Nole’s igual

A partir del tratamiento que le dieron los medios al caso de coronavirus de Novak Djokovic, repasamos como se reproducen las noticias cuando hay otras figuras involucradas. Una historia de santos y demonios que nos ayuda a pensar el periodismo argentino. Escribe Constanza Lacambra.

¿Qué pasó?
Hace pocos días, todos los medios periodísticos se hacían eco del contagio en cadena producido en el Adria Tour, un torneo de tenis con fines solidarios organizado y convocado por Novak Djokovic y su fundación. La competencia se llevó a cabo en la región de los balcanes, cuatro países: Croacia, Serbia, Bosnia y Herzegovina, y Montenegro. Quienes estén leyendo esta nota, seguramente notarán que en el contexto del covid-19 ya no es una idea tan alentadora que un certamen se realice en cuatro países en el plazo de una semana, pero lxs organizadores no pensaron igual. Novak Djokovic no pensó igual.


El día que salieron las entradas a la venta, en solo siete minutos se vendieron mil, que era la capacidad permitida en cada estadio respetando el distanciamiento social, y las medidas de seguridad preventivas. El primer partido, se disputó el 12 de junio, y acudieron alrededor de cuatro mil personas, algo más que la capacidad permitida de espectadores, pero aún el Adria Tour no era noticia más que por ser una generosa iniciativa.

Previo a la inauguración del certamen, lxs tenistas se encontraron para jugar un picadito, posaron en la clásica postal que antecede el encuentro (un rito que muchos equipos profesionales de fútbol no pueden hacer en este contexto) y no desperdiciaron oportunidad para abrazarse y chocar las manos. La etapa 1, Belgrado, culminó con un recital donde se observa a lxs deportistas celebrar sin mediar distancia social.



El 18 de junio comienza la etapa 2, en Zadar, Croacia, el abandono de las medidas preventivas fue total, se estima que un 80% de la afición asistió sin mascarilla, no pasaron por ningún protocolo sanitizante antes de ingresar al estadio, y las butacas no respetaban las distancia mínima entre lxs espectadores. Al día siguiente los jugadores se encontraron para jugar un partido de básquet, muy celebrado en la redes sociales de los canales deportivos.

Dos días más tarde Dimitrov, regresó a Monte Carlo, y presentó síntomas. Le realizaron el test y en sólo 24 horas le dieron el resultado positivo de Covid 19. El domingo 21, se encendieron todas las alarmas. La final entre Djokovic y Rublev se suspendió, y empezó la catarata de hisopados. Previo a obtener los resultados, los distintos deportistas, y en particular Nole, justificaron su alto grado de exposición por “la causa noble”. Los test de Zverev, Cilic, Rublev dieron negativos. Mientras que Grigor Dimitrov, Borna Coric, Viktor Troicki y Novak Djokovic dieron positivo.

Ah! Pero en Argentina
La noticia no ocupa solo a los programas deportivos, sino que, a todos los medios periodísticos de nuestro país. La presentación de la noticia no escatimó en justificaciones, y en resaltar  que el descuido era probablemente el recital, por supuesto, el interés sanitario puesto sobre los deportistas y no sobre el público. Aquí no haré periodismo de periodistas, pero sí voy a detenerme en la, nada casual, insistente defensa de las buenas intenciones de Novak.

No voy a juzgar el fin de la causa, no es lo que debemos hacer las periodistas, pero si quiero señalar que el periodismo que suele ser juez y parte sobre la vida de lxs referentes deportivos, elige cuidadosamente que construcción hacer sobre cada unx de ellxs.

Mientras escuchaba/leía la enunciación de la noticia, comencé a preguntarme qué pasaría si Nole fuera a Messi, o aún más desconcertante, si fuera Maradona. Hay un componente clasista en la forma de responsabilizar al referente, no me animo a caer en el simplismo de que un deporte es más popular que el otro, o que las condiciones de acceso a dicho deporte modifican sustancialmente “los permitidos” de sus referentes.


