Apache ¿De qué hablamos cuando hablamos de Tévez?

Es muy común escuchar críticas a Tévez de una buena parte de la clase media. Pero ¿De dónde vienen estas críticas? ¿Dónde nace ese distanciamiento para con alguien que hasta hacer poco era “El jugador del pueblo”? Carla Lorenzo se para y lo defiende. Como a quien le tocan un hermano o un amigo.

“¿Vio cómo lo quieren?

Como reconociéndole su condición de pueblo”

Marcelo Bielsa

¿Cómo vivís? Como vivís si a los dos minutos de estar vivo te toca pelear con la muerte. Y claro está que no lo elegiste, te pasó. La persona que debía cuidarte no lo hizo. Tu mamá en un descuido, te tiró agua hirviendo quemándote un 50% del cuerpo.

¿Cómo creces? ¿Cómo aprendes a elegir en quien confiar? Si cuando todo era malo las manos se abrieron y los cuidados aparecieron. ¿Cómo no elegís frente al frío, el hambre y los pies descalzos ser leal a quien te abrigó?

¿Y cómo no prenderse fuego? ¿Cómo no discutir hasta el cansancio defendiéndote?

Hablo de Carlos Tévez: el Apache, Carlitos. El que antes que nada, cuando pudo, le dio a su familia una vida mejor. Hablo de Carlos Tévez, amigo y socio de Mauricio Macri, eventual muñeco exótico de Susana Giménez. Hablo de Carlos Tévez, el que dijo que volvía para retirarse en Boca pero al año y medio tenía las valijas hechas para irse a China. Hablo de Carlitos que a pesar de todo siempre vuelve a encontrarse con La Bombonera.

Terminé de ver la serie de Carlos, como no soy crítica de cine solo digo que no me gustó. Es Netflix y sabemos cómo eligen mostrar determinadas miserias. Sabemos lo espectacular que puede resultar exhibir a madres devastadas incapaces de contener a sus hijos, no por una situación socio económica que oprime a cualquier hogar argentino, sino que son ellas las mujeres culpables y “criadoras” de delincuentes que no pueden hacerle frente a la falopa, a las esquinas y mucho menos pueden actuar frente a una supuesta inoperancia en su rol como madres. Sabemos lo fantástico que puede ser actuar momentos de tiroteos usando un lenguaje pseudo “villero” dejando a la libre interpretación del espectador el desenlace en estas escenas de persecución y muerte que arrasan con culpables e inocentes. Escenas donde queda claro que la idea es mostrar que el pobre se enfrenta y se mata con el pobre. La policía nunca aparece, cosa rara…

Frente a todo esto vuelvo a pensar ¿cuánto es lo que puede generar un cuerpo? Cuanta basura puede generar el miedo al pobre. Que uno de “esos” logre vestir igual o mejor que yo, que un pobre pueda a ingresar a barrios cerrados con su propia llave. Que asqueroso es el miedo del rico. Asqueroso y gracioso.

Yo a Carlitos lo quiero. Y no lo quiero desde el 2015 cuando volvió a Boca, lo quiero desde que nació. Hace varios años atrás en Campo de la Ribera, barrio de Córdoba Capital, empezamos a soñar con mandarle a Tévez dos cosas: el libro de Eduardo Galeano “Las venas abiertas de América Latina” y una remera de mi “cara no es tu trabajo” campaña que lleva adelante una cooperativa textil como respuesta a los abusos policiales en la ciudad. Todo esto nació de escucharlo en una entrevista hablar de la desigualdad que el sentía y veía dentro de su círculo. Este es el Carlitos que defendemos y extrañamos.

La realidad es que es difícil escuchar sus opiniones pero frente a eso tengo las palabras de mi amigo Carlín: “La representación del pueblo croto, pobre, de abajo y villero en el fútbol. El más grande el Charli Tevez, sin dudas el sueño de todo pibe llegar a donde él llegó desde donde salió”. Y ahí es donde me tranquilizo y entiendo que los palos que recibe no nacen de los pibes y pibas que conocen mejor que yo esa realidad. Y no me refiero a la realidad de los tiros o a la de tener una sola comida al día. Me refiero a la realidad de la lealtad, honestidad y cuidado por quienes nos acompañan en momentos difíciles, los que nos tiran un centro o el que nos saca del pozo. Uno no elige, aparece, ayuda, se va y le agradecemos. Carlos Tévez nació en Ciudadela, en el barrio Ejército de Los Andes. Comenzó a jugar en las inferiores de All Boys, hasta que llegó Boca a su casa. En Boca terminó sus estudios y debutó en primera en el 2001. El que estaba acompañando y aconsejando a Tévez y a su familia en estos años era el entonces presidente del club, Mauricio Macri. Y otra vez, si lo primero que aprendiste es a ser fiel a quien te ayuda, como no vas a bancar a quien cuando apenas entraste a jugar te dio una casa para que vos y tu familia estén mejor. Como no vas agradecer y estar en las buenas y en las malas, aun sabiendo que lo logrado es porque sos bueno con la pelota.

“(…) informan sin saber lo que ocurre en nuestros barrios, porque ellos no podrían vivir ni dos años como vivimos los villeros. Aunque sean más inteligentes con la cabeza, por haber estudiado en las mejores escuelas, nosotros somos mucho más fuertes en nuestro interior y somos mejores del lado humano, que es lo importante. En ningún otro lugar existe tanta humanidad como en una villa” Acá Carlos Tévez, en una entrevista que le hicieron en La Garganta Poderosa, lo explica mejor que nadie.

Pude escuchar que Tévez representa mejor que nadie el concepto de “meritocracia”. Y me animo a invitarlos a que le pregunten a él que se siente ser un “meritócrata” y ahí descubrir que es de nuevo la clase media pegándole. No creo en los conceptos clasistas que giran alrededor de Carlos, entiendo que es un pibe que hace e hizo lo que pudo con lo que tiene. Y eso lo hace grande. Nacer y crecer con tanta muerte no lo hace cualquiera.

Yo sé que la figura de Carlos Tévez no se “corresponde” con lo que se milita, se discute, se politiza. Pero también sé que Carlos Tévez son todos mis amigos y sus forma de vida. Carlos Tévez es lo que aprendí en el barrio: lealtad y amor. Tenemos que estar bien pillos y darnos cuenta cómo operan determinados poderes, tenemos que darnos cuenta de las fortalezas y debilidades que nos rodean, tenemos que saber que soltarle la mano a un pibe esta mal.

Carlitos: vos no te preocupes yo te defiendo en la cancha, en una charla, en letras, en un papel.

Te quiero mucho.

Carla Lorenzo

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