Tomás. Una iniciación quemera

Un abuelo lleva de la mano a un niño en su primer partido en el Palacio Ducó. Los colores, el barrio, los símbolos, los ídolos y las lágrimas van entrando por los oídos y llegando al corazón por primera vez en la vida del pequeño Tomás, para quedarse ahí para siempre. Un cuento de Ariel Feller.

Vení. Acercate. Subí a la silla y mirá por la ventana. No tengas miedo que todavía tengo fuerza para sostenerte. ¿La estás viendo? ¿Qué te parece? Sí, muy grande, tan grande como su historia. Quería que la observes desde acá porque es mucho más imponente. Después la vas a ver desde adentro y la sensación va a ser otra. Noté que empezaste a dibujar autos y trenes, quizás en un tiempo sólo te interese dibujar globos aerostáticos y perderte entre sus líneas.


Bueno, bajemos que tu papá nos está esperando ansioso en la puerta del edificio.


Aprovechemos esta caminata para ir de la mano Tomás porque seguro a la salida vas a estar sobre los hombros de tu viejo queriendo tocar el cielo con las manos o algo parecido. ¿Ves la estatua de ese señor? Con esos guantes casi realiza una hazaña contra el mejor del mundo. Perdió pero se ganó el respeto de todos por su grandeza y su guapeza. Hoy quizás en la cancha escuches la canción que lo nombra. Mirá también las banderas que colgaron los vecinos en los balcones de los departamentos, los bares con sus banderines y sus cuadros, las camisetas blancas y las rojas también. Respirá profundo y permití que se te llene el alma del aroma de un barrio que es fútbol en cada esquina y en cada parque.


Todo esto que estás sintiendo de a poquito te dará la sensación de pertenencia. A cada lugar que vayas, al igual que estos camiones que salen de los depósitos y pasean esos globos fileteados en los espejos y paragolpes por todo el país, vas a ser parte de esta historia y de este barrio.


Ya estamos llegando a la esquina donde hay que doblar y seguro vas a sentir un cosquilleo en la panza al ver el Palacio y toda la gente caminando hacia allá. Te cuento que esas cosquillas las sentirás por siempre, te lo digo por experiencia. Quizás, de grande necesitarás contener la respiración para no llorar como lo estoy haciendo yo.


Cuando salgamos de la cancha, luego de fundirnos abrazados en un llanto interminable, en una unión del alma que trascienda la pelota, tomaré distancia para poder verte festejar junto a tu papá y nos encontraremos en las miradas nubladas.


Estoy seguro que será así Tomás. Estoy seguro porque hoy jugamos contra Velez, y como me contaron alguna vez, el destino se encarga de poner las cosas en su lugar y de devolvértela chanchita a tus pies algún día.

Ariel Feller

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