Dientes de cordero (parte 2)

En el día del cumpleaños de Marcelo Bielsa, Lucas Jiménez nos lleva de viaje al 2002. El país, el mundial, llueven centros, faltan goles. Revisionismo de la eliminación en primera ronda. Las ilusiones generadas, la decepción y una realidad muy dolorosa.

Despertar de un sueño

“La selección fue superior a Suecia pero fue inferior a sí misma”, lanza Gonzalo Bonadeo en la madrugada de TyC Sports. Argentina acaba de empatar 1 a 1 y quedó afuera del mundial en la primera ronda. Los cambios de último momento para maquillar un equipo gastado no alcanzaron. Afuera Placente, Simeone, Verón y el Kily González. Adentro Chamot, Almeyda, Aimar y el Piojo López.

“No llegamos plenos físicamente porque el jugador argentino es muy agradecido con el club que lo contrata. Ese año los brasileños se bajaron 1 o 2 meses antes. Por ejemplo Rivaldo 2 meses y medio antes del mundial acusó un dolor de tendón. Ronaldo se estaba recuperando de la rodilla. Los nuestros que nos daban el plus de ventaja llegaron castigados. Los tipos que te hacen ganar los partidos no llegaron bien”, reconoció Pablo Cavallero en una entrevista en Arroban hace algunos años. En la misma línea fue Ayala en ESPN: “No hubo frescura en jugadores importantes. Todo el mundo llegó justo en lo físico. El profe lo que hizo es mantener con lo que llegamos, mejorarlo era imposible. Necesitas un mes de trabajo”.

Los nombres no nombrados son 2: Verón y Batistuta. Eran los jugadores de elite que tenía la selección de mitad de cancha en adelante. El primero duró un partido y medio de titular. El segundo jugó los tres. Siempre salió reemplazado por Crespo que había sido el goleador de las Eliminatorias (junto al ecuatoriano Agustín Delgado). El Bati solo había estado 5 partidos de la clasificatoria por sus lesiones. 

Crespo era el delantero del momento en 2002, lo quería el Barcelona pero se lo llevaría el Inter. Batistuta no llegaba bien al mundial. En su primera temporada Roma, la 2000/01, había metido 21 goles, pero entre julio de 2001 y diciembre de 2002 solo convirtió 12. Seis meses después de Corea Japón era criticado en Roma y lo cedieron al Inter. Ahí pudo haber jugado con Crespo pero justamente lo llevaron porque Hernán Jorge iba a estar un par de meses afuera por lesión. No compartieron cancha ni un minuto en el Neroazurro. Al finalizar la temporada y a un año del mundial 2002 Crespo pasó al Chelsea y Batistuta se fue a retirarse a Al-Arabi de Qatar.

En las prácticas previas al debut con Nigeria Bielsa probó a Hernán como titular lo que generó polémica en el periodismo por la posibilidad de que el goleador histórico de la selección vaya al banco. El 30 de mayo de 2002 el diario Olé lanzó la encuesta sobre quién de los dos 9 debía jugar o si deberían jugar juntos como solo habían hecho 10 minutos en un amistoso contra Holanda en 1999. El 58,5% votó a Batistuta, el 22,3% a Crespo y solo el 19,2%  eligió que jueguen los dos. Consumada la eliminación pasó a ser un error imperdonable sacar a uno para poner a otro. Mismo cambio que ya había hecho Passarella cuatro años antes en los octavos de final contra Inglaterra cuando el presente de Bati era otro (5 goles en 4 partidos). De hecho Crespo erra su penal en la definición. Pero las manos de Carlos Roa y la clasificación a cuartos mandó ese cambio al baúl de los recuerdos sin condena mediática.

“Yo lo hubiera sacado en el entretiempo a Batistuta”, afirma convencido Matías Martin en el debate televisivo post eliminación. El 9 iba a una marcha menos que la velocidad del equipo, que en el primer tiempo contra Suecia se pareció en parte al de las Eliminatorias. En algunas de las chances de gol argentino no sale ni en la foto. Sorín finalizó más jugadas que él. De hecho fue el mayor receptor de centros con 17, Bati quedó con 10 y Crespo con 9, con muchos menos minutos en cancha. Argentina tiró un promedio de 29 centros por partido, fue el recurso más utilizado para vulnerar el repliegue de los rivales. Hubo algunos pocos que fueron producto de desbordes bien construidos y muchos lanzados desde lejos, con el rival encima o con poca gente esperándolo.

En Italia 90 y Estados Unidos 94 la selección salió tercera de su grupo y pasó de ronda. En Rusia 2018 con 4 puntos salió segunda y también avanzó de fase. En 2002 los 4 puntos que le alcanzaron a Sudáfrica y Paraguay para clasificar no le sirvieron a la Argentina. Terminó siendo el equipo de toda la fase de grupos con mayor cantidad de córner a favor y tiros al arco. Números que quedan para la estadística. La ilusión generada aterrizó de golpe. La palabra fracaso ya circulaba por cadena nacional. 

