Hubo un tiempo que fue hermoso

El 23 de enero de 1939 aparecía muerto Matthias Sindelar, el futbolista más importante de la historia de Austria. Figura del Wunderteam y símbolo de una Viena que derrochaba arte hasta la invasión nazi y la anexión a la Alemania de Adolf Hitler.

“Lo que había sido demostrado en la práctica por los uruguayos y los argentinos fue explicado por un sector -en gran parte de origen judío- de la burguesía austríaca y húngara. La manera moderna de entender y discutir el fútbol fue inventada en los cafés vieneses.”

Jonathan Wilson-La Pirámide invertida. Historia de la táctica en el fútbol

Los cafés, como un lugar a donde ir a hablar con otras personas (conocidas o desconocidas), nacieron en Europa a principios del siglo XVIII. Los primeros fueron los coffehouses ingleses que aparecieron como extensiones de lugares donde la gente iba a hacer trámites.

“El café francés del Antiguo Régimen tomó su nombre de la coffehouse inglesa y funcionaba de manera muy similar: los extraños discutían en él, murmuraban y se informaban con total libertad. En los años anteriores a la Revolución, a menudo surgieron grupos políticos de estos encuentros de café”, precisa el sociólogo estadounidense Richard Sennett en su libro “Carne y piedra”.

En un principio en un mismo café convivían distintas expresiones políticas pero luego de la Revolución Francesa cada grupo tenía su café de reunión. Previo a la revolución, la policía averiguaba donde se juntaban determinado grupo político y se infiltraba en el café para escuchar de qué hablaban.

Sin embargo la idea de los cafés del Palais-Royal de París de colocar mesas en la calle le quitaría la impronta colectiva de sus inicios ya que la gente pasó más a mirar el paisaje de otra gente caminando que a conversar con personas sueltas en la barra. “En 1891 la policía desmanteló el departamento dedicado a la vigilancia de los cafés. Este ámbito público de individuos ya no formaba parte del terreno político”, cuenta Sennett.

Pero no ocurría esto en Europa Central, en las grandes ciudades del por entonces Imperio Austrohúngaro como Viena, Budapest y Praga. Los cafés fundían géneros y clases sociales y eran el lugar de reunión de lxs bohemixs. El café servía de correo, lavandería, se jugaba a las cartas y al ajedrez. Por sus mesas flotaban las discusiones políticas y los distintos temas de actualidad. En 1920 entre la literatura y el teatro se coló el fútbol. Como ocurría en París con los grupos políticos, en Viena cada equipo de fútbol tenía su café donde coincidían los jugadores, hinchas, dirigentes con lxs artistas.

En esa ciudad deseosa de debatir sobre el juego, café de por medio, apareció el Wunderteam (Equipo Maravilla). Tras la derrota del Imperio en la Primera Guerra Mundial y su disolución quedaron como estados separados: Austria, Hungría y Checoslovaquia, que formaron la Escuela de Danubio, por el río que unía a los países.

Esta nueva manera de entender el fútbol apuntaba a combinar estética con precisión. Eso hizo que los intelectuales se interesaran por el fútbol. Mientras en Inglaterra el fútbol era tema de discusión de la clase trabajadora en los pubs, en Europa central, si bien también era abrazado por las clases bajas, representaba una grata novedad para los habitúes de los cafés urbanos.

Austria era dirigida por Hugo Meisl y de a poco el juego vistoso de pelota al piso fue acompañado por algunos triunfos importantes ante Hungría e Italia en la Copa Dr. Gero, un torneo que reunía a los países nombrados más Checoslovaquia y Suiza. El mismo Meisl había ideado el torneo en 1926 y  también fue uno de los fundadores de la Asociación Austríaca de Fútbol a principios del siglo XX.

El equipo ganaba y gustaba pero se le realizaba una crítica muy concreta. Los café vieneses tenían un jugador que habían elegido como propio: Matthias Sindelar. Por ser extremadamente flaco lo apodaban “El Hombre de Papel” en las calles de Favoriten, el barrio obrero que lo vio tirar sus primeros lujos. A los 15 años lo fichó el Hertha Viena y luego de cautivar por su manera fina y mágica de jugar se lo llevó el Austria Viena.

