Bologna. A mitad de la temporada el Beto se lesionó feo al finalizar un partido con Instituto. Almeyda ya había hecho los tres cambios y fue al arco por unos minutos el delantero paraguayo Santiago Salcedo. Al partido siguiente debutó Servio contra Patronato y se destacó atajando dos penales.

Siguió en el arco de Banfield lo que restó de la temporada 2013/2014, hasta salir campeón de la B Nacional, y también el primer semestre en Primera. Cometió algunos errores que costaron partidos y con la vuelta de Bologna, y la llegada de Fernando Pellegrino, se fue a préstamo a Independiente Rivadavia de Mendoza.

Después de eso empezó una carrera en el ascenso mexicano dos veces en Dorados de Sinaloa y una en Cafetaleros de Chiapas. En la segunda etapa en Dorados llegó como técnico Diego Armando Maradona a revolucionar la ciudad, el equipo y el torneo. Diego lo conocía a Servio y le dijo a poco de asumir: “yo tengo un hermano que fue tu papá en Banfield, que es Almeyda. Si él te quiere, yo te quiero. Vos vas a ser mi capitán”. Y así fue.

El Maradona futbolista era creatividad en los pies y liderazgo en la boca. Con los jugadores que reúnen alguna de esas características Diego generaba empatía como técnico. A los primeros los elogiaba y motivaba para sacar su mejor versión. Pero la relación más cercana la generaba con los segundos, con los líderes de vestuario que se encargan del estado anímico de un equipo. Servio en Dorados fue el Heinze de los años de Diego en la Selección Argentina o el Fatu Broun de su posterior etapa en Gimnasia La Plata.

Maradona y Servio juntos llevaron a un Dorados, que estaba hundido en los últimos puestos de la tabla, a jugar las dos finales de los torneos para ascender a la Liga Mexicana. Perdieron ambas por muy poco contra San Luis, pero quedaron momentos únicos e imborrables. Los abrazos al final de los partidos entre técnico y capitán, la conferencia de prensa de Diego luego de clasificar a la final con el buzo de Servio colgado diciendo “tengo un arquerazo”, el tatuaje en la pierna de Gaspar con la imagen de Maradona sonriente con la gorra de Dorados y la frase “Creo en dios”. El vestuario explotado en felicidad cantando “La cumbia de los trapos” de Yerba Brava con Diego llevando sus rodillas casi hasta al suelo tirando pasitos cumbieros.

Después de Dorados hubo un resurgir en la carrera de Servio. Maradona lo pidió para Gimnasia en el inicio del 2020, pero al final se fue a Guaraní de Paraguay. Allí estuvo dos años, el segundo terminó siendo capitán del equipo subcampeón del torneo paraguayo. Se fue con polémica por haber sido expulsado en el final del último partido contra Cerro Porteño que costó no ganar el título.

Pero sus grandes actuaciones le valieron volver al fútbol de primera de Argentina a mostrar lo aprendido en estos años: liderazgo, reflejos, personalidad, técnica con la pelota en los pies. Lo contrató Rosario Central para reemplazar justamente a Jorge Broun que se rompió los ligamentos. Llegó a pedido del Kily González, otro hermano de Diego del mundo del fútbol. La fecha pasada realizó una atajada impresionante ante un cabezazo en la línea de González Metili de Central Córdoba.

Hoy cumple 30 años Gaspar Servio. El Capitán de Maradona en Dorados. El que lo hizo bailar y sonreír en un vestuario. El que dejó la tribuna para ser profesional, pero con Maradona de frente se dio el lujo de entonar bien fuerte que “saltando, cantando, prendidos a los trapos dejamos el alma en el tablón”.

Lucas Jiménez

Twitter: @lucasjimenez88

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