Juega Japón y define su clasificación. Salga como salga ya habrán hecho historia con aquel triunfo sobre Alemania. Algo ya soñado en un capítulo de Supercampeones y retratado en este cuento. Escribe Lucho Bauzá.

Cae la tarde en el barrio de Chūō, en el este de Tokio. Yoichi apoya el lápiz con delicadeza sobre el escritorio de sugi, se lleva las manos a la frente y cierra los ojos. Está cansado, está solo, está satisfecho. Su seleccionado le acaba de ganar a Alemania 3 a 2 en la final de la Copa Juvenil, con goles de Tom, Steve y Oliver. Cumpliendo con su palabra, guarda sus elementos de trabajo hasta el día siguiente y se prepara para asistir al encuentro de su amigo Misaki Tarō, la única persona junto a su madre que lo alienta a continuar escribiendo una extraña historia sobre unos jóvenes que se atreven a incursionar en el fútbol, una rareza que apenas llama la atención en la sociedad japonesa de 1980.

Yoichi llega con puntualidad. Pide una cerveza.
-¿Cómo terminó? –escucha.
Yoichi siente vergüenza por lo que escribió durante toda la tarde. Se promete llegar a su casa y prender fuego esa absurda historia de compatriotas dando que hablar en el mundo del fútbol.
-Tres a dos sobre la hora –responde, escondiéndose la cara con las manos–. Arrancamos perdiendo, pero lo dimos vuelta.

Misaki aplaude, abre los brazos, mira hacia los costados para compartir su alegría con el resto de los parroquianos del bar 誰も傷つけない .

-¡Excelente! –festeja, cerrando un puño final-. ¿Y ahora, qué, Yoichi? ¿Cómo sigue?
-Escondiendo todo, Misaki. Haciendo una fogata en el patio. Volviendo a la historia de la chica del árbol. O dedicándome a… A otra cosa que no sea dibujar.
-Takahashi Yoi: última vez que te lo digo. Última. Vos no sos consciente de esta historia.
-Lo soy.
-No es un manga en papel. Estás creando algo más. Futuro. Cultura. Podrías lograr que miles de niños japoneses comiencen a jugar al fútbol.
-¿Cómo?
-Apasionándolos. Como a mí. No veía la hora de terminar mi trabajo diario para juntarme con vos y saber cómo había terminado ese estupendo partido contra Alemania. Y si lo lograste conmigo, oralmente, imaginate lo que harías con los chicos y chicas del país si lo vieran animados… Florecerán mil Hyugas. Habrá un Benji Price debajo de cada portal. Y Oliver será bandera. Es, es… Podría estar exagerando… Pero será tanto el impacto en nuestro país, que algún día, algún día… Japón le va a ganar a Alemania al fútbol. Y será gracias a tu historia.

Yoichi sonríe una vez más en la noche. Decide no romper el entusiasmo de su querido amigo Misaki Tarō, porque al fin y al cabo es lo que llevó hasta ahí, hasta ese capítulo veintitantos.

-¿Y ese día vendremos a celebrar acá, Misaki?
-Ese día vendremos a celebrar acá, Yoichi Takahashi.

Lucas Bauzá
Twitter: @rayuelascometas

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