La comunidad artística de Viena tomó a Sindelar como un par, de hecho lo llamaban El Mozart del Fútbol. “Poseía un increíble repertorio de ideas y variaciones, tantas que uno nunca podía estar seguro de qué jugada iba a utilizar. No tenía sistema ni un patrón de juego. Simplemente, tenía… genio”, escribió en 1978 Friedrich Tolberg, uno de los escritores más reconocidos de los cafés vieneses.

Sindelar jugaba de 9 pero no se ubicaba en el área sino que salía para asociarse con los compañeros y llegar tocando. El periodista argentino que escribió el libro “Matthias Sindelar. Una historia de fútbol, nazismo y misterios” cuenta que en su viaje para recopilar información mucha gente se lo definió como el Messi de los años 30.

El entrenador de Austria solo había convocado a Sindelar una vez en 1926 en un partido contra Checoslovaquia donde le marcó un gol a su país de origen ya que nació en la localidad checa de Kozlov. Meisl creía que el centrodelantero debía ser grandote y de buen físico. Recién en 1931 cuando el delantero tenía 28 años llegó la segunda citación a la selección. El 16 de mayo de ese año anotó 2 goles en un 5 a 0 contra Escocia y no salió más. La torta del Wunderteam ya tenía su frutilla en el medio del ataque.

“De alguna manera, tenía cerebros en las piernas. El tiro al arco de Sindelar golpeaba el fondo de la red como el remate de un cuento, la frase final que hace posible entender y apreciar la perfecta composición del relato, cuya coronación viene a representar”, lo elogiaba el escritor austríaco Alfred Polgar, uno de los intelectuales más importantes de los café vienenes. Cuando apareció Sindelar el crítico de teatro quedó deslumbrado y se sentía representado por él. “Juega al fútbol tal como un gran maestro juega al ajedrez: con una concepción mental amplia, calculando las jugadas y las contrajugadas con anticipación, eligiendo siempre la más promisoria de todas las posibilidades”, escribió en su obituario.

Austria con Sindelar ganó la Copa Dr. Gero de 1931-32 y los cafés explotaban de orgullo por su jugador favorito.  Ese fue quizás el pico de rendimiento del Wunderteam que seguía siendo un equipo considerable cuando llegó al mundial de Italia 1934 con solo 3 partidos perdidos en los últimos 3 años. Si bien le faltaba su arquero titular Rodolphe Hiden, Austria era el gran candidato al título, junto al local dirigido por Vittorio Pozzo y reforzado por 4 argentinos nacionalizados fugazmente para el mundial.

Austria e Italia se enfrentaron en semifinales luego de dejar en el camino a Hungría y España, respectivamente. Pozzo era lo opuesto a Meisl, fue de los primeros en aplicar la marca hombre a hombre y prestaba atención en anular el juego del rival. Arriba confiaba en la jerarquía de su delantero estrella Giuseppe Meazza.

La semifinal tan esperada fue un bodrio. El argentino Monti le hizo marca personal a Sindelar y Austria no pateó al arco en todo el primer tiempo. Italia con poco se puso en ventaja. El arquero reemplazante de Hiden, Peter Platzer, dejó un rebote que fue aprovechado por el argentino Guaita. El segundo tiempo siguieron las patadas, hubo goles anulados a Austria y polémicas que no modificaron el resultado. Italia ganó el mundial del 34 tras vencer a Checoslovaquia en la final con Benito Mussolini en la tribuna y su entrenador Pozzo cantando con sus jugadores “La Leggenda del Piave”, la canción patriótica nacionalista que recuerda el triunfo de Italia en la Batalla del Piave contra el Imperio Austro-Húngaro en la Primera Guerra Mundial.

Sindelar no pudo jugar el partido por el tercer y cuarto puesto por los golpes recibidos en las semifinales y tampoco disputó los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936 donde Italia le ganó la final a Austria por 2 a 1 en tiempo suplementario. Las lesiones empezaron a dificultar la carrera del Hombre de Papel.

