Nuestro Crónicas Maradonianas se fue de gira por Nápoles. Una linda excusa para recorrer la ciudad del Vesubio por sus callecitas plagadas de motos hasta los murales de Diego. Salí a dar una vuelta con esta crónica napolitana. Escribe Federico Raggio.

Napule è mille culure

Napule è mille paure

Napule è a voce de’ criature

Che saglie chianu chianu

E tu sai ca’ nun si sulo

Napule è – pino daniele

El tren arriba a la Stazione Centrale casi a las 6 de la tarde. El pretexto lo conocemos: “Vedi Napoli e poi muori” (“Ve Nápoles y después muere”). Con calma, en poco tiempo, se puede verificar que la frase tiene bastante de verdad. Suena una poesía hecha canción que con pocos párrafos dice tanto de la città partenopea.

El músico y poeta napolitano Pino Daniele, como si estuviera en un piso alto desde donde se puede ver todo, supo pintar su ciudad natal en dialetto napulitano. Napoli es de una belleza incomprensible. La capital de la región de Campania tiene, además del Vesubio como telón de fondo, algunos paisajes que fácilmente arrancan suspiros. Asimismo, es una ciudad caótica, con un tráfico vehicular que supera al de Buenos Aires. Y como también narra Pino Daniele, Napoli tiene un problema importante con la gestión de los residuos.

Y como no podía ser de otra manera, el pueblo partenopeo lleva en la sangre y en la boca el orgullo de pertenecer a una ciudad única en toda la península itálica. Es la tercera metrópoli más grande, luego de Roma y Milán. Es además una de las capitales del patrimonio artístico y arquitectónico, donde los antiguos griegos y romanos dejaron su impronta hasta en los cimientos. Es donde se asienta parte de la excelente gastronomía italiana, partiendo de las diferentes variedades de pizza, pasando por las diversas recetas de pastas y pescados hasta llegar a los postres más deliciosos del planeta, como le sfogliatelle, le zeppole, i mostaccioli, la pastiera napoletana, la torta caprese, gli struffoli, i fiocchi di neve y o babà. Y es donde probablemente Diego vivió sus mejores años futbolísticos.

En la famosa pasticceria Poppella, nacida en el barrio Rione Sanità, uno de los quartieri más populares donde se puede respirar el Napoli que narra Pino Daniele, hay que pedir un café y una deliciosa sfogliatella. Y así como en la capital campana hay casi un santuario por manzana, dentro del local, hay un estante destinado a ese fin, con una imagen religiosa y un busto del hijo adoptivo que arribó en el verano de 1984.

Marco y Eddy, los baristas, captan el acento de nuestro viajero. Comienza la charla sobre lo que significa Diecó –como lo pronuncian- para cada uno, que finaliza con una recomendación que se repetirá en varias ocasiones: “Tenés que ir a los Barrios Españoles para ver el murales de Diego”. En italiano, para decir “mural”, se usa el término en español, pero en plural. Lo mismo nosotros cuando decimos “zuquini”.

Los Quartieri Spagnoli son una visita obligada para los turistas, así como la Piazza Plebiscito, el Palazzo Reale, la Galleria Umberto Primo, el Teatro San Carlo, la Cappella San Severo, la Cattedrale di Santa Maria Asunta, el Maschio Angioino (Castel Nuovo), el Castel dell’Ovo y el Castel Sant’Elmo, Spaccanapoli o el Mercato della Pignasecca. En la zona alta de esta barriada se creó el Largo Maradona (“Esquina Maradona”), una especie de plazoleta conmemorativa donde se encuentra el mural más famoso de Diego. Realizado en 1990 por el artista Mario Filardi después de la obtención del segundo Scudetto, fue restaurado en 2016 por el artesano Salvatore Iodice. Igualmente, se le efectuó un “retoque” al rostro, de la mano del artista urbano argentino Francisco Bosoletti.

Luego de visitar Spaccanapoli, la calle del centro histórico que divide la ciudad en dos y en donde artistas expertos en el artigianato tipico napoletano de la miniatura exponen sus obras realizadas en terracota, cerámica y porcelana (de personajes de la cultura popular como Pulcinella, el Sciò Sciò Portafortuna y Scaramuccia, así como de los ídolos populares: Totò, Peppino De Filippo, Eduardo De Filippo, Massimo Troisi, Pino Daniele y Diego), se sigue un itinerario que finaliza en un territorio conocido para todos los napolitanos, quienes están convencidos que en un café está el secreto de la felicidad. Entonces es momento de entrar a una cafetería, beberse uno de un sorbo y comenzar una charla con el barista que, como no podía ser de otra manera, es un fanático maradoniano. “A Diego lo tengo tatuado en la pierna, sobre el gemelo”.

Sin demora, descubre la billetera y muestra figuritas de los conocidos álbumes Panini. Son imágenes del “10” en diferentes temporadas del calcio y una famosa, que acá se coleccionó durante el mundial de Italia ’90. Además, encuentra un recuerdo de unas vacaciones en nuestro país: una entrada de un Boca-Talleres al que asistió en La Bombonera. Y también, como Marco y Eduardo, repite: “Devi andare ai Quartieri Spagnoli per vedere il murales di Diego”.

Las manzanas de los Quartieri Spagnoli están atravesadas por decenas de vicoli (callejones) que atraen a algunos turistas y donde cada vez hay menos scugnizzi (pibes) jugando a la pelota, esos en los que Diego se veía reflejado en su infancia. “Quiero volverme el ídolo de los pibes pobres de Napoli, porque ellos son como era yo cuando vivía en Buenos Aires”, declaró una vez.