Vieja cruz del sur

Son las 3 y media de la madrugada del 12 de junio del 2002. Confío en el equipo. Tapado y con la luz apagada pero confío. Me gusta el ingreso de Aimar. El gol es como una fruta que se desprende de las ramas que la sostienen pero no termina de caer. Siempre aparece una pierna sueca cerca de la línea que lo impide. El gol de tiro libre de Svensson es una hidrolavadora en la cara. La caída es posible. Quedan 31 minutos para revertirlo pero el equipo siente el golpe. Suecia tiene varias chances para liquidar el partido. Cavallero nos mantiene vivos. Agarra la pelota el Burro Ortega al borde del área, cruza la línea, se tira y le cobran el penal que no le cobraron 4 años antes. Patea y lo erra, Crespo (adelantado) mete el empate en el rebote.

Me levanto de la cama. Ya no importa el frío. Siento que el gol va a llegar como el futuro. Salto y los resortes de la cama chillan. Siguen los centros que pasan cada vez más lejos de las cabezas argentinas. El Piojo López patea al arco desde una posición imposible. Verón tarda en tirar un córner. Pide calma. Bielsa no puede con su cuerpo. Los suplentes están todos parados como si el equipo estaría por salir campeón mundial. Aimar hace un lateral, Verón tira una especie de centro, la pelota rebota en un sueco y se va al córner que nunca se tirará porque el árbitro pita el final.

Batistuta entra a abrazar a Crespo. Gallardo consuela a Aimar. Los jugadores lloran tirados en el piso. Dirán que las lágrimas continuaron en el vestuario, con el entrenador incluido. Trato de dormir pero no puedo. Consumo un par de horas de debate televisado y caigo dormido con la TV prendida sin darme cuenta.

Al mediodía voy al colegio. El profesor de geografía es futbolero. Alguna vez contó que en cancha de Boca en un penal le gritó “Mono, a la derecha” a Navarro Montoya, que le hizo caso y le dedico un “para vos gordo”, después de atajarlo. Chequeado.com no existía en esos años. Ve nuestras caras y alza la voz: “imagino que vieron el partido, antes de arrancar con la clase ¿alguien tiene algo para decir?”. Alguien critica a Bielsa por el cambio Crespo por Batistuta. Pido la palabra para marcar que la cosa era Crespo titular y Bati al banco. Mi compañero de banco salta en modo Samid: “usted no puede decir semejante barbaridad”. Discutimos, gritamos. El profesor frena el mini Estudio Fútbol que se generó. “Es un día muy triste, no nos peleemos entre nosotros que no solucionamos nada”, apaga el fuego antes de desplegar los mapas en el pizarrón.

Ollas que destellan en la noche azul

A dos días de la eliminación cumplí 14 años. Cayó de viernes. El jueves a las 12 mi mamá vino a mi pieza con una vela clavada en un alfajor Terrabusi. Era mi torta de cumpleaños. “Son tiempos difíciles Luki, mañana no hay festejo”, me dice con la voz entrecortada. “Lo sé pero es viernes algunos van a venir igual”, le contesto. “Está bien pero deciles que vengan después de comer”.

No invité a nadie pero algunos vinieron igual. Llegaron tipo 9. Le dije a mi mamá que yo me encargaba. Éramos 6 y tenía 6 salchichas. Cuando ya las había puesto a hervir me di cuenta que no había pan. Encontré 6 flautitas de los días que todavía teníamos chances de clasificar. Estaban más duras que un mosaico. Recurrí al truco de abrirlas antes de ponerlas en la tostadora para que aflojen un toque y un toque aflojaron. Les corté las migas con un cuchillo para que solo quede la parte crocante del pan. La que más zafaba. Armé una jarra de jugo con medio sobre para poder armar una segunda más tarde.

Hablamos del mundial sin nombrar a Argentina, como si fuera un familiar muerto. Uno decía que iba hinchar por Turquía, “¿lo vieron al pelado Hasan Sas?”. Yo pactaba mi fanatismo con Senegal (Hadji Diouf te amo todo el día). Madrugué para ver su partido de cuartos de final que perdió, obviamente. No era mi año. ¿Era el año de alguien en este país?

Prendimos la Play. Pusimos un mundial imaginario. De fondo sonaban los cds que alguien trajo recién comprados en los puestitos de la calle en Laprida. “Operación Damas Gratis” y “Solo le pido a dios” de Pibes Chorros. También sonó el último CD de Meta Guacha. Antes que se vaya le pedí al dueño si me lo prestaba unos días que me lo quería grabar en casete. El disco se llamaba “Ollas vacías”.

Lucas Jiménez

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