En los café vieneses el fútbol empezó a quedar a un lado de la mano de las ausencias de su jugador. El agitado debate político formaba parte de los primeros años de la proclamación de la República de Austria Pero la situación cada año se ponía más espesa. En Alemania el Partido Nacionalsocialista de Adolf Hitler quería que su Austria natal se anexionara a Alemania. Y lo quería lograr por la vía democrática tras imponerse en las elecciones alemanas de 1933. Pero en Austria el canciller Engelbert Dollfuss disolvió el parlamento austríaco e instauró una dictadura de derecha, nacionalista y antialemana. Los partidos de izquierda fueron prohibidos por rebelarse.

Parte de la población austríaca estaba a favor de la unión de su país a Alemania y esto le daba legitimidad a la invasión que promovía Hitler. Hasta que en 1934 diez agentes nazis tirotearon la cancillería, mataron al dictador Dollfuss y promovieron un golpe de estado que tendría que esperar un poco más. Hubo unos 4 años de transición con un gobierno autoritario austríaco que tras una reunión con Hitler  en febrero de 1938 liberó a los presos nazis que había en Austria.

La noche del 11 de marzo las tropas alemanas invadieron, el gobierno austríaco renunció y parte de la población le dio la bienvenida en las calles a los invasores nazis.  Entonces comenzó la campaña para el referéndum que avale la anexión de Austria a Alemania que ya era un hecho.  “¿Estás de acuerdo con la reunificación de Austria con el Imperio Alemán efectuada el 13 de marzo de 1938 y votas en favor de la lista de nuestro Führer Adolf Hitler?”, decía la boleta que tenía un círculo mayor para el Sí y uno pequeño para el No.

Faltaban 3 meses para el mundial de Francia 1938 y el régimen nazi lo sabía. “Ganar un partido era más importante para la gente que invadir una ciudad del este de Europa”, escribió en su diario Joseph Goebbels, Ministro de Propaganda nazi. Alemania había llegado a las semifinales del mundial de 1934 pero se dieron un golpazo en los Juegos Olímpicos del 36 que organizaron tras caer ante Noruega en cuartos de final en el único partido de fútbol al que concurrió Hitler en su vida.

Por eso Alemania necesitaba de Austria para tener alguna chance en el mundial que se avecinaba. El 3 de abril de 1938 se organizó el Partido de la Reconciliación entre la nueva provincia del Tercer Reich Ostmark y Alemania. Sindelar no venía estando en la selección pero ese día quiso volver para jugar su último partido internacional en la despedida de Austria. 60 mil personas llenaron el Estadio Prater de Viena. Austria no jugó con su indumentaria habitual de camiseta blanca y pantalón negro sino con camiseta roja y pantalón blanco en homenaje a la bandera del país independiente que había dejado de existir.

Hay muchos mitos con respecto a ese encuentro. Lo concreto es que el primer tiempo Sindelar se perdió varias chances de gol y quedó la sensación que no quería convertir. De ahí nace la versión periodística de que lo hacía a propósito por las supuestas órdenes de los jerarcas nazis que estaban en la tribuna. Esto no le importó porque el segundo tiempo anotó el primer gol del 2 a 0 para el delirio de los austríacos presentes.

En algún video se lo ve festejando el tanto, de ahí a bailar frente al palco de los líderes nazis como cuenta la leyenda hay un paso grande. “Hitler no estaba en la cancha ese día. Él estuvo en Graz, una de las grandes provincias que tiene Austria, haciendo un discurso propagandístico para el plebiscito que se iba a celebrar un mes después para legitimar la anexión de cara al pueblo austríaco. Por otra parte en los diarios de la época no se menciona la supuesta danza burlona de Sindelar en el gol. Mi conclusión es que eso no existió y que forma parte de un mito”, contó Camilo Francka en el programa de radio La Zurda Mágica. Su libro editado en Argentina en 2016 es el primer trabajo biográfico sobre Sindelar y fue traducido al alemán en 2018.

