Cada 19 de abril se celebra el Día de la Bicicleta, en honor a un viaje que hizo el químico Albert Hofmann luego de descubrir el LSD. Hay más vínculos entre deporte y alucinógenos: Phil Jackson, Mike Tyson o un ritual para que Perú vaya al mundial. Escribe Juan Stanisci.

El 19 de abril de 1943 el químico Albert Hofmann entró a los laboratorios Sandoz, en Basilea, y cambió el mundo. Tres días antes, mientras intentaba aislar un componente del hongo cornezuelo, empezó a sentir mareos. Como no podía continuar la investigación, volvió a su casa. Sentado en un sillón, el mareo se incrementó. Cerraba los ojos y, entre los giros que daba su cerebro, aparecían dibujos y colores. Mientras maniobraba con el hongo, una sustancia se había adherido a sus dedos y, al parecer, le había hecho efecto a través de la piel: la dietilamida del ácido lisérgico. Más conocida como LSD.

Lo que empezó como un experimento terminó en una reivindicación de la práctica deportiva: El Día Mundial de la Bicicleta. Hoffman había resuelto volver a probar el componente aislado del hongo, pero esta vez teniendo una libreta para anotar sus sensaciones. Agarró  un vaso con agua y le agregó doscientos cincuenta microgramos de la sustancia. Cuarenta minutos después tomó la libreta y anotó: “Comienzan los efectos. Ligero mareo, sensación de ansiedad, alucinaciones visuales, síntomas de parálisis, deseo de reír”. Fue lo único que pudo dejar asentado.

Hoffman le había advertido a su ayudante sobre el experimento. Cuando quiso pedir ayuda descubrió que le costaba articular palabras. El ayudante creyó que lo mejor era devolver a Hoffman a su casa. Cada uno agarró su bicicleta y emprendieron el retorno. “Tuve la sensación de no poder moverme”, escribió Hoffman tiempo después. Luego su asistente le contaría que, no solo se movían, sino que lo hacían a gran velocidad. El viaje de Hoffman en bicicleta dentro del viaje de Hoffman de LSD quedó inmortalizado en que, todos los 19 de abril, se celebre Día Mundial de la Bicicleta.

Al llegar a su casa llamó a un médico. Se sentía morir. Podía palpar “la desintegración del mundo exterior y la disolución de mi ego”. El doctor le dijo que, salvo por las pupilas dilatadas, todo estaba en orden. Luego de algunas horas de incomprensión, lo invadió la serenidad. Los colores cobraron vida. Salió al jardín. Acababa de llover. “Parecía como si el mundo estuviese recién creado”.

Hoffman pensó su descubrimiento como una herramienta para utilizar psiquiátricamente. A finales de la década del cincuenta, el gobierno de Estados Unidos autorizó las pruebas con drogas alucinógenas en diferentes voluntarios. Uno de ellos se llamaba Ken Kesey. Él fue uno de los responsables de que el LSD saliera del ámbito de la experimentación química y medicinal. Lograba sacar algunas dosis de Menlo Park, el lugar donde se hacían los experimentos, para probar las drogas de manera privada. Sobre esta experiencia Kesey escribió el libro Alguien voló sobre el nido del cuco, que después fue llevada al cine y protagonizada por Jack Nicholson.

Para finales de la década del 60 el LSD era uno de los componentes fundamentales de la cultura hippie. Diferentes comunidades se reunían en torno al uso de drogas alucinógenas para buscarse espiritualmente. Ya en los setenta, quien se acercó a estas comunidades mientras cursaba su segundo año en la universidad fue Phil Jackson. El ex basquetbolista y coach de la NBA, viajó a Malibú, en el estado de California, y entró en contacto con diferentes sustancias psicotrópicas que luego forjarían parte de su mirada para con el deporte.

Jackson fue uno de los tantos que encontró en el LSD la puerta de entrada a sustancias relacionadas con culturas milenarias. Empezó a relacionarse con aborígenes estadounidenses y estudiar el Zen. Toda la práctica deportiva pasó a formar parte de una búsqueda integral de su propia espiritualidad: “El anillo de campeonato (como se conoce al trofeo para el ganador de la NBA) simboliza el estatus y el poder. A nivel psicológico, el anillo representa algo muy profundo: la búsqueda de la identidad en pos de la armonía, la interrelación y la integridad”, escribió en su libro Once anillos.

En 2011 Phil Jackson se retiro de la dirección técnica. Luego de eliminar a Los Angeles Lakers¸ el equipo dirigido por Jackson, Rick Carlisle, por entonces coach de Dallas, ironizó sobre su retiro: “Creo que se va a retirar por un rato, pero no se por cuánto tiempo podés irte a Montana a meditar y fumar peyote”. Cuando le comentaron a Jackson en la conferencia de prensa sobre los dichos de Carlisle, sonrió y dijo: “Antes que nada, el peyote no se fuma”.

