La pelota la tiene el Flaco

En el día del cumpleaños de Luís Alberto Spinetta, repasamos su vínculo con el fútbol. River, Platense, su primera guitarra, la bengala perdida, el capitán Beto, su relación con Boca y su equipo ideal. Escribe Juan Stanisci.

La pelota y la guitarra

Si te digo Aureliano Gomeza lo más seguro es que no lo junes. Ahora si te digo el Ñato Machín, ahí tenemos más chances. Tampoco es tan fácil la cosa, tenés que ser hincha de River y mayor de, por lo menos cuarenta para saber de lo que te estoy hablando.

Vos dirás ‘¿Y qué corno tiene que que ver todo esto con el Flaco?’, y tenés razón así que mejor me dejo de jugar para los costados y empiezo a buscar el arco.

Aureliano Gomeza, alias el Ñato Machín, estuvo en River entre el 20 y el 60. Fue arquero en inferiores, masajista, consejero y una larga fila de etcéteras. En la década del 50, a metros de su casa, más exactamente en Arribeños y Congreso, vivía un pibito flaquito y curioso. Luís Alberto se llamaba.

Machín lo llevaba a la cancha. Iban al vestuario, a las concentraciones y el día del partido Luis Alberto salía al field. De la mano de Machín conoció a Lousteau, Labruna, Carrizo, Rossi, Vairo, bah, a todas las glorias de aquella época. Pero el naciente amor de Luís Alberto por River no era excluyente. También acompañaba a su papá a ver a Platense. En su cabeza ya pasaban cosas raras y él creía que todos los partidos se jugaban a la vez en la misma cancha.

El Ñato Machín le presentó a la banda, pero no sé quedó ahí. Si bien en la casa de Luís Alberto la música era algo corriente, su abuelo era cantante de tango, la primera guitarra que tuvo aquel flaquito fue un regalo de Machín. Dos de los amores más importantes de la vida de Luís, fueron puertas abiertas por su vecino.

Un banderín de River Plate

En 1976 Argentina vivía sus tiempos más oscuros. La dictadura militar aceleraba y profundizaba las prácticas comenzadas por la triple A. En ese contexto, Spinetta había abandonado el rock pesado de Pescado Rabioso para meterse en una cosa rara que iba del progresivo al jazz y de ahí al tango y al rock, llamada Invisible.

Es en ese año cuando las canchas del fútbol argentino fueron un poco más tristes. Norberto el “Beto” Alonso se había ido a jugar a Francia, en una experiencia que duraría solo doce meses. Qué Spinetta no escribió El anillo del capitán Beto para el 10 de River es algo conocido. Lo que no se puede negar es que algo debe haber tenido que ver el banderín de River Plate, lo mucho que al Flaco le gustaba Alonso y la partida de este.

El 6 de diciembre de 1976 Invisible presentaba en el Luna Park El jardín de los presentes. Era la primera vez que esos temas sonaban en vivo. La banda dejaba atrás su etapa más progresiva para empezar a rumbear hacia canciones más jazzeras. El público venía respondiendo, en general, bien. Hasta que llegó la canción que abre el disco.

“El tema que vamos a hacer ahora es El anillo del Capitan Beto. El Capitán Beto es un colectivero, que va al espacio y allí, en el medio de la galaxia en la soledad más eterna empieza a extrañar aquello que dejó hace mucho tiempo, porque hace mucho tiempo que el Capitán Beto está viajando en el espacio.”

Cuando la canción llevaba dos minutos de comenzada vino la polémica. “la foto de carlitos, sobre el comando / y un banderín de River Plate”. A veces el fútbol une y a veces no. Se puede escuchar con claridad en el audio de aquella noche como gran parte del público abuchea y silba la mención del club de Núñez. Casi treinta segundos de la canción están perdidos detrás de los gritos, insultos y adjetivaciones como gallina (la más cariñosa). Conciliador como era, en otras presentaciones cantaría: “Y un banderín de Boca Juniors”. La madre de Spinetta era de Boca y, como dijo en una entrevista, “uno a la vieja le respeta cualquier cosa”.