Lo que sí es cierto es que Sindelar se negó a jugar para la Alemania a la que venció las 3 veces que la enfrentó y le anotó 4 goles. Su entrenador Josef Herberger escribió en un documento que quedó guardado en la Federación Alemana sobre las reuniones que tuvo con él para convencerlo. “Me fue ganando la impresión de que el rechazo tenía otras razones, cierto malestar en relación a los acontecimientos políticos que lo oprimían, y eso motivó su rechazo.”. Alemania fue al mundial de Francia con un tercio de jugadores austríacos que no alcanzaron para mucho porque fue eliminada en primera ronda.

Después del mundial Sindelar no solo siguió jugando al fútbol en el Austria Viena, equipo del que es el segundo máximo anotador de su historia, sino que compró una casa de café arianizada aprovechándose de una ley flamante. Los nazis les expropiaban las propiedades a los judíos y las vendían a precios extremadamente bajos. El propietario judío del café Annahof, Leopold Drill, no recibió nada de dinero y fue deportado al campo de concentración de Theresienstadt, donde murió en 1943. Esto mostraba que el futbolista no formaba parte para nada de la resistencia nazi aunque en un momento el bar fue clausurado por negarse a poner afiches nazis. Sindelar se mantenía en el medio, se paseaba con su ex compañero de la selección Johann Mock, que era abiertamente nacionalsocialista, por las calles plagadas de esvásticas, pero también sabía que su club el Austria Viena era el equipo de la burguesía judía.

El 23 de enero de 1939 a los 35 años El Mozart del Fútbol fue encontrado muerto en su casa producto de la ingesta de monóxido de carbono que largaba un calefactor en mal estado. Había versiones de todos los colores. Que lo mataron por judío aunque era católico, que se suicidó o que fue un accidente. La investigación se cerró en dos días. Según cuenta un amigo suyo en un documental de la BBC el apuro por cerrar la causa como un accidente fue para que recibiera un funeral estatal al que acudieron 15 mil personas. “El velorio fue realmente conmovedor. Tuvo un alcance impresionante para esa época. Sindelar era una figura muy popular, muy importante no solo a nivel deportivo sino también cultural. Hay fotos de la multitud que fue al cementerio central de Viena. Estoy seguro de que debe haber sido uno de los días más tristes en la historia de Austria”, cuenta el periodista argentino Francka.

En 2004 el Consejo Municipal de Cultura y Ciencia de Viena creó una comisión para determinar si las tumbas de honor asignadas durante los años del nazismo en Austria debían ser revocadas o no. Se revolvió mantener “la dedicación de honor para Matthias Sindelar” y se aclaró que el “homenaje no fue por su contribución al NSDAP”.

Fue nombrado en el 2000 como el mejor deportista de Austria de todos los tiempos por la Federación de Historia y Estadística del Fútbol y en su casa una plaqueta lo recuerda como “el rey del fútbol vienés, llamado ‘el hombre de papel’. Fue durante muchos años el corazón y la cabeza tanto del Austria de Viena, así como del Wunderteam”.

Si bien las pistas que confirman que murió de forma accidentada son notorias, la comunidad artística de Viena tomó la muerte de Sindelar como un símbolo que marcaba un clima de época. El periodista Alfred Polgar lo despidió con estas palabras: “El buen Sindelar siguió a la ciudad, de la que era hijo dilecto, hacia la muerte. Estaba tan inextricablemente ligado a ella que tenía que morir con ella. Porque jugar al fútbol en esta Viena oprimida, quebrada y torturada significaba engañar a Viena con un espectro repulsivo de sí misma. ¿Pero cómo podría uno jugar al fútbol de esa manera? ¿Y cómo podría vivir, cuando la vida de uno sin el fútbol no es nada?”

Lucas Jiménez

Bibliografía utilizada

Libros: La Pirámide invertida, Jonathan Wilson

Matthias Sindelar, Camilo Francka

Carne y piedra, Richard Sennett.

Links: https://www.panenka.org/tiempoextra/el-hombre-de-papel-futbol-y-fascismo/?fbclid=IwAR3dqeM8nSk6sJ5FMOASCoV_647THNK5TBZ3G9LlyNxdUTCaPf3Fid_X-VY

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