Hasta Maradona, el periodismo siempre se desmarcó, cuando subrayamos que se le cae con todo el peso de su historia, y la que él no ha escrito también. El lugar donde nació, la devoción por sus viejos, la relación con sus hermanxs, las peleas con sus hermanxs, Claudia, Dalma y Yanina, su incapacidad de paternar, o su intención de no hacerlo, lxs hijxs no reconocidxs, las imposiciones, los caprichos, las relaciones tóxicas con su entorno. Siempre planteadas desde la dualidad de la justificación y el ataque, y un discurso peligroso: “Está mal porque es un referente”.


Muchas veces escuché una frase que siempre me incomodó “Es el mejor futbolista de la historia, pero no es el mejor deportista de ella”, cuando era chica, mucho menos que una adolescente, inocentemente esperaba que después de esa frase mencionaran al mejor deportista, porque podía pasar, que fuera de otro deporte, un medallista olímpico, un boxeador, un corredor de F1, un ajedrecista. La frase terminaba ahí, con todo el peso de un punto cargado de prejuicios, e ideales que nadie es capaz de reunir, pero todxs somos capaces de exigir.

Corría el año 2005, Diego cursaba su quinto año de rehabilitación en Cuba, y las noticias sobre su salud no pasaban por los segmentos deportivos, sino por los de espectáculos. Nuestros sueños se habían retirado con él, y si quedaba un poco de esperanza, la estocada final la recibimos en Oriente con el llanto desgarrador de los jugadores, y la máquina periodística encendida para destrozar al Loco Bielsa. Ese mismo año, en agosto, entró por una ventana, como el Sol, Lionel Andrés Messi para debutar en la selección mayor. Todo parecía encontrar su lugar en la historia, argentina nuevamente le regalaba un crack al mundo, y las comparaciones no tardaron en llegar. Dicen que Messi corre con la desventaja de nacer después de Maradona, yo prefiero decir que solo Messi escuchó a Maradona decirle que él es el mejor.

Una aclaración: voy a decir sobre análisis en reemplazo de mala leche.

Aquí vamos de nuevo, distintxs periodistas logran a través de su sobre analisis, transformar un acto de amor inigualable en el mundo deportivo, que es elegir que nación vas a representar, en un hecho sorpresivamente negativo. Acá pasaba algo raro, Messi hacia las cosas mal, pero no hacía nada mal. Un territorio absolutamente desconocido para lxs periodistas: los fracasos futbolísticos de Lio, se reducían a eso: fracasos deportivos.

Pasaron muchos años, mundiales, eliminatorias y ediciones de la Copa América, hasta que cierto periodismo monopólico pudo caerle con todo el peso de la ley, descubrían en las finanzas de Lio, una fuerte evasión fiscal en las cuentas administradas por su padre, escándalo. En el medio tuvieron que conformarse con algunas construcciones de sentido para nada impulsadas intencionalmente: Notienecaracter/noquierejugarenlaseleccion/nocantaelhimno/lepidealbarcelonaquenolodejevenir/noseentiendeconpekerman/estainhibidopormaradona/preferiaapekerman/sellevamalconsabella/preferiaamaradona/ledirijelaseleccionamartino/preferiaasabella/notienecaracterdecapitan/tienequeserelcapitan/noquiereserelcapitan/notienecualidadesparasercapitan/sinoquierejugarquenovenga/messirenuncióalaseleccion/messitienequevolveralaseleccion/amessinoleinteresaelmundial/messinuncavaasermejorquemaradona.
Messi cada dos años no quiere renovar con el Barcelona, cada dos años se pelea con la AFA, cada dos años quiere retirarse, cada dos años quiere dejar la selección, cada dos años se separa de Antonella.  Messi, así y todo, es proclamado por sus desertores y críticos, el mejor deportista de la historia, pero no es mejor que Maradona. Es un ciclo de maltrato y desprestigio que funciona en ambos sentidos, y no es casual.

Entiendo que muchxs lectores comprenden de lo que estoy hablando, pero nunca está de más recopilarlo, analizarlo y visibilizarlo. El tratamiento que recibió la competencia propuesta y diseñada por Novak Djokovic, jamás se sometió al análisis de perspicaces intenciones. Nole es un ferviente defensor del movimiento antivacuna, se manifestó en contra de las “medidas extremas” tomadas por la pandemia, más de una vez y en sus redes sociales. Nole no es menos referente que ningún otro, es blanco, es rico, es tenista y sobre todo, no es argentino.

Constanza Lacambra

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