3:31 AM, madrugada de miércoles. Ben Shelton sacaba con ace. Concretando su triunfo en cuartos de final sobre Carlos Alcaraz, en cinco set y con match tie-break. Una batalla intensa, de principio a fin. Estos pibes jugaron con vehemencia de cierre desde el primer juego de cada set, hasta el ultimo. Cada punto revelaba intenciones, ideas, destrezas, exigencia física. Parecían deslizarse sobre el cemento azul, como en patines o skates futuristas sin ruedas.

Alcaraz (23 años, Nro. 3 ranking ATP) voleaba con ductilidad pegado a la red, abierto de piernas como elongando aductores. Shelton (23 años, Nro. 9) corría, defendía, atacaba y todo a la vez, sudando a mares su piel mestiza, pero con apariencia de poder jugar sin fatiga hasta que salga el nuevo sol.



El perfil ideológico del Estado de Nueva York defiende su diversidad frente a la política antiinmigratoria trumpista, pero no fue suficiente escudo para impedir el rayo estandarizador de indumentaria de los deportistas. Adidas, por favor, necesitamos que dejen de uniformar a los jugadores. La mitad de los tenistas que participaron en el torneo estaban vestidos con la misma remera, mismo pantalón, mismas medias, mismos colores.

Algo de ese rayo estandarizador también acciona sobre el golpe de revés de los tenistas. Al perder Stéfanos Tsitsipás (28 años, Nro. 53) en octavos, se despidió del torneo el ultimo revés a una mano. La tendencia de mayoría de jugadores con revés a dos manos, es una evidencia irrefutable. Durante casi un siglo y medio —desde Wimbledon 1877— hubo año por año algún semifinalista de Grand Slam que jugaba con revés a una mano. Con la eliminación del griego, se confirma que en 2026 la secuencia terminó. Una discusión que pugna entre nostalgias, estadísticas, resultados y bellezas.

Varias culturas milenarias colocan en estatus de éxito el hecho de perdurar en memorias y leyendas traspasando generaciones.

En términos de velocidad y quizá hasta de efectividad, las respuestas sobre la empuñadura del revés, se pueden medir desde las estadísticas. En términos de belleza, la discusión se pone más filosófica. Es menos directa esa medición, aunque dicen que sin belleza la vida se convierte en apenas supervivencia.

Dicen también que las memorias se asocian con los campeones, y los que no lo son, solo serán olvido. Combinando los factores, podemos decir que campeones hay muchos, pero los más perdurables en el recuerdo, son los que en su juego contienen cuestiones bellas. Es inmediato asociar el revés a una mano con Roger Federer. Es imposible no recordar el gol de Diego a los ingleses por toda la eternidad. Goles de campeones hay muchos. Pero es el contenido de belleza lo que le da distinción combatiendo la desmemoria. Awante el revés a una mano! Decía una remera que nunca vi.

El partido de Shelton–Alcaraz empezó a disputarse cerca de la medianoche de NY, porque a la tarde la cosa se había hecho muy larga, además de muy buena. Frances Tiafoe (28 años, Nro. 12) le ganó a Alex Michelsen (22 años, Nro. 46) también en cinco sets, también en match tie-break. Duelo de compatriotas locales.


El abrazo genuino de Tiafoe al joven Michelsen, cuando lo vio llorando por perder, fue tan genuino y conmovedor como lo habían sido las 4 horas y 38 minutos de partido. En esa diversidad de la gran metrópoli, el rubio cobrizo Michelsen y el negro Tiafoe, eludieron un poco al rayo estandarizador de colores.

Tiafoe, con su sonrisa blanca llena de dientes enormes, antes del partido le pidió a una periodista argentina de ESPN que, si él resultaba ganador, la entrevista post partido se la hiciera Juan Martín del Potro —flamante comentarista de la cadena— ídolo de su infancia. Por supuesto, compartieron carcajadas con Delpo —en esa entrevista del post— comentando su victoria. Del Potro debutaba oficialmente en su nuevo rol, con horas extras, en un larguísimo día con doble turno de cinco sets y súper tie-breaks.

Pasó la tarde que se hizo noche, y la noche madrugada. Ben Shelton, por local, pero además por generar simpatías personales en el público —por fin la atmósfera del imponente estadio Arthur Ashe tomó protagonismo—, hizo que por primera vez en el torneo Carlos Alcaraz se sienta visitante.  El estadounidense le ganó al español en un partido de alto nivel, transitado a puro riesgo, mostrando solidez y convicción, a velocidad siglo XXI. Carlitos perdió, y eso siempre duele, pero se fue con la grata comprobación de que su muñeca, después de una larga lesión, está óptima para largos duelos de máxima exigencia. 
Se seguirán cruzando entre winners y contraataques.

Segunda semana del torneo, la pelota parece pesar diferente. Cada punto adquiere otro valor. Hay menos partidos, más vértigo, menos energías, más duelos mentales, menos escrúpulos, más New York.

Fabián Spina
Instagram: @fabspina



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