Como en la llegada a América del Norte y la escritura de novelas, los descendientes de vikingos fueron los primeros europeos en clasificar a octavos de final. Ya estábamos por ponerle de nombre “Copa Frantz Fanon”. Es cierto, todavía faltan Francia, Portugal, Inglaterra y España, pero el tercermundismo estaba pegando fuerte.

Siguiendo la ola antieuropea, Costa de Marfil jugó un buen partido contra Noruega. Fue el que buscó durante todo el partido, el que tuvo las chances más claras y el que mereció pasar. Están amarretes los muchachos europeos, hacen un gol y se meten atrás. Se ve que le están copiando las mañas al profe Alfaro. El tema es que sin tierra, potrero, hambre, devaluaciones, imperialismo, ganas de hacer feliz a tu pueblo y miedo por no defraudar a tu gente, la fórmula no funciona.

Noruega pasó porque además de orden tiene talento. Gol de Antonio Nusa, el pibito de 21 años fanático de Neymar. Lo empató Diallo con un golazo, amagando y enganchando por la derecha. Faltando cuatro minutos hizo el segundo Él. Haaland vino al mundial a hacer lo único que sabe: goles. Vamos a ver qué pasa a medida que avancen: Erling es conocido por no hacer goles en partidos decisivos. Odegaard, Haaland y Sorloth aportan el nombre para la cartelera. El gran elenco, los anónimos, son los que se ponen los remos y tiran para adelante. Antonio Musa hoy fue protagonista y defendió cuando su equipo se metió atrás. Lo suyo, igualmente, es otra cosa. “Me gusta generar caos”, se definió, como si fuera un villano o un niño en el parque.

Los noruegos parecieron sentir el peso de estar jugando un partido de eliminación directa. No fueron el equipo que pasó por arriba a Irak y a Senegal en fase de grupos. Más replegados, aguantando como vikingos de hace un milenio los vientos del Atlántico Norte. La tradición está ahí, en la sangre, en cada golpe de tambor seguido por un grito que parece venido de otro siglo. La historia de Noruega se hizo así: remando.

Juan Stanisci
Twitter: @juanstanisci

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