Metegolentra de Fabián Polosecki

En tiempos de cuarentena, los especiales, partidos y documentales se nos van agotando. Juan Stanisci recomienda uno que se aleja de los flashes y la hiperprofesionalización. Y que sirve como excusa para hablar de un gran periodista de la década del 90: Fabián Polosecki.

¿Cómo arrancarían un programa de investigación periodística dedicado al fútbol? No a la historia del fútbol, sino al fútbol argentino. Quizá buscando a la figura del momento; tal vez alguna vieja gloria que hable sobre éxitos pasados y emocione a la audiencia; alguno creerá mejor que sea un periodista, esos que son considerados “especialistas” en el tema, quién abra una suerte de debate. Estas suelen ser, con alguna variante, las maneras en las cuales se inicia un especial sobre fútbol, de parte de un programa que no se suele dedicar a la gente que patea pelotas. No es el caso de Metegolentra, de Fabián Polosecki.

Para quiénes no lo conocen, Fabián Polosecki es un mito del periodismo argentino de la década del 90. Condujo dos programas emblemáticos: El otro lado y El visitante. En ambos se proponía indagar sobre cuestiones, a veces cotidianas otras no tanto, entrevistando a personas que no solían tener lugar en los medios de comunicación de la época: prostitutas, motorman de trenes, chanchos, pais umbanda, drag queens o boxeadores amateur. En algún punto era la exaltación de los antihéroes, la reivindicación de la gente común. Pero toda gran idea, necesita una gran ejecución. La clave de sus programas, pasaba por la calidad de las entrevistas: lograba que la gente cuente cosas de maneras a veces estremecedoras, como cuando el motorman del tren cuenta que se siente al atropellar un suicida en las vías; otras emocionantes; otras graciosas; y otras simplemente bizarras que pero que merecían la pena ser contadas.

Los programas se emitían por ATC, hoy la TV Pública. El otro lado recibió dos Martín Fierro consecutivos al mejor programa en 1993 y en 1994 y uno Polosecki uno como revelación en 1993.

Durante muchos años solo hubo dos o tres capítulos completos y algunos fragmentos de El otro lado o El visitante. Pero en el último tiempo, alguien entendió que nos estábamos perdiendo un pedazo fundamental de la  contracultura durante el menemismo y empezaron a subir los capítulos enteros. Así es como llegué a Metegolentra, el progama dedicado al fútbol.

Volviendo a la pregunta incial ¿Cómo empezaría Polosecki un programa dedicado al fútbol? Es probable que todas las opciones que crucen por la cabeza del lector o la lectora, estén mal. No arranca con un futbolista, ni con un exfutbolista, ni con un hincha, ni con un dirigente, ni con un periodista. Polosecki, metiendo la firma de la casa, arranca con un canchero. Más precisamente el canchero de Velez Sarsfield: Lelo García. El hombre llevaba décadas cuidando el pasto del Amalfitani, trabajo que también había realizado su padre. Además de contar los cuidados que el verde césped requiere, que no son los mismos que los de hoy, y cómo esta práctica fue cambiando con el correr de los años, Lelo le cuenta a Polosecki sobre sus peleas con Navarro Montoya por una práctica del arquero: marcar tres líneas en el arco, una por cada palo y una en el centro. También le habla sobre sus batallas contra distintas plagas, como el grillo topo o las palomas. La parte donde cuenta como espanta a las palomas, es excelente. Y emocionado, recuerda cuando en el Mundial 78, los militares decidieron levantar todo el césped del Amalfitani, porque durante un partido un jugador se había embarrado las medias cuando faltaban pocos minutos. “¿Usted estaba ese día?”, le pregunta Polosecki, “Yo estuve hasta que movieron un poco la tierra. Después me fui”, le responde todavía con dolor Lelo García.

Polosecki camina las calles, los antros y los suburbios de Buenos Aires como uno más. Al segundo entrevistado lo encuentra en una vieja fonda, tomando vino y fumando. Si decimos fútbol, suburbios y antros, todo nos remite a él: René Houseman. El flaco René termina el vino y se va con Polosecki a unas canchitas de Excursionistas a charlar tirados debajo de un arquito de fútbol cinco. No es la mejor imagen de Houseman. Es dolorosa, probablemente su momento más bajo. Pero vale la pena verlo para entender donde suelen terminar algunos cracks y por qué.

Después de René, Polosecki se va a ver un partido de inferiores. El entrevistado pasa a ser el padre de uno de los pibes. Juegan Racing contra Huracán. El padre trata de estar encima de su hijo, para que no le suceda lo mismo que con el más grande que tuvo que dejar porque no tenía nadie que lo lleve a los partidos. En el medio, hay penal para los pibes de Huracán. El arquero de Racing ataja el penal y los dos rebotes que se sucedieron.

De la ilusión de los pibes que juegan en las inferiores de un club grande, al desencanto de uno que llegó a la pensión con sueños de crack y se quedó eternamente ahí. Ruben Diz, cuenta que les pasa a todos aquellos a los que el club “no les hace contrato”. Esos pibes que suelen ser los grandes olvidados. Detrás de cada Messi, Agüero o Tévez, hay cientos de pibes que se quedan sin terminar el colegio, sin infancia y sin un futuro claro.

Y si hablamos de inferiores, pensiones y Racing, hay alguien que no puede faltar. Sin lugar a dudas, la mejor entrevista de todo el programa. La llave para entender el amor genuino por un club. Porque hay veces que los clubes se transforman en personas y las personas se transforman en el pasto dónde patean los futuros cracks. Tal es el caso de Tita Mattiusi. O simplemente Tita. Ella nació adentro de la cancha, en las tribunas de madera. Su madre era lavandera y su padre canchero. No se casó con nadie, o sí: “yo me casé con Racing”, dice como una monja académica. Recuerda, entre otras cosas, el viaje de regreso de Ezeiza al Cilindro, después de ser campeones del Mundo. Tita siguió viviendo en la cancha hasta 1999, cuando falleció sin poder volver a ver a su querido Racing campeón. Hoy en día, el predio donde entrenan las inferiores y que fue construido por socios voluntarios, lleva su nombre.

Hasta acá Polosecki habló con el que cuida el pasto, con un ex crack, con el padre de, quizás, un futuro crack, con el desencanto de un pibe que no llegó y con la madre de Racing, la historia viva del club. Si hay algo que no podía faltar en un programa sobre fútbol en la década del 90, es el hincha. Los 90 son el caldo donde se cocinó el aguante. Pero Polosecki no va en busca de cualquier hincha. En una vieja cafetería porteña, se encuentra con cinco integrantes de la barra de San Lorenzo, la Gloriosa Butteler, de la década los setenta y ochenta. Ya alejados de los paralanchas sus anécdotas son geniales.  Un viaje a corrientes en taxi para ver al ciclón, caballos pintados de azul y amarillo en un partido de visitante contra Rosario Central en cancha de Newell’s y uno de ellos que cuenta que para dejar de ir a ver San Lorenzo, se tuvo que ir a vivir a Brasil. Otra forma de ser hincha y otra forma de ser barras.

Les dejo el link del programa para que disfruten a Polosecki y El Otro Lado del fútbol argentino.

Juan Stanisci

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