El peyote es un cactus que crece los desiertos del norte de México y el suroeste de Estados Unidos. Es famoso por su aparición en dos libros: Las enseñanzas de Don Juan¸ de Carlos Castaneda y Las puertas de la percepción, de Aldous Huxley. Esta sustancia suele ser utilizada en rituales de pueblos originarios. Uno de estos grupos son los Huicholes. Una comunidad que habita en México y que, desde 2015, realiza cascos de NFL (fútbol americano) inspirándose en el peyote. “Con los cascos comenzamos gracias a que un cliente nos pidió decorar uno con los colores de los Miami Dolphins” contó Juan Carlos Adame, dueño de Artesadelia.

La marca no es solo una apropiación cultural capitalista, también funciona como difusión de las artesanías y la cultura Huichol. Y, a partir de esto, borrar algunos de los prejuicios que existen sobre el consumo de peyote. Los dibujos nacen del consumo del cactus. “Cuando consumimos la planta nosotros vemos cosas y figuras relacionadas con nuestra cultura, por ejemplo, el maíz o el sol. Después de tener esas imágenes es cuando comenzamos a plasmar todo lo que vemos en los cascos”, explicó Juvenal Raza, integrante de la comunidad Huichol y artesano de Artesadelia.

En México el peyote solo es legal para uso ritual en la comunidad Huichol. Algo similar sucede con la Ayahuasca en Perú. El uso recreativo de estas plantas pone en jaque su función cultural dentro de las comunidades de los pueblos originarios. Ricardo Amaringo es un chamán peruano de la etnia Shipibo-Konibo. Dirige, junto con un médico y una artista, un centro de sanación espiritual a través de la ayahuasca. Además es el presidente del Club Deportivo Nihue Rao. Este equipo disputó en 2021 la Copa de Perú. Fue, sin dudas, el primer equipo vinculado a las sustancias alucinógenas en participar de una competencia oficial.

No es el único vínculo entre fútbol y ayahuasca en Perú. En marzo de este año, cuando se estaba por jugar la última fecha de las eliminatorias sudamericanas, un grupo de chamanes quiso ayudar a su selección. Antes del partido con Paraguay, en el cual Perú necesitaba un triunfo para acceder al repechaje para Qatar 2022, realizaron un ritual dentro del Estadio Nacional de Lima. Mientras la selección dirigida por Ricardo Gareca entrenaba, un grupo de chamanes ingresó al estadio con espadas, camisetas y una foto de cada equipo. Luego de la ceremonia, Walter Alarcón, el presidente de la Organización de Chamanes del Perú declaró: “previa toma de ayahuasca, nosotros hemos visualizado el triunfo de la selección peruana. Se ve la alegría del pueblo peruano”. No contento con eso, también afirmó que Perú ganaría el repechaje e ingresaría al mundial. A Paraguay ya le ganaron, resta saber si la visión de los chamanes será completa.

Los orígenes y usos de los alucinógenos varían según las comunidades. Además de las plantas, existen animales que producen esta clase de efecto. Uno de ellos es el veneno que emana el sapo de Sonora o Bufo alvarius. Y es utilizado por Mike Tyson. “Me ha hecho más creativo y me ayuda a concentrarme. Estoy más presente como empresario y emprendedor. Si me conociste en 1989, conocías a otra persona”, explicó el ex boxeador. Tyson busca financiar el desarrollo del uso medicinal de los alucinógenos. “Esta es mi medicina. No les digo a las personas lo que tienen que hacer. Solo cuento mi experiencia”.

Uno de los usos que investiga Wesana Health, la compañía en la que Tyson invierte, es para tratar daños cerebrales por la práctica de deportes de combate, como por ejemplo el boxeo. Para Tyson, los alucinógenos fueron fundamentales en el reordenamiento de su vida. “El oponente más duro al que me he enfrentado era yo mismo. Tenía baja autoestima. Las personas con grandes egos suelen tener baja autoestima. Usamos nuestro ego para subsidiar eso”, explicó Tyson. Aunque el ex boxeador es un gran lector, quizás no sepa que a algo similar se refirió Hoffman en aquella primera experiencia en 1943. El químico anotó que experimentó la disolución de su ego.

Las drogas, como se denomina vulgarmente a esta clase de sustancia, no suelen tener relación con el deporte. Cuando esto sucede se lo vincula con consumos problemáticos o casos de dopaje. Pero de la bicicleta de Albert Hofman hasta la sanación de Mike Tyson, existió y existe un largo recorrido donde deporte y alucinógenos van de la mano. Al fin y al cabo, Hofman, Tyson, Phil Jackson y Juvenal Raza, no buscaban cosas muy distintas.

Juan Stanisci
Twitter: @juanstanisci

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