Los días más felices siempre fueron falcionistas

Cuatro años después Banfield y Falcioni se reencuentran ¿Quién dijo que las segundas partes no son buenas? Si la primera etapa fue linda, la segunda será una locura. Lucas Jiménez nos trae del campeonato en 2009 al abrazo con Diego.

La vida continuó tan rutinaria que dolía. 4 años después volvió Falcioni a Banfield con el equipo merodeando la promoción en marzo de 2009. El más cuestionado de aquel equipo era el 10 Walter Erviti. Venía de muchos años jugando en México y los aplausos por los tacos que tiraba las primeras fechas ya incomodaban con el equipo cerca de los puestos de descenso. Julio lo respaldó a lo Bilardo con Maradona antes del mundial 86. El equipo lo pensó con Walter + 10. El jugador más desequilibrante de aquel equipo era Nicolás Bertolo pero también de resoluciones individualistas. A mitad de año fue vendido y en su lugar Julio trajo a un carrilero clásico y cumplidor como Marcelo Quinteros.

Para el otro costado del mediocampo buscó toda la pretemporada un refuerzo que tardó en llegar por demoras en las negociaciones. El volante por izquierda buscado era Julio Marchant que cuando llegó tuvo que arrancar como suplente porque el goleador del equipo en los amistosos previos al torneo había sido un joven colombiano de 18 años llamado James y de apellido Rodríguez. “Falcioni es como un padre para mí, me formó y me hizo debutar en Banfield y es uno de los mejores técnicos que he tenido en mi carrera”, reconoció hace poco el volante del Real Madrid.

El Torneo Apertura 2009 arrancó con un triunfo contra River con goles de la dupla de ataque uruguaya: Silva y Papelito Fernández. El equipo tenía el ADN de Julio. Era ordenado, todos los jugadores pasaban la línea de la pelota, apostaba a hacerse fuerte abajo y a diferencia de otros equipos de Falcioni tenía mucha jerarquía arriba. Llegaba poco y convertía. Atacaba con pocos jugadores pero buenos, muy buenos.

Tras ganarle a Gimnasia en La Plata un día de semana por 1 a 0 por la fecha 11 venía una seguidilla de partidos decisiva para ver si el equipo podía pelear el torneo o se desplomaría ante rivales que estaban en busca de lo mismo. La caravana de ansiedad era Estudiantes como local, San Lorenzo de visitante, Vélez de local e Independiente de visitante. Los puso en fila a los competidores y les ganó a todos.

De cada partido quedó algo para el recuerdo. El gol de Erviti a Estudiantes reafirmando la teoría de que en el área siempre hay tiempo. El pase riquelmeano del mismo a Walter para la corrida y el derechazo de Papelito en el Nuevo Gasómetro y la tapada con las uñas del capitán Laucha Lucchetti a Menseguez al final del partido. Contra Vélez no pudo jugar Seba Fernández convocado a la selección uruguaya para jugar el repechaje para entrar en el mundial Sudáfrica 2010. El Rusito García hizo dupla de pelados con Silva y metió 2 goles, en una recibió una asistencia de taco del uruguayo. Contra Independiente el equipo arrancó perdiendo, lo empató con un gol insólito de Mareque en contra y lo ganó con un tanto de Silva que entró con suspenso.

Quedaban 4 fechas para que termine el torneo y ya se hacía difícil vivir sin pensar en que el primer título de la historia del club estaba ahí nomás. Pero el equipo perdió el invicto contra Racing de local y lo que vino fue un sufrimiento diario. Banderazo previo al partido contra Huracán. Victoria con lo justo en un partido jugado un viernes y vuelta a ser punteros porque Franco Jara metió un gol y un tomá y hacelo a Damián Pérez para que Arsenal le gane a Newell’s el domingo.

Llegó Tigre y el gol de cabeza de Víctor López que sería el del campeonato. La última fecha sería en la Bombonera un 13 de diciembre de 2009. El equipo era un manojo de nervios. Palermo lo aprovechó y Boca ganó 2 a 0. Pero de Rosario llegaban las noticias de los goles de Bordagaray para San Lorenzo que nos empujaban las lágrimas que estaban listas para entrar.

Los últimos minutos del partido nadie los vio ni los recuerda. En la popular visitante de Boca se lloraba o se lloraba. Terminó el partido y de abajo veíamos como nuestro técnico duro para las emociones nos ofrendaba la copa. Después vimos en las fotos que él también lloraba. Sería la primera vez que compartiríamos llanto pero no la última.

Jugamos otra Copa Libertadores, la del 2010. Quedamos afuera en octavos de final por gol de visitante contra el posterior campeón Inter de Porto Alegre del Cabezón Andrés D´alessandro. Fue 3-1 en Banfield y 0-2 en Brasil. Al finalizar el partido el enganche ex River y San Lorenzo antes de festejar cruzó toda la cancha a abrazar al Laucha Lucchetti primero y después fue a buscar a Falcioni para saludarlo. “Merecen respeto, es un equipo que ha crecido mucho en el último tiempo, y al profesor (por el DT) le tengo aprecio grande porque lo conozco de tomar café o una copa”, declaró Andrés a la transmisión televisiva del partido.

Julio se fue a Boca. Lo volvimos a ver 6 años después. Agarró un equipo que tenía poco. A la temporada siguiente lo acomodó para confeccionar otro elenco competitivo. Ya no jugaba 4-4-2, tras algunas derrotas y eliminaciones que le marcaron que algo no funcionaba, puso en el eje a los pibes Remedi-Cecchini, Erviti ya no estaba para correr en el medio y lo mandó de mediapunta apenas detrás del Tanque Silva. Por los costados puso ofensivos a hacer la banda. Nada de Andrizzi o Marcelo Quinteros. Los externos eran Sperdutti y Bertolo.