Allí dónde se dice gol

En los ochenta las barras comenzaron a realizar ciertas prácticas que hoy en día las definen, al menos para quienes no formamos parte de ellas. Viajes a mundiales, apariciones en actos políticos, participación en las gananacias y, principalmente, violencia cada vez más cotidiana.

Una tarde en Córdoba, Spinetta se preparaba para tocar con Jade, su banda de aquellos tiempos. Quizás cansado de tanta habitación, salió a dar una vuelta por la ciudad. Se cruza con unos hinchas de Central que le dicen: “Flaco antes de morirte, tenés que hacer un tema de las Barras Bravas”. El Flaco los mira, están envueltos en una bandera azul y amarilla. Tal vez recordó aquella experiencia en el Luna Park y los abucheos. “Lo que pasa es que ustedes se pelean, rompen todo”, respondió Luís Alberto. Las palabras del hincha le tocaron el corazón: “Lo que pasa es que vos no entendes, Flaco, nosotros lo hacemos todo por los colores que amamos.” De ahí a, “por un color, solo por un color / no somos tan malos, todo va a estallar”, hay solamente un Spinetta de distancia.

La canción por supuesto apareció. Seguramente no fue lo que aquellos hinchas canallas esperaban. La bengala perdida se refería, a la manera spinetteana, a una tarde en la cancha de Boca, donde una bengala disparada por La Doce se fue a clavar en la garganta de Roberto Basile, hincha de Racing. Se fue a clavar, “allí donde se dice gol”. Más adelante en la canción lanza una mezcla entre acusación y desafío, que a todos los futboleros y futboleras, nos debería llevar a la reflexión: “de las tribunas se puede regresar, tan solo hace falta ser de masa gris.”

¿El flaco nos dice que no vayamos más a la cancha? ¿O nos cuestiona la forma en que vamos a la cancha? Son dos preguntas que nunca pude responder, pero que siempre vuelven cuando escucho esa canción.

Andróginos en la ribera

Seguimos en el final del alfonsinismo, es decir en el año 1988. A nivel cultural debe ser uno de los más importantes desde la vuelta a la democracia. En Mar del Plata Monzón asesina a Alicia Muñíz y Olmedo cae de un piso once. Federico Moura y Miguel Abuelo se unen a Luca Prodan (fallecido nueve días antes del comienzo del 88) en la eternidad. Alfonsín es abucheado en La Rural. La primavera alfonsinista ha llegado a su fin.

En ese contexto, Spinetta recibe en su estudio a Martín Caparrós y Jorge Dorio. La charla va de Alfonsín a Foucault pasando por la música y el amor. Caparrós, reconocido hincha de Boca, decide pincharlo para hablar de fútbol.

“Bueno pero viste que nacieron de la ribera ambos. Se dividieron cuál andrógino. Hay un gran respeto (…) actúan como el contrario para incitarse. Y yo creo que hay mucho Boca en River y mucho River en Boca, y por eso cuando es un Boca – River a uno se le produce en la cabeza el Boca – River”.

Después de la respuesta a Caparrós le levantaron el banderín.

El once ideal spinetteano

A Luís Alberto le gustaba el fútbol mucho más de lo que yo creía. En 1989 en una entrevista con El Gráfico, Daniel Rincoll le plantea al flaco si puede armar su once ideal. Fiel a su estilo, elije jugadores de Boca y de River sin pensar en la camiseta. El equipo quedó así: Carrizo o Gatti; Tarantini, Perfumo, Passarella, Marzolini; Babington, Rattín, Alonso; Houseman, Maradona, Bochini. Al banco, Jota Jota López, Merlo, Ermindo Onega y Francescoli. Un equipo de pura magia. Hay un aforismo bastante zonzo que dice que al fútbol se lo juega como se vive; en el caso de Spinetta y su equipo ideal se cumple: un equipo de puro juego, que no pararía de sacarle sonrisas a la gente.

Juan Stanisci

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