Leopoldo Jacinto Luque, símbolo de una época

Este fin de semana se estrenó a través de Cinear el documental “Leopoldo Jacinto, vida de campeón” donde se narra la carrera del ex delantero de bigote y pelo largo. Escribe Juan Stanisci.

La foto va de mano en mano. Pasa por Mendoza, Santa Fé y Buenos Aires. La pregunta es siempre la misma: ¿Quién es este señor? La respuesta, en cambio, va variando: Que no sé; que Kempes; que Houseman; y hasta algún irresponsable se animó a decir Maradona. La primera respuesta correcta la da un hombre de bigote, canoso e incipiente calvicie: “Leopoldo Luque” dice. El acierto no es inocente, quién responde es el propio Luque.

El documental “Leopoldo Jacinto, vida de campeón” dirigido por Matías Ricciardi fue estrenado este fin de semana a través del canal de televisión destinado a promover las producciones del Incaa, Cine Ar. 

Luque es quien lleva las riendas de la narración. Él va contando su niñez, las inferiores en Unión, los préstamos a equipos norteños (Gimnasia de Jujuy y Central Norte de Salta), las vueltas a la ciudad, los rechazos en el Tatengue, la llegada del Toto Lorenzo, River y el Mundial 78. El relato se va mezclando con imágenes del propio Luque en los estadios de Unión, Sportivo Guadalupe, Atenas de Santo Tomé, Rosario Central y River Plate. También desfilan por delante de la cámara Mario Alberto Kempes, Ubaldo Matildo Fillol, Daniel Killer, su maestra de primaria, su hermana o Ernie Brandts el holandés encargado de marcarlo en la final del mundial 78.

Rescatar a Luque del olvido se vuelve necesario, no solo porque es una de las figuras del primer mundial ganado por nuestra selección, sino porque es traer al presente a toda una época: aquella de los pelos largos y bigotes anchos. La imagen de Leopoldo Jacinto sirve para recordar a esos grandes jugadores, alejados del hiper profesionalismo, que eran capaces de jugar igual en el equipo de su pueblo, en River o una final de un mundial. La camada de jugadores que hoy en día pasean por la calle sin ser reconocidos por las mayorías o atienden un comercio, pero en su repisa descansa una medalla dorada que dice campeón del mundo.

Su carrera no fue fácil. En Unión no tenía lugar y fue enviado a préstamo a Gimnasia de Jujuy donde salió campeón tras ganar el clásico contra Altos Hornos Zapla en la final marcando tres goles. Volvió a Santa Fé pero le comunicaron que nuevamente no sería tenido en cuenta. Su técnico en el lobo jujeño se había ido a Central Córdoba de Salta y le dijo que se fuera con él. Regresó al año a Santa Fe pero el técnico del momento le dijo: “pibe dejá de perder el tiempo vos y hacernos perder el tiempo a nosotros. Estudiá o buscate un laburo”. Años más tarde, ese técnico le pediría que deje de nombrarlo en las entrevistas porque lo hacía quedar mal. Ahí decidió jugar en Atenas de Santo Tomé un club que disputaba la liga santafecina. Tuvo un breve paso por Rosario Central donde hizo tres goles en cuatro partidos, pero que no alcanzó para que hicieran uso de la opción. Ahí volvió a Unión donde empezó a tener rodaje hasta su explosión con la llegada del Toto Lorenzo.

Quizás la mayor falencia del documental es no centrarse en lo desconocido de Luque. Esto sería sus pasos por el norte argentino. Tampoco se mete demasiado con la gran campaña de Unión en el metropolitano de 1975 donde finalizó cuarto, su mejor posición hasta ese momento, dirigido por Juan Carlos Lorenzo y con jugadores como Hugo Orlando Gatti, El “Chapa” Suñé o Ernesto Mastrángelo.

Esa campaña le sirvió a Luque para mostrar todo su potencial, aparecer en El Gráfico y empezar a sonar en varios clubes grandes. Antes de irse a la capital, el Toto Lorenzo le dijo: “si usted se cuida con las comidas como un profesional, puede jugar en cualquier grande y quien le dice, llegar a la selección.” La disputa por el gran goleador santafecino la terminó ganando River. Su debut en el club de Núñez fue soñado: gol a Boca para ganar en La Bombonera tres días después de su primer entrenamiento.

Sus actuaciones en River lo hicieron llegar a la selección de Menotti. En su primera práctica El Flaco le dijo: “usted tiene tres o cuatro cosas que son fundamentales para el equipo que pienso. No se vaya a pensar que  esJohan Cruyff ese tiene como quince cosas. Pero usted tiene tres o cuatro que son muy importantes.” Fue parte de la gira que salió del país en democracia y volvió en la más sangrienta de las dictaduras. Dictadura que no solo les arrebataría la vida a treinta mil personas, instauraría el neoliberalismo y llevó al país a una guerra imposible, sino que también dejaría para siempre un manto de sospechas sobre los primeros campeones del mundo argentinos.

