Hoy se cumplen 7 años de la muerte de David Bowie. El músico tocó dos veces en Argentina, una en River Plate y la otra en Ferro. Crónica futbolera de los dos recitales de Bowie en Buenos Aires durante la década del 90. Escribe Juan Stanisci.

Los tablones estaban acostumbrados a escuchar ovaciones. También los pastos, aunque esa noche estuvieran cubiertos por un pedazo de plástico. En los últimos años ya no eran tan frecuentes pero en las épocas doradas, no tanto tiempo atrás, viajaban de una punta a la otra del estadio. Estaban acostumbrados, los pastos y los tablones, a escuchar gritos para el Beto Márcico. También para Carlos Timoteo Griguol. O para Oscar Garré. Y como olvidarse del paraguayo Cañete. Sí, estaban acostumbrados a escuchar ovaciones. Pero esa noche los sorprendió un nombre que nunca había sido coreado. No sabían si se trataba de un apellido o de un apodo. A las 23:15 del viernes siete de noviembre de 1997 escucharon por primera vez una multitud gritando: “Bowie / Bowie / Bowie / Bowie”. Los tablones ya habían visto ovaciones al sudafricano Theophilus “Doctor” Khumalo, así que intentaron tomarlo con naturalidad. Los pastos, cubiertos por el pedazo de plástico, no entendieron nada.

Era la segunda vez que tocaba en Argentina. La primera había sido siete años antes en el Monumental. En muchos artistas, más aun cuando tienen casi tres décadas de trayectoria como tenía Bowie en ese momento, siete años entre un recital y otro, puede implicar ver más o menos el mismo show. En el caso de alguien como Bowie, que hizo del cambio una constante, significaba ver dos conciertos absolutamente distintos. Inclusive, ninguno de sus músicos estuvo en los dos recitales.

Sonidos y visiones sobre el Río de la Plata

La primera entrada para ver a David Bowie en nuestro país se pagó en australes. Faltaba un año para la Ley de Convertibilidad. La inflación durante ese año, 1990, fue de 1343,9% (No tiene ninguna coma mal puesta). Nada de esto impidió que el Estadio Monumental estuviera lleno para el Derby Rock Festival ese 29 de septiembre. La tapa del diario Clarín al día siguiente graficaba el momento de manera perfecta: el primer encabezado decía “Menem: Telefónica de España se hará cargo de Entel”; el segundo “Privatizarán la distribución de electricidad”; y en un recuadro casi central “50.000 personas en el recital de Bowie”.

Bowie estaba saliendo de su propia década de 1980. Había ingresado con un disco pop (Let’s Dance) que lo hizo conocido a nivel mundial y un mensaje parecido a “me canse de estar cambiando todo el tiempo”. Pero luego de varias giras mundiales y dos discos más (los insulsos Tonight y Never let me down) volvió a la inquietud y la búsqueda. Como si tuviera que enterrar su yo hitero armó por primera vez una gira que no implicaba presentar un disco. La gira Sound + Vision prometía, además de una catarata de éxitos, ser la despedida de esas canciones. Nunca más serían tocadas en vivo.

Argentina, el país más austral de la tierra, fue la última parada de la gira. Antes pasó por Brasil. Hasta ahí viajó Antonio Gasalla para entrevistarlo. El humorista estaba en su pico de popularidad, por lo que tuvo el privilegio de ser el único periodista televisivo en reportearlo. La entrevista fue un desastre. “¿Vos crees que este tipo de entrevistas te ayuda a vender tickets?”, le preguntó Bowie a Daniel Grinbank, el productor del recital en argentina, al finalizar. “A los que estábamos ahí nos dio vergüenza ajena, fue un bochorno, un papelón, recuerdo lo incómodo que estábamos todos porque Bowie no era muy proclive a muchas notas y cuando vio que Gasalla no sabía nada de su discografía ni de su vida artística, huyó”, le contó Grinbank a Perfil hace algunos años.

El recital reflejó su etapa musical. Una banda de sesión, con poca identidad propia donde solo destacaba el guitarrista Adrian Belew. Entre el sonido de los músicos y la lista de temas, el tono del show fue un tanto burocrático. A eso se le sumaba el cansancio por el ser el último de la gira. La emotividad pasaba por ver a Bowie por primera vez. Décadas después, muchas de las personas que asistieron esa noche recuerdan que fueron a ver a Bowie pero salieron maravillados con el show anterior, el del canadiense Bryan Adams.

Gran parte del repertorio fue cajoneado por más de una década. En muchos casos fue en su última gira, Reality Tour en 2004, donde volvieron a sonar en vivo. Bowie no volvería a salir de gira hasta cinco años después. En el medio se casó con Iman, quien sería su compañera hasta su muerte en 2016.

El Duque de la Recoleta

Hacía calor ese mediodía en la capilla del Centro Cultural Recoleta. En el corazón de Plaza Francia, al lado del célebre cementerio, un centenar de personas esperaba por su aparición. La promesa era un show acústico o, como se decía en la época, unplugged. Al menos así lo había prometido Mario Pergolini en su programa ¿Cuál es? Emitido por la radio Rock and Pop, y conducido por el hoy dueño de Vorterix, era uno de los más escuchados de la época. Pergolini tenía la exclusividad de ese show porque Bowie venía a tocar en el Festival Rock and Pop.

