¿Cómo llega Australia al choque con Argentina? ¿Quién es el técnico que dice estar seguro de que van a ganar? Todas esas respuestas y una gran historia, las trae el hombre que más sabe de fútbol australiano en nuestro país. Escribe Juan Manuel D’Angelo.

Australia puede ser una tierra misteriosa donde ocurren cosas que no tienen explicación. Por ejemplo: en 1932 el estado federal entró en guerra con una manada de 20,000 emus y perdió. Si, el lector no está leyendo mal. Por esa época, la mano de obra desempleada militar que había peleado en la Primera Guerra Mundial necesitaba un medio de subsistencia y el estado nacional les brindó esa posibilidad financiando la agricultura en la zona central del país, donde las altas temperaturas hacían muy difícil el trabajo de la tierra. Mediante un complejo sistema de riego, finalmente los militares reconvertidos en granjeros se las ingeniaron para sacar adelante el proyecto y lograron cultivar trigo. Todo parecía encaminado para el éxito, pero en el horizonte se divisaba a un plumífero enemigo.

De cabeza y pico pequeño, cuerpo robusto y voluminoso y una altura aproximada de dos metros, el emú es una de las aves de mayor tamaño que existen. Pese a que no vuela, compensa esa carencia siendo muy veloz y puede llegar a correr hasta 50 kilómetros por hora. El problema entre los pajarracos y los australianos comenzó cuando los primeros descubrieron en una de sus migraciones anuales que las plantaciones podían ser una buena fuente de alimento. Inmediatamente, los granjeros pidieron la intervención estatal y el gobierno federal no tuvo mejor idea que mandar a un batallón del ejército armado con dos ametralladoras Lewis montadas en dos camiones y 10,000 cartuchos. Lejos de ser una matanza, las aves tuvieron la inteligencia de dividirse en pequeños grupos, los cuales tenían un “líder” que indicaba a sus compañeras cuando correr en manada y cuando dispersarse. Al final, solo 900 pajarracos fueron abatidos. Para colmo de males, el gobierno había enviado periodistas a cubrir la batalla como una manera de dar a conocer los proyectos de agricultura en el extranjero y así impulsar la inmigración europea, pero lo que finalmente lograron fue que su bochornosa guerra contra las guerrillas plumíferas los transforme en el hazmerreir del  mundo entero.

Ahora bien, la clasificación de los Socceroos a octavos de final de la Copa del Mundo Qatar 2022 puede enmarcarse dentro de esos hechos que solo suceden en Australia y no tienen explicación alguna. En un escenario lógico, Dinamarca tendría que haber sido la selección que acompañe a Francia en la próxima instancia de la Copa, no solo por historia sino también por la calidad individual de sus jugadores, algunos de los cuales militan en equipos top de Europa como el Manchester United (Christian Eriksen), Milan (Simon Kjær) o Sevilla (Kasper Dolberg). Para Australia en cambio, tener futbolistas en clubes de elite es algo del pasado. Muy atrás en el tiempo quedó la época de Alemania 2006, en donde la mitad de su plantel jugaba en la Premier League y el resto se repartían entre equipos de la primera división de España, Italia, Suecia y Suiza. De hecho, en esa ocasión solo tres jugadores de la A-league fueron convocados por el entrenador holandés Guus Hiddink. Hoy en cambio, los futbolistas del ámbito local son mayoría mientras que los que militan en el extranjero lo hacen en clubes del ascenso o bien en ligas de menor calibre como la danesa o incluso la segunda división de Japón. 

Para colmo, el entrenador Graham Arnold llegó a la cita mundialista siendo muy cuestionado por los hinchas y la prensa local. El seleccionado aussie no tuvo un buen final de Eliminatorias y terminó tercero en su grupo detrás de Arabia Saudita y una errática selección de Japón. De hecho, en los últimos tres partidos, los Socceroos regalaron puntos contra la inferior Omán, perdieron de local contra los nipones y fueron derrotados por los árabes, por lo que se vieron obligados a definir mano a mano con Emiratos Árabes Unidos –el tercer clasificado de la otra zona- que seleccionado representaría a la AFC en el repechaje ante Conmebol.

El triunfo frente a Emiratos fue solo el preludio de una llave mucho más difícil contra un seleccionado de Perú. Aunque el conjunto incaico era para todos el claro favorito –se había impuesto 2 a 0 en el último enfrentamiento entre ambas selecciones, ocurrido en la Copa del Mundo Rusia 2018– los Socceroos llegaron con vida a la tanda de penales y, en una jugada sacada del manual de Louis van Gaal, Arnold le permitió al portero suplente Andrew Redmayne tener sus quince minutos de fama al meterlo exclusivamente para la definición desde los 12 pasos. Así y todo, aun cuando los Socceroos consiguieron la clasificación a su quinto Mundial de manera consecutiva, los cuestionamientos hacia la figura del DT siguieron estando presentes hasta incluso bien entrada la Copa del Mundo.

Totalmente enamorados del estilo ofensivo impuesto por Hiddink en 2006, para un sector importante de la prensa y los fanáticos, el fútbol conservador de Arnold parece poco menos que un insulto. Poco importan los pergaminos previos del entrenador en la A-league, que incluyen títulos con el modesto Central Coast Mariners y el todopoderoso Sydney FC. Incluso hubo algunos que desearon en voz alta que Australia no clasifique a Qatar 2022 así se aceleraba su despido y se podía empezar un nuevo proyecto desde cero (cualquier similitud con lo sucedido con la selección argentina y Lionel Scaloni es pura coincidencia). Entre sus defensores más acérrimos –que hasta hace unas horas no sobraban- se encuentra su amigo, ex – compañero y actual comentarista Robbie Slater, quien no ha dudado en pelearse públicamente con antiguos colegas como Mark Bosnich y Craig Foster. En las últimas horas, el “Colorado” Slater no se contuvo y atacó sin piedad a ambos por como cambiaron su opinión con respecto a Arnold en solo unos días: “Me dio asco ver a gente en la TV esta mañana que durante la parte final de las eliminatorias trató que despidan a Arnold y ahora dicen que fue una sabia decisión mantenerlo en el cargo”.   

Como decía el General Perón, la única verdad es la realidad y el entrenador de Australia hoy tiene sobrados motivos para mirar a todos desde arriba. Primero y principal, consiguió acceder a la siguiente ronda de una Copa del Mundo, algo que solo había sido conseguido en 2006 con la denominada “Generación Dorada” de Viduka, Kewell y Cahill entre otros. Además, firma la mejor campaña mundialista de la historia de la selección aussie al ganar dos partidos de tres disputados. Y lo que es mejor, lo hace con un equipo que, al menos en lo que refiere a calidad individual, es muy inferior a aquel que perdió injustamente frente a Italia. Si los Socceroos hoy están en Octavos de Final es en gran parte porque Arnie supo explotar las virtudes y esconder los (varios) defectos de este plantel. Como los emús aquella vez en 1932, contra todo pronóstico Graham Arnold se salió con la suya.

Juan Manuel D’Angelo
Twitter: @futboltrotters

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