La dirección no la tenemos, pero localizar il murales no es un problema. Sabemos que por la Via Emanuele de Feo se arriba al Largo Maradona. El 29 de noviembre de 2020, a sólo cuatro días del fallecimiento del hijo adoptivo, Bruno Conti llegó con una ofrenda floral que delineaba un “10” y la colocó en el santuario. Visiblemente emocionado, se arrodilló frente al mural y se hizo la señal de la cruz mientras decenas de napolitanos lloraban y gritaban “¡Bruno!”. Luego, un silencio sepulcral y respetuoso para que el ídolo romanista pudiese homenajearlo. Un minuto después se alzó y tocó la pared como si tocara la imagen de un santo (aunque el patrono napolitano sea San Gennaro). “Grazie Bruno!”, gritó uno y se volvió a repetir en varias gargantas.

Napule è na’ camminata

Int’ e viche miezo all’ate

Napule è tutto nu suonno

E a’ sape tutto o’ munno

Ma nun sanno a’ verità…

Suena una bocina de un motorino (scooter). Hay que correrse. En los callejones napolitanos –y en ocasiones hasta en las veredas angostas- mandan los motorini. Sus conductores tienen la rara habilidad de esquivar a los peatones a último momento o de acelerar y rozarlos a toda velocidad. Es imposible enojarse porque lo hacen todas y todos. El tráfico es más complicado que el de Buenos Aires. La diferencia es que en general el napolitano es más relajado que el porteño “medio”, entonces casi nadie se fastidia.

La caminata finaliza. El mural se erige frente a los ojos plenos de colores. De los balcones de cada departamento cuelga la ropa recién lavada, como en ciertas partes de La Boca. Al frente hay un pequeño local para beber el aperitivo de las 19 horas (una costumbre septentrional que se repite en toda la península), “La Bodega de Dios”, gestionado por Antonio Esposito, quien además es el responsable de la parcela donde se halla este espacio de peregrinación: “Todos los días vienen napolitanos a este santuario. Pero también argentinos y de otras partes de América Latina. Y españoles, franceses, ingleses. De todo el mundo. Yo hago todo acá”.

Napoli es una caminata

En los callejones, en medio de otros

Napoli es todo un sueño

Y lo sabe todo el mundo

Pero no saben la verdad…

–¿Qué siente usted por Maradona?

–¿Qué siento yo? Qué siente el mundo por Maradona, no sólo yo. No es una cosa solamente napoletana o argentina, es mundial.

“Él era amado por todos, también ahora. Los chicos de 8 años saben quién es Maradona ¿entendés? Los pibes vienen acá, lloran y rezan. Diego, sin decir nada, ha creado el hermanamiento entre los argentinos y los napolitanos, que es muy fuerte”, comenta. Luego, Antonio muestra una foto junto al ídolo que reivindicó a toda una ciudad en el césped del San Paolo en 1987, que ahora se llama Stadio Diego Armando Maradona.

Los turistas sacan fotos y leen las frases escritas en las paredes y banderas del santuario. Hay camisetas del Napoli, de la selección argentina y otros equipos. Hay rosarios, curnicielli (esos cuernitos rojos que son usados por los napolitanos como amuletos para ahuyentar la mala suerte y la envidia), banderines. Y todo tipo de leyendas: “Grazie D10S”, “Nulla infrangerà il tuo mito” (“Nada destruirá tu mito”), y el clásico “Ti amo Diego”.

–¿Por qué él le llegó de forma tan fuerte a los napolitanos?

–Porque él era una persona buena, de corazón, que además defendió siempre a Napoli y que se ofendía si atacaban a la ciudad. Él nos dio más orgullo para sentirnos napolitanos. Después de su estadía en Barcelona, él quiso venir a Napoli. No quiso ir a Milano o Torino. Él podía ir a Alemania, Inglaterra o España. Y se desafió a sí mismo y al mundo al venir a nuestra ciudad. Maradona se volvió “Maradona” porque vino a Napoli. Es cierto que él ya era el fenómeno futbolístico que todos conocíamos, pero acá se construyó su mito. Él vino a su pueblo, estaba predestinado.

Luego, Antonio explica un poco la “pica” que hay entre el norte y el sur italianos. Dice que primero se sienten napolitanos y después italianos: “Cuando silbaron el himno argentino durante algunos partidos del Mundial ’90, como en Milano, él dijo ‘hijos de puta’. Cuando vino aquí a jugar la semifinal, nosotros éramos mitad italianos, mitad napolitanos. Y como habían silbado a Maradona, nos pusimos de su lado”.

Aquí, el 10 de mayo de 1987 es una fecha especial, es cuando el Napoli levantó el Scudetto por primera vez en su historia. En la edición del 11 de mayo de “Il Mattino”, la entrevista al Pibe de Oro por parte del periodista napolitano Franco Esposito viene titulada con una frase donde se podía plasmar la identificación de la calle con aquel héroe mitológico, que es también “uno de los nuestros” para el tipo común: “Io, Maradona, figlio di questa città” (“Yo, Maradona, hijo de esta ciudad”).

Los recuerdos envejecen, pero las esperanzas no. Este domingo el Napoli perdió de local 1 a 0 con el Milan pero todavía tiene chances. Los lombardos comandan la Serie A con 60 puntos, con dos y tres de ventaja sobre el Inter y la squadra meridional, respectivamente. Tal vez este sea el año de la Società Sportiva Calcio Napoli para volver a gritar Campioni d’Italia y desatar la pasión visceral de un pueblo tan adorable como contradictorio. Como su ídolo.

Napoli es miles de colores

Napoli es miles de miedos

Napoli es la voz de las criaturas

Que emerge poco a poco

Y vos sabés que no estás solo

Federico Raggio

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