El recital en la capilla fue un tentempié. Tres temas que mostraron que Bowie no era el mismo de siete años atrás. Nada de hits. Entre canción y canción respondía las preguntas de las personas que habían asistido. Habló de sus influencias musicales y literarias. Citó músicos y escritores. Se lo notó de buen humor. No solo ese mediodía, también lo estuvo cuando, durante la entrevista que le dio a Roberto Pettinatto, se prestó para un pequeño sketch donde el ex saxofonista de Sumo le preguntaba sobre el verdadero autor de La Balsa.

Antes de tocar en Ferro Bowie dio una entrevista más, probablemente la más profunda y reflexiva en nuestro país. Eduardo Fabregat habló por teléfono con él cuando todavía estaba en Chile. “Creo que la gente va a poder advertir que las canciones viejas funcionan perfectamente en el contexto del nuevo material. Hay una especie de continuidad que viene del pasado y se entronca con el presente. Cuando se escucha “Scary monsters” en el medio de dos canciones nuevas, se llega a la extraña conclusión de que podrían haber sido escritas todas en la misma época”, le contó a Fabregat. La propuesta era completamente diferente a la de la vez anterior. “Creo que les va a gustar lo que hacemos ahora, porque la lista no está orientada a los hits”, el Bowie modelo Earthling –el disco que presentaba en esa gira- renegaba de los hits y, si los tocaba, antes se encargaba de despedazarlos.

Earthing Oeste

A diferencia de River u otros lugares donde se dan recitales habitualmente, Ferro está metido en el paisaje porteño. Es imposible no imaginar el traqueteo del Sarmiento cada dos o tres canciones, los vecinos de los edificios de la Avenida Avellaneda tomando mate en el balcón mientras escuchan el recital o el cruce entre quienes iban a ver el concierto y quienes practicaban los deportes que Ferro ofrecía en esos tiempos.

El escenario se armó sobre la Avenida Avellaneda, de esa manera el estadio se utilizó a lo ancho y no a lo largo, como es habitual. A las 23:15, luego de Molotov, Bush y No Doubt, el rock industrial explotó en el barrio de Caballito. Primero sonaron los acordes y luego se fueron encendiendo las luces. Vestido con una suerte overol blanco, en un escenario casi pelado a excepción de unos grandes ojos en forma de pelota, Bowie salió al escenario. El primer tema, aun sin él tener la más mínima idea, resulta significativo para el momento argentino. Tiempos de neoliberalismo, ajuste, FMI, globalización y privatizaciones. La canción que abrió el recital fue: I’m afraid of americans (le tengo miedo a los americanos –en referencia a los estadounidenses). En el estribillo dice: I’m afraid of americans / I’m afraid of the world / I’m afraid, I can’t help it (Tengo miedo de los americanos / tengo miedo del mundo / tengo miedo no puedo evitarlo). 

La propuesta fue totalmente diferente a la de siete años antes. Una banda que iba al frente e incomodaba a quien no estuviera acostumbrado al “rock industrial”, ese que Bowie había mamado de Nine Inch Nails. Mientras el recital en River buscaba la comodidad de los fanáticos a través de los éxitos y una banda cumplidora, este venía a mostrar que las búsquedas artísticas, estéticas y sonoras de Bowie estaban intactas. Con la gran Gail Ann Dorsey en bajo y coros, Reeves Gabrels en guitarra, Zachary Aford en batería y el mítico Mike Garson –el único sobreviviente de la época de Ziggy Stardust- en teclados, la banda era una aplanadora. Lamentablemente los registros que quedan no suenan a la altura de lo que fue aquella noche.

El eje del repertorio fueron sus dos últimos discos: Outside y Earthling, con algún que otro clásico tocado con el nuevo sonido de la banda. El set original tuvo 16 canciones, casi la misma cantidad que el recital en River. La diferencia fue que en Ferro, Bowie sí volvió para hacer bises. Fueron siete canciones más, con dos covers de The Velvet Underground incluidos. Ahí sí pudieron escucharse temas clásicos como: The Jean Genie, Stay, Fame o All the Young dudes.

Tras una hora y cuarenta minutos, Bowie se despidió de Buenos Aires. Por segunda vez le tocaba cerrar una gira en Argentina. Sería su último recital en nuestro país. Siete años después, un problema cardíaco lo haría abandonar la gira Reality Tour para no volver a pisar un escenario.

De ese último recital en Ferro queda la ovación escuchada por los tablones y los pastos del estadio para ese inglés desconocido. Y el lento traqueteo del tren Sarmiento pasando a pocos metros del Duque Blanco.

Juan Stanisci
Twitter: @juanstanisci

Lástima a nadie, maestro necesita tu ayuda para seguir existiendo, suscribite acá por $500

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s