En enero el club estalló, deuda con los jugadores, se fueron mal Silva y Erviti. Volvieron a poner el pecho Renato Civelli y Darío Cvitanich. Con los hijos del club en casa Banfield recuperó salud y volvió a clasificar a la Copa Libertadores, jugaría el repechaje de la edición del 2018. En diciembre de 2017 antes del último partido del año Julio les avisó a los referentes que debía operarse por un nódulo en la laringe. A 8 años del título del apertura 2009 Julio estaba internado en terapia intensiva en el Hospital Italiano. Fin de año lo pudo pasar recuperándose en su casa.

A principios del 2018 su vida combinaba sesiones de quimioterapia y entrenamientos. “Querían que no fuera al club pero yo iba. Los médicos me veían por tele y decían “este está loco ¿como hace? Hasta hice algunos viajes con el equipo. Estaba hecho mierda pero quería estar ahí parado, delante de mis jugadores y mi cuerpo técnico”, contó en una entrevista con el diario Clarín este año.

Un primero de diciembre de 2018 el rumor en Banfield ya era muy fuerte. Falcioni no iba a seguir como técnico. Fue una noche del último mes del año con mucho frío, 15 grados hizo en pleno diciembre. Fue el diciembre más Julio de la historia. En el medio hubo un partido contra Argentinos Juniors que a nadie le importó. Ganó el Bicho 1 a 0 dirá la estadística. Todas las miradas estaban en el banco.

“Vení vení canta conmigo que un amigo vas a encontrar que de la mano de Julio César todos la vuelta vamos a dar”, fue el recibimiento inicial. Julio salió del banco y con sus manos gigantes de arquero las movió de lado a lado saludando. El recital de la gente siguió “Julio, Julio” y “Falcioni es de Banfield, de Banfield no se va”. La dureza en la cara de Julio se venció y empezaron a asomarle lágrimas en los ojos.

Terminó el partido. Julio se acercó a cada tribuna a agradecer. Cada segundo sonaba más fuerte el “Muchas gracias Falcioni, vos nos diste la copa, vos no diste alegría, lo que hiciste por Banfield no se olvida en la vida”. Pero hasta el último segundo Falcioni tuvo el chip del entrenador y se acercó a protestarle al árbitro Nicolás Lamolina por un gol mal anulado a Cvitanich que podría haber sido el empate. “Este habilitado o no quiero decirte unas palabras que nada que ver. Te felicito por lo que venís haciendo. Lo mejor para lo que viene”, le dijo el referí con voz y cara de profunda emoción.

“Fue un guerrero a lo largo de todo este año porque estuvo luchando con su enfermedad y nos demostró a nosotros ser ejemplo. Venir cuando ya no tiene casi voz y seguir y estar en el día a día. Cuando tenés una persona así enfrente no tenés más que admiración más allá del cariño especial que tengo por él”, lo despidió el capitán de Banfield de ese entonces Darío Cvitanich.

Julio César Falcioni dirigió con un megáfono para poder dar indicaciones. Dirigió con una gasa en el cuello. Dirigió. Nunca dejó de ser entrenador. Fines del 2018 lo encontró con la noticia de que el cáncer había quedado atrás, la última biopsia dio negativa. “Gracias a todos por el apoyo y la buena energía. Todo eso me ayudó en mi lucha para recuperarme”, escribió en su cuenta de Twitter.

En Banfield le ofrecieron ser manager pero él se sentía entrenador todavía. Volvió un 6 de septiembre de este año. Como en 2009 el equipo estaba al borde del descenso. Se realizó una conferencia de prensa en la cancha para su inicio de la cuarta etapa en el club. “Una emoción muy grande tener el cariño de la gente que es lo fundamental. Y volver de nuevo a esta institución en este momento que están las cosas un poquito más complicadas, más difíciles, es querer venir a luchar y venir a querer sacar el club adelante. Gracias a dios estamos bien de salud”, expresó ante el aplauso de la gente de fondo.

Se encontró con un plantel desbalanceado y afectado por la falta de resultados. El equipo no arrancaba y había que ir a jugar el clásico de visitante contra un Lanús puntero. Banfield ganó 1 a 0 con gol del pibe Julián Carranza que en el festejo del gol fue a saludar a Julio por bancarle los malos partidos. El arquero colombiano Arboleda lo ama, “es el puto amo” dijo hace poco tras otro partido que un equipo importante no podía contra el cerrojo defensivo de Julio.

El viernes pasado vino Maradona al Florencio Sola. Al finalizar el partido Julio le dijo al oído “esto te da vida, el fútbol te da vida”. La respuesta de Diego fue “claro, esto es lo que nos da vida”. En la conferencia de prensa post partido Julio siguió en la misma línea emotiva: “a él y a mí, el fútbol nos ayudó en momentos muy difíciles”.

El 13 de diciembre de 2019 a 10 años del único título profesional en la historia del club Falcioni seguirá ahí en el banco de suplentes de Banfield ejerciendo su rol de entrenador. Pasaron jugadores, dirigentes e integrantes de su cuerpo técnico. Pasaron 10 años. Lo que le da vida a él nos llena los días a los y las hinchas de Banfield. Es fútbol, un deporte atravesado por las emociones y vivencias. Es la manera de ser feliz que encontramos y los días más felices siempre fueron falcionistas.

Lucas Jiménez

Un comentario en “Los días más felices siempre fueron falcionistas

  1. Muy buena la nota, como unico detalle a remarcar es que en el 3-0 a velez ene el 2009 el q no jugo fue papelito. Silva hizo dupla con garcia. Es mas silva lo asiste de taco en uno de los goles. Abrazo y aguante banfield

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