El documental rescata la importancia de Luque en ese mundial. No solo dentro de la cancha. Cuando la selección argentina partió de la concentración rumbo al estadio Monumental para jugar frente a Hungría, Leopoldo Jacinto viajaba en el estribo, charlando con el chofer. La marcha del micro era lenta por la cantidad de gente que se acercaba a darles aliento a los jugadores. Luque fue el primero en ver a una anciana con una gran imagen de la virgen de lujan y un lazo celeste y blanco, aunque la vieron todos. Argentina ganó 2 a 1 ese partido.

En la segunda fecha se venía la Francia de Platini, Six y Tigana que había perdido con Italia en el primer encuentro. El micro volvió a salir de la concentración y las calles volvieron a estar llenas de gente saludando a la selección. En el mismo lugar estaba la señora sosteniendo el mismo cartel. Por alguna extraña razón, eso los tranquilizó. Si bien Argentina arrancó ganando con un gol de Passarella de penal, el partido se hizo cuesta arriba y Francia empató. Las chances de gol eran todas del equipo galo. De perder ese partido la selección tendría que ir a ganarle a Italia. A falta de quince minutos, Luque bajó una pelota en la medialuna del área, la dejó picar y sacó una volea que se clavó contra el palo derecho del arquero francés. Cuando faltaba poco para el pitazo final, Luque recibió un lateral por la banda y la tiró larga. Se escapaba pero el defensor francés le puso el cuerpo. Intentó levantarse a la carrera, pero cayó con todo su peso sobre el brazo derecho, este no aguantó y se le salió de lugar. La cara de dolor de Luque puede verse en videos. Tenía que salir pero Argentina no tenía más cambios. Lo estaban llevando al vestuario cuando decidió regresar porque temía que su familia se preocupara al verlo salir y no volver. Evidentemente si alguien tiene una lesión en el brazo en un mundial y juega para Argentina, es buen augurio.

Esa noche Luque tuvo que ser ayudado por Jorge Olguín para ponerse el pijama porque su brazo derecho estaba inutilizable. A la mañana siguiente su familia llegó de sorpresa a la concentración. “Se mató Cacho” le dijo su padre poniéndole la mano en el hombro “no te lo quisimos decir antes del partido porque no había nada que hacer”. Cacho era su hermano mayor, había tenido un accidente automovilístico cuando viajaba a Buenos Aires para ver el partido contra Francia. Luque volvió a Santa Fe con el brazo destrozado. Pensaba quedarse con su familia. Esa tarde Argentina jugaba contra Italia. Se sentó a ver el partido y no pudo creer lo que vio. El minuto de silencio se rompió mientras el estadio entero coreaba su nombre. “Mira como te quieren, tenés que volver” le dijo su madre.

Volvió a entrenarse con sus compañeros. Se perdió el partido con Polonia, el de los dos goles de Kempes. Sí jugó en la segunda fecha contra Brasil, donde estaban Rivelino, Zico y Cerezo. Los brasileños lo agarraban del brazo, lo empujaban para que cayera al piso. Luque aguantó todo el partido. Con el empate cero a cero, Argentina tenía que hacerle más de tres goles a Perú en la última fecha. Con dos goles de Luque Argentina ganó seis a cero y se clasificó a su primera final en cuarenta y ocho años. Es importante remarcar que, tanto Luque como Kempes y Fillol repiten varias veces que nadie creía en ese equipo, salvo ellos mismos.

La final volvería a mostrar a un Luque golpeado hasta terminar con la camiseta bañada en sangre. A los treinta y ocho minutos Kempes hizo el primer gol. Cuando la copa estaba a ocho minutos de distancia, Dick Nanninga empató el partido. Sobre el cierre un palo milagroso salvó a la selección de perder el partido tras un remate de Rensenbrink. Se venía el tiempo suplementario, de no haber un ganador, la copa se definiría en otro partido ya que todavía no existían los penales. Los jugadores se reprochaban el empate cuando Menotti les dijo “dense vuelta.” Al girar vieron a todos los holandeses tirados en el piso buscando aire. Con otro gol de Kempes y uno de Bertoni, Argentina se coronó campeona por primera vez. Algún día tomaremos verdadera noción de que esa selección fue campeona enfrentando a: Hungría, Francia, Italia, Polonia (gran potencia de la época con el pelado Lato), Brasil y Holanda.

Después del mundial se lo quiso llevar el Barcelona pero River no lo vendió. Al año quedó libre. Tenía una propuesta de México pero prefirió irse primero a Unión para que lo vendan y así dejarle unos pesos al club. Volvió al país para jugar en Racing. De ahí se fue al Santos donde de vez en cuando aparecía por las prácticas un tal Pelé y se dio el gusto de jugar algunos picados con él. Al año Pancho Sá agarró Boca Unidos de Corrientes como técnico y ahí fue Luque a darle una mano. Lo mismo haría la temporada siguiente yendo a Chacarita dónde pondría punto final a su carrera tras salvarlo del descenso.

La foto vuelve a pasar de mano en mano. Otra vez Mendoza, Santa Fe y Buenos Aires. Esta vez la respuesta que sale de las bocas es la misma: Leopoldo Jacinto Luque. El hombre de bigote y pelo largo tiene su merecido homenaje y con él, toda una época del fútbol argentino.

Juan Stanisci

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